miércoles, 8 de noviembre de 2017

(Lundasar) Anomander Drake

- ¡Drake! ¡Sargento! Rolo te está buscando.

Drake retiró la bandana que le cubría los ojos y abrió estos para ver la desgarbada figura del comandante a dos pasos de él con cara de pocos amigos.

- Comandante, estoy de permiso hasta...
- No me cuentes tu vida y mueve el culo. Está en su tienda.
- Sí comandante.

Anomander se irguió del suelo donde estaba recostado echando una siesta. Tenía un punto de resaca después de haber estado la noche anterior de bodega en bodega intentando camelarse, sin éxito, a una pueblerina que acababa de conocer. No estaba de buen humor, de hecho no recordaba cuándo había estado de buen humor por última vez. Comprobó que llevaba su bolsa de dinero consigo. Estando de permiso no necesitaba portar las armas, al menos no en el campamento. 

La tienda de Rolo se encontraba a unos escasos 200 pasos de donde estaba en estos momentos. Sopesó por un momento caminar una ruta más larga. No le apetecía pasar por mitad de las tiendas de los "ceros" de "Purgatorio". Más que nada por cómo olía. Pero su flojez se impuso y echó a andar en línea recta. A izquierda y derecha se amontonaban los desgraciados que habían ido a caer en el batallón de apestados que formaban la unidad. Anomander ignoró los sollozos y gemidos que provenían de las tiendas así como el hedor a hez y pis que emanaba entre ellas y en nada salió de aquel sector para encontrarse en el de los "Montañeses" al que pertenecía. La tienda del capitán Rolo estaba cerca del centro del sector, prácticamente adosada a la del líder de batallón. Entró sin más.

- Capitán, ¿me ha hecho llamar? ¿Recuerda que me dio el día libre?

Rolo se giró para encararse con Anomander. Tenía unos papeles en la mano y parecía algo nervioso.

- Sargento. Sí, a ambas. ¿Tú eras del Este, no? ¿Qué sabes de Isaha?
- Uhm... buenas putas, buen alcohol, la gente sabe jugar al Chakki y apuestan duro... pero poco más. Cuando dije que soy del Este no me refería al Este de Elloth, si no al Este del continente. Estuve en Isaha un año o puede que menos. Ese período lo tengo un poco borroso si le soy sincero.

Rolo pareció meditar por un instante sus siguientes palabras.

- Nos destinan a Isaha, parece que ha habido problemas en la zona.
- Ajá...
- Salimos mañana al amanecer, organiza tu grupo de combate.
- Dimito.
- ¿Cómo?
- Que me voy. Dimito. Esto es una compañía mercenaria, ¿no? Pues eso. Me largo. Fin. Un placer Rolo.

Anomander salió de la tienda tal y como entró: sin esperar permiso. Dando grandes zancadas se alejó hacia su barraca ignorando los gritos del capitán. No creía que Rolo fuese a hacer nada por evitar que se fuese. A fin de cuentas le debía casi 10 dragones de sus partidas de Chakki. Si desaparecía la deuda quedaría saldada, pero prefería poner tierra de por medio antes de que Elloth declarase una leva en el país y forzase el servicio militar. Mientras andaba sopesaba los acontecimientos de las últimas campanas. Sus escarceos con la joven de ayer habían sido infructuosos, pero alternar con los locales le había servido para anticipar la movilización de Isaha y sus opciones cuando esta llegase.

Lo que no me esperaba es que esta movilización llegase cuatro campanas más tarde de mi última cerveza. La cosa debe ser bastante más seria de lo que pensaba.

Llegó al barracón, se acercó a su arcón, cogió su petate y sus armas. Ni se molestó en despedirse de sus compañeros de unidad y sin mirar atrás salió del campamento calculando mentalmente cual era la ruta más corta hasta el puerto más cercano.

Con suerte en unos días llegaré a Melik y ahí ya veremos. Lo suyo es poner tierra de por medio, o más bien agua. ¿Ir a Isaha? ¿Estamos locos? Adios Elloth.

sábado, 4 de noviembre de 2017

(Lundasar) Resumen sesión 3

Durante un rato nada parece pasar en el exterior de la abandonada granja. Mientras los héroes hablan sobre el curso de acción a seguir, ven salir pequeñas columnas de humo del lateral del edificio. Al poco, las puertas se abren, y una pequeña multitud sale, dispersándose.

Fijándose, ven que aunque algunos de ellos llevan armas, ninguno parece ser distinguible a simple vista como bandido o rehén por su ropa. Un grupo menos numeroso se destaca del resto dirigiéndose al norte, en dirección al bosque.

Algunos de los héroes rompen las ventanas tapidas para auxiliar a las posibles personas atrapadas, mientras otros se dirigen a atender a los desconcertados rehenes de la entrada de la granja. Reconocen a muchos de ellos como habitantes de su pueblo de origen, Ámar.

El grupo rescatado, unos 20 cautivos, les cuenta que han estado trabajando en unas minas cercanas. Unos cuantos de ellos siguen allí. Los PJs les dan 15 raciones como provisiones y les aconsejan forrajear hasta el pueblo. Después de esto, nuestros intrépidos héroes deciden entonces dirigirse allí, rastreando al grupo que anteriormente se escapó.

Llegan finalmente a las faldas de la Montaña Quebrada, y distinguen una pequeña entrada a una cueva natural, a donde parece conducir el rastro. Kelbarn y Lisur se acercan para explorar la zona, pero no detectan a un vigía escondido, quien al verles se dirige al interior de la cueva. Lisur intenta atraparle, infructuosamente.

Entran en la gruta, encontrando a veces oposicion armada que resuelven, en general, sin problemas. Exploran innumerables grutas que se abren por todas partes, aunque la mayoría están vacías, o derrumbadas. En ocasiones se oyen temblores de tierra. En un momento dado, Eleonora hace notar que no parece una mina típica, al no haber soportes adecuados en las paredes, ni carretillas para llevar materiales.

En una de las grutas encuentran cautivo a Sorrock, el enano herrero del pueblo. Esta tuerto, y la herida esta infectada. Aún débil, hace un esfuerzo por contarle a Lisur la suerte de su padre: falleció en el asalto al pueblo, salvándole a el.

Eleonora le auxilia lo mejor que puede, limpiándole la herida, y el solo intenta salir de la mina por su propio pie, a duras penas.

Posteriormente, mientras continuan explorando, escuchan ruidos de pico contra piedra, que les conducen a un túnel donde se encuentran con un par de bandidos observando trabajar a dos esclavos. Estos están picando directamente una pared de ladrillo que ha aparecido al ir abriendo el túnel.

Derrotan a los matones, uno de los cuales tenía en su poder un mapa de la mina y un anillo para lacrar. El símbolo que lleva dibujado es una espada, de la que caen tres gotas.

Observando la pared de mampostería, ven que los rehenes ya habían empezado a soltar uno de los ladrillos, que puede ser facilmente retirado...

(Eperium) Historia de una moneda

-Entonces, tu preguntas con tu habitual galantería lagartoniana al mesonero acerca de ese tal Capitán Istrad... -comentaba medio distraída S...