El Inicio siempre ha existido. Siempre existirá. El Inicio creó a los Creadores, y destruirá a los últimos dioses que queden cuando sea libre.
Al principio de los tiempos, sólo El Inicio existía. Una masa nebulosa e inabarcable de puro poder incontenible. En su interior, mareas y remolinos de energía se movían y giraban como si de un titánico mar se tratase. Con el tiempo, de esos movimientos surgieron pequeñas concentraciones con voluntad propia. Crecieron y tomaron consciencia de su entidad, y se llamaron a si mismos Creadores. Los Creadores disfrutaron durante un tiempo descubriendo los límites de su poder, explorando los confines del infinito universo, siempre a la sombra del Inicio. En algún momento, un Creador decidió construir un mundo, y dotarlo de seres animados que les entretuvieran. Todos los Creadores celebraron la idea, y aportaron sus propias ideas. Los Creadores, demasiado ensimismados en su creación, descuidaron su atención del Inicio, alejándose de El. Éste, notando la excesiva independencia de sus fragmentos, quiso destruirlos y reintegrarlos con su propio ser. Los Creadores se resistieron. La confrontación que siguió destruyó todo lo que hasta entonces existía, volviendo a dejar al universo sumiso en una nada obscura, vacía y fría, carente de vida. Para cuando todo terminó, El Inicio había sido encadenado y arrojado a un plano de existencia muerto, de donde nada podía surgir. El coste había sido alto. Varios Creadores habían dejado de existir, su esencia ahora dispersa, su entidad perdida. Con el tiempo, volvieron a crear mundos. Volvieron a poblarlos. Se volcaron en sus creaciones, pero esta vez tuvieron cuidado de no olvidarse del Inicio. Un guardián vigilaría permanentemente la entrada al plano de no-existencia donde estaba contenido. Sabían que no le retendrían por siempre allí, pero estarían preparados para cuando finalmente encontrara la forma de salir.