lunes, 5 de febrero de 2018

(Lundasar) Resumen sesión 4

Los valerosos PJs terminan de retirar el ladrillo que quedaba suelto y entran a un pasillo oscuro y polvoriento.

Toman el camino a su derecha. De vez en cuando ven, situadas en los laterales del pasillo, unas extrañas estatuas de forma humanoide de entre dos-tres palmos de altura, hechas de un material similar al barro. Después de andar un rato llegan a una sala circular de gran tamaño.

En el centro de la sala hay un atril, vacío. Delante de el, sobre una columna baja, hay tres huecos vacíos, y uno ocupado, con un cristal sobresaliendo de el. Al pie de cada hueco, hay escritas unas runas desconocidas. Unos metros detrás del atril, alineadas en perpendicular, hay doce construcciones similares a féretros, ocupando prácticamente todo el ancho de la sala. Al fondo una hay una estatua de un guerrero enano de pie, apoyado en un hacha de gran tamaño. A su espalda, en la pared, unas líneas forman lo que parece el contorno de una puerta, aunque no hay ningún tipo de asidero a la vista en su lisa y uniforme superficie gris.

Nuestros intrépidos héroes inspeccionan la sala. Al acercarse Eleonora al cristal frente al atril, siente como si éste le invitara a acercarse y tocarlo, cosa que tras algunas dudas finalmente hace.

Nada más tocarlo la escena alrededor cambia:

"Las antorchas situadas en las paredes se iluminan con un fuego vivo, que da un tono anaranjado a la estancia. En el atril aparece un libro abierto, con unas runas indescifrables escritas en sus páginas. En los huecos bajo el atril hay cuatro cristales. La estatua no está. Se ve al fondo de la sala un enano, enfundado en armadura completa, con una pesada hacha de doble filo a su espalda. Tirando de un bloque de piedra, está cerrando lentamente el acceso a un pasillo. Hay otros cuatro enanos en el lado opuesto de la estancia, cerca de la entrada. Todos ellos tienen la piel pálida, y su estatura es un palmo superior a la media enana.

En un momento dado, después de que el enano del fondo cierre la puerta, uno de los cuatro de la entrada, el más anciano, se adelanta y habla a la portadora del cristal directamente, en un idioma que no reconoce. Señala a cada uno de los tres jóvenes enanos de su espalda, quienes la saludan inclinando lévemente la cabeza, y luego a los doce féretros. Parece hablar con tristeza al señalar a estas últimos. Habla un poco más, y finalmente se calla y se hace a un lado. Los tres enanos jóvenes cogen un cristal cada uno, y vuelven atrás. Entonces el anciano coge el libro, se inclina ante los doce féretros y tras unos segundos, se va. Con el, los enanos que cogieron los cristales.

Después de que se hayan ido, el enano que cerró la puerta del fondo agarra el hacha de su espalda, y apoyándose en ella, se queda de pie frente a la puerta, inmóvil.

La visión desaparece. Suavemente, la imagen del guerrero se convierte en la estatua, las antorchas se apagan y solo queda un pesado silencio que inunda la estancia."

Tras esto, el grupo de aventureros decide inspeccionar a fondo la sala, no consiguiendo encontrar nada provechoso en ella, ni consiguiendo abrir la puerta del fondo, ni ninguno de los supuestos féretros. Finalmente, deciden dejar la sala, volviendo por donde han venido. Eleonora guarda el cristal.

Llegan al punto de partida y toman el otro camino del pasillo, encontrando el camino bloqueado por un derrumbe. Las pequeñas estatuas humanoides están aquí en mayor número, en distintas posturas: cogiendo una piedra, agachadas, quietas en la pared, alguna semienterrada.

Vuelven a la mina, abren una habitación cerca que de la entrada que había quedado sin investigar, y descubren al resto de aldeanos (y algunos otros cautivos desconocidos) en ella.

Todos juntos, deciden volver al pueblo.

Por la tarde, a las pocas horas de iniciar el camino de vuelta, ven a lo lejos al primer grupo de aldeanos rescatados, quienes parecen estar siendo presionados por tres hombres armados. Tras un poco de conversación, descubren que sus poco honestas intenciones son quedarse con todo aquello que porten. Los PJs deciden no.

Se libra entonces una lucha de épicas proporciones, con Moa iniciándola mediante una audaz embestida. Los héroes luchan bien y con valor, pero finalmente son derrotados, en un duelo uno contra uno entre el último bandido, y una exhausta Eleonora.

Mientras tanto, los aldeanos han observado la escena sin atreverse a intervenir. Cuando alguno (padres, amigos, valientes) se ha atrevido a decir algo, el resto ha silenciado su propuesta, de manera activa o pasiva.

El bandido superviviente roba lo que considera valioso del grupo (dinero, armas y comida), y se va. Los aldeanos, ahora sí, prestan ayuda a los caídos, y les sanan las heridas.

Al poco, un extraño se acerca al grupo. Es un elfo enfundado en una negra armadura, que dice buscar al pardre de Kelbarn. Interrogado por éste sobre el porqué, dice tener un paquete para el, que no entregará a nadie más.

El reformado grupo acompaña a los aldeanos de nuevo a Ámar y continúan su camino hacia Sora. Una vez allí, investigan en la biblioteca de la ciudad sobre el lugar que han descubierto, pero salvo una leyenda que habla sobre la formación del mundo ubicada en la Montaña Quebrada, no encuentran mucho más.

Todos vuelven a sus rutinas diarias, o aquello más parecido que tengan.

Kelbarn quiere volver al encuentro de su padre, y pide un nuevo permiso para salir por este motivo, que le es concedido, con fecha efectiva para dentro de dos semanas.

Lisur abre el cofre que encontró en la casa de su padre, y encuentra una carta y una nota, además de unos viejos guantes de entrenamiento.

A los pocos días, Eleonora es llamada al despacho de Karya, su mentora. Un venerable miembro de la orden esta desaparecido, y se le pide ayuda para encontrarle...

Estamos a comienzos de diciembre, y las nieves cubren ya los caminos del norte.

(Eperium) Historia de una moneda

-Entonces, tu preguntas con tu habitual galantería lagartoniana al mesonero acerca de ese tal Capitán Istrad... -comentaba medio distraída S...