miércoles, 6 de diciembre de 2017

(Lundasar) El desembarco

La travesía a través del Mare Tenebrosum se consideraba una de las más peligrosas conocidas. Las tormentas eran frecuentes y los monstruos marinos de imposibles dimensiones se avistaban ocasionalmente incluso desde puntos de la costa de Elloth. Sólo flotas de mercaderes custodiadas por navíos de guerra pesados hacían la ruta regularmente. El resto de los barcos, fuesen de pasajeros o mercancías, tomaban la larga ruta de las islas de Amaranth en el Sur del continente. Esta ruta alternativa no estaba exenta de peligro puesto que los piratas solían patrullar la zona. Por supuesto, era mejor enfrentarse a un bajel con unas pocas decenas de bucaneros con la costa a la vista que a un kraken en alta mar. Drake no tenia ninguna prisa por llegar pero si para irse así que en cuanto encontró un navío que aceptaba pasajeros en dirección a Amaranth se aseguró un pasaje.

El viaje duró casi dos meses hasta las costas de Seguin sin demasiados contratiempos. Suramko, la rica ciudad portuaria de la república en la que el navío buscaba atracar, bullía con actividad mercantil. Drake miraba desde la borda como los barcos eran descargados y cargados con febril acividad para luego moverse a un estacionamiento más permanente. Suponía que el coste de amarre en esa zona del puerto se medía en campanas, como se hacía en las ciudades de Eperium y Veliko en Elloth así que la premura era extremadamente valiosa. El buque en el que viajaba Anomander había descargado la mayor parte de su carga en las islas sureñas, así que no estarían demasiado tiempo amarrados en la zona comercial, Drake se fue al camarote a recoger su petate.


- ¿Te vas?
- Sí, hemos llegado.
- ¿Puedo ir contigo?
- Ya te he dicho que no.
- Pensé que igual cambiabas de idea.
- No.


Drake vaciló por un instante, como si quisiera decir algo más. Agarró su saco de viaje y salió del camarote. Una vez en cubierta pasó a despedirse del capitán y de su compañero de cartas, el grumete del barco. Descendió a tierra por primera vez en semanas.


Lo primero que le llamó la atención una vez en el dique fueron las miradas. A pesar de hallarse en un puerto de una ciudad relativamente grande, su corte marcial y raza parecían estar fuera de lugar. Decidió buscar una taberna en la que descansar, pasar desapercibido y poder darse un baño. Empezó a caminar hasta que notó que alguien le tiraba de la manga de la camisa y se giró para encarar al extraño. Anomander vio un enano un tanto contrahecho y de edad avanzada, portando un fardo a sus espaldas que le miraba con una sonrisa forzada.


- Disculpa, joven... Estoy buscando un mensajero que lleve un paquete a las tierras del norte. ¿Quizás estarías interesado? El pago…
- Aparta, viejo.


Drake giró la cabeza para ver a una humana joven y atractiva, enfundada en una ceñida cota de mallas, con el pelo largo negro recogido en una trenza a su espalda. Dos espadas de empuñaduras bien trabajadas sobresalían por detrás de sus hombros y un tatuaje de una cabeza de serpiente se veía asomar por el cuello.


- Se ve desde las montañas tribales que sabes cómo manejarte en una pelea, y justamente ese es el tipo de gente que estamos buscando. Firma en ese puesto de allí, y esta noche quizás tu y yo podamos contarnos algunas historias y ver quien ha partido mas narices...


Anomander miró a sus dos interlocutores entre divertido y sorprendido no muy seguro de lo que estaba pasando. No tenía ninguna esperanza de encontrar trabajo rápidamente en Suramko dado que no conocía el lugar, así que recibir dos ofertas en tan poco tiempo le parecía un inmenso golpe de suerte.


- Enano, aceptaré tu oferta si pones 50 oros encima de la mesa. No creo que sea momento para comprometerme con otra compañía mercenaria. Acabo de llegar y me gustaría probar las aguas antes de sumergirme en el estanque. Cuéntame, a quién le tengo que entregar el paquete.

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