- Me tengo que ir K, están llamando. ¡Hora de repartir besos! ¡Kete, gracias por las tiritas!
Big Mama entró en la arena y se dirigió a las gradas. Levantó los brazos, esperando algún tipo de reacción. Nada. Desde que había tumbado al Joe anterior el público había enmudecido. Vaya panda de gilipollas.
Entonces empezó a ver como algunos de ellos señalaban algo a su espalda, con cara de sorpresa. Al girarse vió a su próximo contrincante acercase, y entendió su reacción. Después de todo, no es muy habitual ver minotauros, y menos tan correosos como el que se acercaba. Le faltaba un cuerno, tenía la cara marcada y por su expresión, no venía a hacer amigos, sino mas bien a enterrar enemigos. Al fin un reto.
- ¡Oye, muñeco! Espero que estés en forma, porque apenas he empezado a sudar -le gritó.
Miró de nuevo a las gradas, buscando a sus amigos. Allí estaban. Kete tenía la mirada entre ída y preocupada, mientras que K negaba lentamente con la cabeza.
Sonó la campana que indicaba el inicio del asalto. La gente empezó a gritar, animando a su favorito. Y no quedaba duda de que ese no era ella.
- Mierda, voy a demostraros lo que Big Mama puede hacer, y entonces aplaudiréis. Gilipollas. - dijo entre dientes.