Fecha: diciembre, principios.
Lugar: Ámar (linde del bosque)
Los apuestos héroes se dirigen a su misión. Y los nuestros, también.
Antes de irse, la niña blanca se dirige a Moa, y le huele: "Te ha marcado, ¿lo sabes? Crees que le estas cazando, pero realmente él te está esperando. Cuando creas que estás preparado, adéntrate en lo profundo del bosque, y derrama tu sangre. El camino se abrirá para ti, y podrás bailar con él, metal contra colmillo, garra contra puño... ¡Buena suerte!".
Siguiendo el sendero que se abre ante ellos, llegan a lo que parece un antiguo y abandonado castillo en medio del bosque.
Empiezan a explorar las derruidas estancias, hasta que un sonido les llama la atención. Cerca de un edificio al noroeste del castillo ven a una figura fantasmal, con ropas de noble de otro tiempo, que solloza con tristeza.
Le siguen al interior de un pequeño mausoleo, donde desaparece. Descubren al fondo de la estancia, a los pies de una pequeña columna que en su tiempo debió de ser un altar, unas grandes y pesadas losas que con algo de esfuerzo pueden ser retiradas, revelando unas escaleras hacia el interior de la tierra.
Abajo se encuentran con una pequeña sala llena de nichos a ambos lados, conectada al fondo con otra estancia, mediante una puerta de hierro de doble hoja.
Anomander entreabre una de las pesadas hojas, y ve una sala con dos féretros de piedra a cada lado, y una figura sentada en un trono de piedra al fondo. Distingue su aspecto seco y cadavérico, como el de un cadáver momificado tiempo atrás. Está enfundada en una armadura femenina, y se ve un brillo azul en las cuencas de sus ojos.
Tras una serie de divertidas -o no- dudas, y dimes y diretes, se deciden a entrar.
Cuando entran, una ráfaga de húmedo aire helado les golpea, al tiempo que oyen una voz áspera que murmura unas palabras supurantes de rabia: "¡Ah, venís a acabar lo que empezásteis...! ¡Arriba, mis fieles caballeros! ¡Arriba, mis fieles sirvientes! ¡Volved a servir a quien así os lo ordena, pues el odio no cesa!".
Tras decir estas palabras la antigua señora de Pangue Lorn se levanta del trono, seguida de tres de sus cuatro caballeros, que apartan las losas que cubren sus sepulturas. En la sala de los nichos se escuchan ruidos dentro de estos, y súbitamente las lápidas que los cubren estallan, y empiezan a vomitar tierra y huesos. Al poco, de esos montones, figuras esqueléticas empiezan a cobrar no-vida.
Nuestros astutos héroes deciden llevar el combate a la reducida sala superior.
Se enfrentan a la antigua señora de Pangue Lorn y finalmente consiguen derrotarla, pero la victoria se ha cobrado un alto precio: Eleonora cae durante el combate a manos de uno de los reanimados caballeros.
Moa entrega el cuerpo de Eleonora a los niños del bosque cuando todo termina, mientras los demás bajan a catacumbas, olvidandose de ella. Los niños del bosque se extrañan, pero cogen el cadaver, y se lo llevan en silencio, dejando a Moa solo y reflexivo.
El resto de miembros del grupo, tras recoger todas las ganancias que pudieron de las catacumbas (que se derrumbaron mientras se encontraban en pleno proceso de recaudación), vuelven con los niños también.
La niña blanca les lleva a un claro donde está el padre de Kelbarn, dentro de un círculo de coloridas flores. Parece dormido, su respiracion es regular y calmada. Kelbarn entra en el círculo, e inmediatamente después cae dormido. Acto seguido, los niños del bosque desaparecen en la espesura entre risas, pero nada más pasa.
Le sacan del círculo tirando de él con una rama. Nada más salir, se despierta, aparentemente sin ningún problema. Retiran el cuerpo del padre del mismo modo (quien también despierta sin problemas, aunque notablemente más debilitado), y finalmente vuelven al pueblo.
Al llegar a Ámar, cuando las cosas se calman, aparece la tristeza por la muerte de Eleonora. Lisur se vuelve más taciturno aún por esto, ya que para él se rompe un vínculo especial con una buena persona, una buena amiga. El mundo le parece ahora un lugar mas inhóspito y cruel que antes.
Anomander entrega el paquete al padre de Kelbarn, quien se lo agradece intentándole dar a probar su vino especial importado del lejano reino de Hun, pero el guerrero elfo lo rechaza amablemente. En repetidas ocasiones. Incluso -inventándose- que su religion le prohíbe beber. Bad elve. Dentro de la bolsa, por cierto, solo había un libro de cuentos, un oso de peluche y una nota para el padre de Kelbarn, donde su amigo había escrito "Unos regalos por el cumpleaños de tu hijo".
Al día siguiente, se encuentran en la plaza del pueblo con un gnomo que lleva el distintivo del cuerpo de magos del ejército de Pramo, enviado por la teniente Osa. Se llama Hazelnut, y les informa de que la oficial está a punto de llegar al pueblo al mando de una unidad táctica, para una misión en la Montaña Quebrada. Va a pasar por el pueblo para aprovisionarse, y quiere hablar con Kelbarn antes de irse.
Cuando llega propone a Kelbarn acompañarla y extiende la invitación al resto del grupo. En caso contrario al menos Kelbarn debe reportarse en Sora para reincorporarse al servicio activo. La misión consiste en investigar las cuevas donde se produjeron los incidentes del secuestro de los habitantes de Ámar meses atrás, y establecer incluso un pequeño puesto avanzado para supervisar posibles ataques de bárbaros de las montañas del norte.
El grupo elige mediante votación a guantelete alzado ir con Osa.
Al llegar a las faldas de la Montaña Quebrada, el grupo descubre con sorpresa que un campamento del ejército de la República de Seguin ya está ocupando la entrada de la mina. Osa se dirige a hablar con ellos, y una mujer con una armadura y distintivo distintos al resto sale del campamento, flanqueada por una falange de hierro. Se presenta como Valath, cabeza de la presente sección. Osa y ella cruzan palabras duras, y Valath se niega a mover el campamento de sitio. Osa no tiene más remedio que retirarse, de momento.
El ejército de Pramo (¡y nuestros intrépidos héroes con ellos!) monta un campamento improvisado en el margen del bosque, frente a la entrada a la mina. Osa decide enviar un mensajero a Sora solicitando instrucciones.
Pasan un par de días aburridos, en los que los héroes se dedican a pasear bucólicamente por el bosque, o a bañarse en el lago cercano.
Entonces los héroes se dan cuenta de que lo que realmente les gusta es la hebanistería y comer nueces, y dejan la vida de aventuras a cambio de hacerse artesanos en el trabajado fino de esculturas con frutos secos en Sora. Fin.