viernes, 1 de septiembre de 2017

(Bayes) Zoe - Epílogo

-Samlara, ¿donde estás? Sam, vamos, sal... -suspiró, se rehizo la desastrada coleta y miró al anaranjado horizonte-. Siempre escondiéndose por todos los rincones...

Reanudó su tarea. La entrada no iba a limpiarse sola, después de todo. Esta niña... siempre se escabullía cuando le tocaba barrer. Pero luego aparecería, a la hora de la cena, y entonces vería. No siempre puedes librarte de los castigos con una mirada inocente y una mala excusa.

Ruidos de cascos y risas cercanas interrumpieron sus pensamientos. Distinguió una voz grave, tranquila, que despertaba recuerdos en ella, acompañada de otra más infantil, aguda y que parecía hablar demasiado deprisa... Un caballero apareció entonces en el umbral de la puerta. A pie, llevaba agarrado por las bridas un caballo de guerra marrón, con una curiosa mancha blanca en la cabeza. El símbolo de la Orden de los Caballeros Defensores adornaba tanto su peto como el escudo, que colgaba del lateral del corcel. Sobre el iba montada una niña con una túnica grisácea.

-¡Mamá, mamá, mira a quien he encontrado! ¡Es el tio Mornan! ¡El tio Mornan ha venido a verme! -La niña bajó rápidamente del caballo y se agarró a una de las piernas del caballero.
-¡Caramba, vaya fiera tienes aquí! Intentaba acercarme sigilosamente por el camino, pero no hubo forma. Al doblar la esquina en la calle del mercado me saltó a traición a la espalda, ¡y no tuve otra forma de quitármela de encima que prometiéndo llevarla a lomos de Centella! -exclamó riendo Mornan a la vez que intentaba, infructuosamente, separar a la niña de su pierna.
-Ah, muy bien, pero que muy bien, Sam. Así que es ahí donde estabas cuando te tocaba barrer la entrada, ¿eh? Ya veo... -Zoe miró severamente a su hija, quien desvió la mirada oportunamente-. Ya hablaremos luego tu y yo... Y en cuanto a ti, Sir Mornan Star, deslumbrante Caballero Defensor de Sira, no sabes cuanto me alegro de verte de nuevo por aquí -dijo la clérigo, abrazándole-. ¿Estás de misión o te quedarás unos días? Espero que me respondas lo segundo.
-He pedido expresamente este destino para poder estar un tiempo con vosotras. Quizás así me perdones por no aparecer en todo un año.
-No hay nada que perdonar. "Los caminos que seguimos no siempre son los que elegimos".
-Mmm, me suena esa frase. ¿Sira, libro de las Cálidas Áscuas? ¿O quizás Sagrado Argath, Revelaciones?
-No. -Zoe cogió las riendas del pesado caballo y se dirigieron al pequeño establo del fondo del templo-. Frío, frío. Selurian -respondió, con una media sonrisa-. Solía decirnos eso, cuando nos quejábamos por hacer algo que no nos gustaba -lanzó una mirada lateral a su hija, quien en ese momento parecía muy entretenida acariciando el lomo de Centella-. Terminamos por utilizarlo como una burla. -Dirigiéndose a Sam, le dijo:- vete a decirle a Azur que prepare una cena de más, pero que calcule las cantidades como si fueran dos.

Con una gran sonrisa, la niña corrió hacia la cocina, dejando atrás a su madre y a su tio.

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