domingo, 7 de mayo de 2017

La Olla y el Arpa

- Vamos, dame mis cinco, mi buen enano -dijo el bardo. Observaba a la pequeña banda subida al escenario tocar, mientras involuntariamente palmeaba su muslo siguiendo el ritmo-. ¡Qué musicalidad! Casi podría decir que me igualan en composición y ejecución. Casi.
- No solo te igualan -gruñó el enano, tirando con desdén unas monedas sobre la mesa-. Te superan.
- Dices eso porque estas enfadado. Como prácticamente siempre, por otra parte. Pero no pasa nada, te perdono -recibió un bufido por toda respuesta-. Se veía venir, en cualquier caso -añadió, al poco.
- Yo lo único que veía era a una borracha, a punto de recibir una paliza, y que posiblemente iba a necesitar ayuda.
- Y tus buenas intenciones son muy loables, maestro Solfi. Pero muchas veces miras, no ves. Como ahora mismo. Observa lo que pasa. Acaba de volver el amigo del parlanchín que lleva un rato hablando con nuestra observada. Y viene acompañado. ¿Qué te dice tu milenaria intuición de habitante de frías salas de piedra helada?
- ¿Qué quieres que me diga? Es obvio que quieren pedirle algún favor. Querrán contratarla para algún trabajo.
- Aciertas, pero no escuchas toda la canción. Vienen con una petición, si. Pero no quieren que ella ejecute un trabajo, sino que afine un arma.
- ¿Qué afine un arma? ¿Qué tonterías dices ahora...?
- El chico, siempre respetado Solfi, el chico. Quiere que ella le entrene.

Observaron como el joven se sentaba en la mesa de la mujer, quien hacía un rato había desistido de intentar dormir gracias a la insistencia del locuaz muchacho que la había acompañado hasta ese momento. En un momento dado el recién llegado simuló que se le caía la cerveza, aprovechando la distracción para intentar golpear a su interlocutora, quien esquivó el golpe sin mucha dificultad y, dos rápidos golpes mediante, dejó sin sentido al atacante en el suelo.

- ¿Una prueba? -preguntó el enano.
- Y creo que la ha pasado -respondió el semielfo afirmando con la cabeza.
- Pero si le ha dejado noqueado en el suelo.
- Mira su expresión -se echó hacia atrás en su asiento, suspirando-. Necesitamos gente así.
- ¿Como ella?
- Y como el. Y como ellos.
- ¿Ellos? ¡Son unos crios!
- Nada que el tiempo no cure, aunque es cierto que no disponemos de mucho. Potencial, amigo mio, potencial. Su canción acaba de empezar, pero se adivinan acordes de excelente naturaleza. Quien sabe si algún dia no podría yo mismo contar sus...
- Tu cerveza, Solstafir. Y tu vino caliente especiado, Nurald. Cerveza de la casa para mi, voy a probar -Taake fue dejando sobre la mesa las bebidas según las enumeraba-. La proxima ronda es tuya -dijo, apuntando al bardo-. ¿Me he perdido algo?
- ¡El comienzo de una gran historia! -dijo Nurald. Unos suspiros resignados fueron la única respuesta de sus compañeros.

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