lunes, 29 de octubre de 2018
Los tiempos cambian
"Igual que las hojas secas" pensó. Igual que esas hojas, su cuerpo inerte se desplomó, destrozado por el no-muerto del que él se había zafado. Esa estocada era para él, lo sabía. Era indigno retirarse, pero aún más indigno intentar mentirse.
Igual que aquellos aldeanos, él se había apartado cuando su amiga más lo necesitaba, y ahora estaba muerta. Todo el odio, todo el resentimiento que sentía hacia aquellos cobardes aldeanos lo sentía hacia sí mismo, y hacia el mundo. El mismo mundo que le había arrebatado a su familia, a su amiga, a su infancia, ahora se reía en su cara y le decía "lo ves? no hay consecuencias. Te retirase, tu amiga está muerta y tú... tú sigues vivo".
El mundo le decía que podía hacer lo que quisiera, que todo lo que había aprendido sobre el deber, sobre la esperanza y sobre la bondad no valía de nada.
Vio como el elfo se retiraba: no le importó. Se dirigió a la salida, malherido, hacia lo que parecía una muerte segura: no le importó. Escuchó al halfling a sus espaldas verse rodeado, intentar escapar, y caer bajo la hoja de la momia: no le importó.
Siguió adelante, rompiéndole el cuello a uno, dos cadáveres, encarando a otro caballero, esperando caer, o seguir, lo mismo le daba. Sintió la espada hundirse en su cuerpo y, por un instante, pensó que podría ver algo de justicia para sí... pero el descanso no llegó.
Se despertó instantes después, rodeado de sus compañeros, deseosos de bajar a encontrar los tesoros ocultos por la momia. Desde el suelo miró una vez el cadaver de Eleonora. Tan sólo el bárbaro se había acercado a verla... pero no le importó. No juzgó a sus compañeros. No había más justicia, ni más juicio. No había razón, no había nada, sólo odio.
Se levantó, se limpió la sangre de los ojos y siguió al grupo a buscar el oro, dejando atrás el cadaver de su amiga junto a la poca humanidad que le quedaba. Se sintió extrañamente ligero, libre de la carga de la conciencia y el peso de los sentimientos.
"Los tiempos cambian" se dijo a sí mismo. Cogió el oro y se alejó del castillo sin volver a pensar en la clérigo, o en su familia, o en su aldea, o en aquellas tardes de otoño. Tan solo contando las monedas de su bolsillo, y pensando en cómo conseguir mas.
(Lundasar) Fama y gloria
Drake alzó el mandoble y bloqueó una vez más la espada oxidada que blandía el cadáver vestido de caballero que tenía enfrente. Los no muertos les estaban acosando desde varios frentes y, revoloteando entre ellos, la figura de Finn el halfling acuchillaba con su espada corta, dislocando una rodilla aquí, una vértebra allá y, en definitiva, finiquitando los enemigos mientras Drake recibía y daba espadazos a diestro y siniestro.
- ¡Y luego se llevará él la fama!
El elfo reaccionó demasiado lento en el último envite y la espada del no-muerto penetró sus defensas hiriéndole en el muslo. Un súbito frío sobrenatural le recorrió el cuerpo y notó cómo su pierna se congelaba y quedaba medio paralizada. El monje a su lado se había batido en retirada unos instantes antes y el cadáver de la clérigo yacía sin cabeza a su lado. Todos los enemigos se orientaron para atacar a Drake, y Drake no era el tipo de persona a la que le gustase ser el foco de atención.
- A tomar por culo.
Drake saltó hacia atrás mientras bloqueaba el ataque de un cadáver y luego echó a correr hasta salir del mausoleo cojeando ligeramente con la pierna aún dormida. Fuera, el resto del grupo se batía con otros no-muertos de evidente menor poder, posiblemente sirvientes en otra vida, apenas iban pertrechados con ropajes pasados de moda y armas improvisadas. A lo lejos, fuera del castillo, escuchaba al bárbaro conversar consigo mismo.
- ¡MOA!
Sintiendo un poco de remordimiento por dejar al halfling dentro a merced de los caballeros no-muertos y su líder, se giró mirando para la entrada del edificio y empezó a sopesar sus posibilidades. Alejándose un poco más del umbral comenzó a invocar sus poderes arcanos. En el momento en el que el líder asomó por la puerta, supo que era momento de empezar a usar magia.
(Lundasar) Cuarto Menguante
viernes, 26 de octubre de 2018
De tanino y pez tratado su pellejo,
y mamífero vergel cubierto en su total,
quiebra los aires bronco rugido
cual piélago bravío contra guarda de brocal.
Uros en carrera, en estampida asemeja,
por el caos liderado sin concierto su manada,
son tambores que tocan sones de guerra,
el respirar de sus narices, de su rostro atalaya.
Baldío erial de cultivo privado,
por agricultor arado jamás roturado,
así su verbo se erige, solitario,
horizonte llano de relieves descarnado.
Que aun semejantes todas ellas
por ser su estructura pareja,
es la forma de manchas y aristas,
lo que, paresce, las diferencia.
Grandes sueños te acompañan,
en la luenga noche traviesa,
sueños púberes sin decencia,
de amores perdidos que nunca hubieras.
Alma extraviada en limbo de carne,
metáfora de humano en animal descrita,
Nobles son, no cabe duda,
los latidos que tu corazón otorgan vida.
Olfatea, criatura, de sentidos bien provista,
fuerte brazo de incorruptible bravura,
que si bien a orfebre por recio no atiende,
a la sangre y a la muerte acude raudo con premura.
jueves, 25 de octubre de 2018
(Lundasar) Piedra Umbría, relatos de ancianos
Me siento delante de la anciana, quien sospecho que no ve muy bien por el comienzo de cataratas que se adivina en sus ojos. Se la ve contenta, sentada en el portal de su casa, tomando el fresco viento de comienzos de otoño. Le digo que varias personas me han dirigido hasta ella, que dicen que es la persona que mas conoce de las leyendas de la zona. Asiente ampliamente, mientras sonríe con una sonrisa tan arrugada como encantadora.
"Ah, sí, te han dicho bien... soy la más mayor del pueblo, y la que mejor conoce sus historias, y las del Bosque Anciano... La leyenda de Pangue Lorn... Aquí lo conocemos como Piedra Umbría. Deja que esta vieja haga un poco de memoria..."
Noto como bucea en sus recuerdos, durante unos pocos instantes. Enseguida, vuelve.
"Verás, Piedra Umbría era un enorme castillo en lo que antes era la linde del bosque... Porque ya sabes que el bosque avanza, imparable. No parará hasta ocupar todo Pramo, ¡es su destino, te lo digo yo, joven! Pero me voy por las ramas...
Se decía que tenía tantas habitaciones que podia albergar a toda la corte real, con su familia, mayordomos, criados y guardia personal incluida. Y antaño la familia real tenía muchos, muchos primos, ¡te lo digo yo!
El caso es que un día el poderoso señor de Piedra Umbría conoció a una joven y atractiva muchacha, hija de otros señores feudales, en una fiesta que dio el rey para sus vasallos. Quedó enamorado al instante, y empezo a cortejarla, agasajándola con todos los bienes que podía. Joyas, tapices, delicados objetos de artesanía hechos por los mas habilidosos artesanos del reino... No obstante, nada hizo mella en el corazón de la muchacha, quien desde el mismo principio hizo patente su rechazo a su pretendiente.
Pero éste no cejó en su empeño, ¡Ah, no, no, no! Estos señores nunca se han caracterizado por su buen entendimiento, ¿verdad? Hay cosas que no cambian nunca... Un día una idea invadió su mente, como una mala hierba que arrancas, pero brota de nuevo, en mayor número aún. Pensó que, después de todo, solo se trataba de convencerla... y eso se podía conseguir por las buenas... o por las malas."
Interrumpe de nuevo el relato para preguntarme si tengo sed. Le digo que no, y acto seguido me ofrece unos dulces que ella misma prepara con azúcar, remolacha y fresa. Piruletas sanguinas, las llama. Aunque tengo curiosidad, no es el momento de disgresiones, asi que, amablemente, le pido que continúe su relato.
"Como decía... un día la invitó a visitar su castillo, con la excusa de enseñarle las bondades de sus dominios. La joven no tenía ninguna ganas de ir, que duda cabe, pero ya sabes, hijo, ¡nobleza obliga! El caso es que mientras se encontraban recorriento la muralla de poniente, observando un atardecer que teñía el cielo de un rojo vivo, el señor del castillo así le habló:
- Joven dama, me habéis negado vuestra mano una y otra vez, en contra del consejo de vuestros padres, y aún de vuestras damas, lo sé. Tenéis una voluntad fuerte, y unas ideas claras. Pero yo tengo ahora mismo la fuerza. Sed mi esposa, o no saldréis nunca de aquí.
Y esto, dicen, respondió ella:
- Siempre os he odiado, sabía que el germen de la maldad habitaba en vos, pero fuí ingenua al suponer que aún tendriais algo de honor por pertenecer a la clase de la caballería. ¡Guardias, sacadme de aquí!
Pero según se daba la vuelta pronunciando esta frase observó con horror como sus armados protectores eran traidoramente asesinados por la espalda. Se encontraba sola, pues, en aquellos dominios, ahora cláramente hostiles. Sin cambiar su expresión, volvió a hablar, mirando fíjamente al infinito, en la dirección en la que se encontraba su hogar.
- No sabéis lo que habéis hecho. Habéis traido la guerra y la verguenza sobre vos y vuestros dominios. Y si aún mi sangre se derrama en vuestro castillo, os digo que el sitio quedara maldito, perdido en las mareas del tiempo, abandonado, siendo pasto de las enredaderas y el moho que poco a poco desharán hasta la última de las piedras que lo componen.
Dicen que no volvió a hablar después de esto. Quedó callada, pues, y no miró al vil señor en ningún momento. Este, quizás por la devoción que aún sentía por sus antiguos dioses, por el respeto que su valiente actitud le generara, o por el miedo a que la maldición callera sobre el, no osó tocarla. La encerró en una mazmorra y allí quedo, a la espera del día en que su voluntad se torciera.
Ah, pero podéis pensar, ¿no hizo su familia por rescatarla? Por supuesto. A los pocos días un ejército se presentó ante Piedra Umbría, y amenazó con quemar hasta la última piedra si la joven no era conducida sana y salva ante ellos.
Ahora, la corrupción que había empezado a sentir el señor del castillo era ya avanzada, y le impedía pensar con claridad. Se negó a liberar a su prisionera, y exigió la marcha del ejército invasor.
Lo que viene a continuación es de suponer. Cuando las palabras fallan, hablan las espadas. Así manejan sus asuntos los altos señores. Las grandes piedras lanzadas por los ingenios de guerra empezaron a caer en el interior del castillo.
Pero claro, cuando una lanza una piedra a ciegas no siempre sabe muy bien donde va a caer, ¿verdad?
Una enorme roca impactó en la base de la torre del homenaje, en cuyo subsuelo estaba la celda de la joven. Su fin, al derrumbarse la estructura entera, fue instantáneo.
Al ver esto, y saberse maldito, el señor de Piedra Umbría perdió la poca cordura que le quedaba, y abriendo las puertas principales, se lanzó junto a aquellos fieles que quisieron seguirle al asalto de los sitiadores. Por supuesto, cayó prácticamente de inmediato.
Y ese fue el fin de sus dominios. Sin herederos, tras la verguenza de su fin, y con los rumores sobre su maldición, nadie quiso acercarse nunca más a aquel lugar."
La anciana termina su relato, quedándose unos segundos en silencio. Después, vuelve a preguntarme si no quiero probar sus dulces especiales e insiste tanto que al final cedo. Entra en el interior de la casa y saca una pequeña bandeja de barro con unas piruletas de color caramelo, con líquido rojo en su interior. Conversamos algo más mientras degustamos una cada uno.
Finalmente, cuando estoy a punto de partir, pues ya esta anocheciendo, me lanza un último consejo.
- El bosque, joven. No se fíe nunca del bosque. Para mí, él fue el origen de la locura de este relato. Nada que esté cerca del bosque termina bien, ¡se lo digo yo, que sé muchas historias! Ese bosque, es peligroso, y está lleno de... amenazas.
Mientras pronuncia las últimas palabras rompe el dulce que degustamos, y el néctar rojo de su interior se derrama por su barbilla, dando una imagen ciertamente inquietante.
Relato extraído de "Pramo: folclore para no olvidar", del viajero escritor Ed Maelin (biblioteca de Sora).
jueves, 18 de octubre de 2018
(Lundasar) Informes
- Hasta luego. Y cierra la puerta al salir, gracias.
Osa simuló que escribía en los papeles que tenía delante mientras Kelbarn salía de su despacho. Finalmente, cuando oyó sus pasos alejarse a través de la puerta cerrada, suspiró y soltó la pluma.
- Miente. Lo sabes, ¿no? -súbitamente, en una esquina del despacho, apareció la figura de un hombre de mediana edad, con un pelo corto castaño ligeramente canoso en el que ya se veían aparecer las primeras entradas. Una tupida aunque elegantemente bien recortada barba daba seriedad a un rostro cuyas incipientes arrugas mostraban afición a sonreir.
- No se. Creo que sí, pero ha aguantado bastante bien. ¿No podría ser que realmente no sepa nada? -Osa se echó atrás en el sillón, frotándose los ojos para despejarse un poco.
- No creo.
- Pero no lo sabes.
- ¿Cuando me he equivocado?
- Cuando hace unos años dijiste que el hijo del embajador de Seguin pasaba información confidencial del reino. Y lo único que pasaba era las noches recitando poesía disfrazado en La Rosa Lectora.
- Pero admitirás que él mismo se comportaba como si estuviera haciendo algo peligroso e ilegal.
- El chico tenía 16 años, Neal. A esa edad piensas que cualquier idiotez que hagas es peligrosa e ilegal.
- De acuerdo, pero esta vez creo que no me equivoco. Mis fuentes no mienten. Han encontrado algo. Puede no ser importante, pero hay que saberlo.
- ¿Sabes qué? -Osa bostezó y estiró los brazos-. Me da igual. Si quieres más información, pregúntale tu mismo. Yo ya no estoy activa.
- Pero estás deseando volver a estarlo... Si no, ¿qué hace ese formulario de petición de mando voluntario entre tus papeles? -dijo Neal, señalando un papel semi enterrado entre la montaña de documentación esparcida por la mesa de la oficial.
Osa miró a su amigo fíjamente, y se echó a reir al cabo de unos segundos.
- Siempre tienes que estar metiendo las narices en todo, ¿eh?
- Lo dices como si fuera algo malo... ¡Es una de mis virtudes! Pero no has respondido a mi pregunta... Aunque no hace falta, creo adivinar que alguien esta deseando ir a cierta expedición a la Montaña... ¿Me equivoco?
- Dado que eres tan perspicaz, y tan... observador... dejaré que saques tus propias conclusiones. Ahora, es hora de que te largues -Osa señaló con la cabeza la puerta, mientras volvía a concentrar su atención en la maraña de informes que tenía pendientes de rellenar.
- A sus ordenes, mi capitana -se despidió burlonamente Neal-. Y no te preocupes: nadie me verá irme.
Neal empezó a musitar unas palabras arcanas, y desapareció tan prontó terminó de pronunciarlas. Se oyeron sus pasos en dirección a la puerta, y ésta se abrió y se cerró poco después. A través de la puerta cerrada pudo escuchar como su amigo se despedía de un confuso guardia que no supo muy bien que, o a quien, responder.
"Nadie me verá... será imbécil", pensó Osa, sonriendo.
Al fin sola, dejó a un lado la pluma, y apoyó la cabeza encima de la mesa. Permaneció en esa postura durante unos minutos, en silencio.
Finalmente, se incorporó de nuevo, cogió el documento de petición de cambio de puesto y, tras rellenarlo, salió del despacho.
lunes, 1 de octubre de 2018
(Lundasar) Resumen sesión 5
Fecha: diciembre, principios.
Localización: Sora.
Tras acudir a la llamada de su mentora Lambia, seguida como siempre de Moa, Eleonora se entera de que un venerable miembro de la orden lleva un dia desaparecido. Lambia le pide ayuda para encontrarlo. La última vez que fue visto fue en el humilde distrito II, al sureste de la ciudad.
La clériga convoca al resto de los héroes, y juntos se dirigen al mencionado sitio. Preguntando a los lugareños de la zona, descubren un rastro que finalmente les lleva a una casa que en principio parece deshabitada. Tras una serie de divertidas peripecias que incluyen a Lisur, Anomander, Moa y Kelbarn volviendo corriendo de una taberna, Finan saltando de un primer piso, y Eleonora salvando la vida de milagro, los intrépidos pjs destruyen a un grupo de sombras que parecían haber sido las causantes de la desaparición del religioso de la orden, quien habia muerto y quedado reducido a un corrompido estado de no vida.
Lambia les agradece el servicio prestado, y dice que informará a la orden de estos eventos.
Al dia siguiente, Kelbarn recuerda que tenía una carta procedente de Amar, entregada por Osa hace poco. En la misiva se les pide que acudan a su pueblo natal a finales de semana para tratar un asunto de importancia.
Ni cortos ni perezosos, allí ponen destino.
Una vez llegan, descubren que sus antiguos conciudadanos han organizado una celebración para darles las gracias por rescatarles. Descubren un pequeño monumento en la fuente de la plaza, les dan una pequeña compensación económica, y Sorrock les abre las puertas de su herrería para que escojan algo que les sirva. Todos bailan, cantan y comen hasta bien entrada la noche.
Menos Lisur, que odia a los aldeanos.
En algún momento, Kelbarn oye una suave melodía proveniente de la linde del bosque, y descubre la figura de la niña del bosque, observándole desde lejos.
Cuando se acerca para hablar con ella, ésta le lleva hasta el río, donde en el agua le muestra una imagen de su padre durmiendo en un círculo de flores. Si quiere que vuelva, tendrá que hacerles un pequeño favor...
viernes, 15 de junio de 2018
Los Dioses Olvidados
El Inicio siempre ha existido. Siempre existirá. El Inicio creó a los Creadores, y destruirá a los últimos dioses que queden cuando sea libre.
Al principio de los tiempos, sólo El Inicio existía. Una masa nebulosa e inabarcable de puro poder incontenible. En su interior, mareas y remolinos de energía se movían y giraban como si de un titánico mar se tratase. Con el tiempo, de esos movimientos surgieron pequeñas concentraciones con voluntad propia. Crecieron y tomaron consciencia de su entidad, y se llamaron a si mismos Creadores. Los Creadores disfrutaron durante un tiempo descubriendo los límites de su poder, explorando los confines del infinito universo, siempre a la sombra del Inicio. En algún momento, un Creador decidió construir un mundo, y dotarlo de seres animados que les entretuvieran. Todos los Creadores celebraron la idea, y aportaron sus propias ideas. Los Creadores, demasiado ensimismados en su creación, descuidaron su atención del Inicio, alejándose de El. Éste, notando la excesiva independencia de sus fragmentos, quiso destruirlos y reintegrarlos con su propio ser. Los Creadores se resistieron. La confrontación que siguió destruyó todo lo que hasta entonces existía, volviendo a dejar al universo sumiso en una nada obscura, vacía y fría, carente de vida. Para cuando todo terminó, El Inicio había sido encadenado y arrojado a un plano de existencia muerto, de donde nada podía surgir. El coste había sido alto. Varios Creadores habían dejado de existir, su esencia ahora dispersa, su entidad perdida. Con el tiempo, volvieron a crear mundos. Volvieron a poblarlos. Se volcaron en sus creaciones, pero esta vez tuvieron cuidado de no olvidarse del Inicio. Un guardián vigilaría permanentemente la entrada al plano de no-existencia donde estaba contenido. Sabían que no le retendrían por siempre allí, pero estarían preparados para cuando finalmente encontrara la forma de salir.
lunes, 5 de febrero de 2018
(Lundasar) Resumen sesión 4
Los valerosos PJs terminan de retirar el ladrillo que quedaba suelto y entran a un pasillo oscuro y polvoriento.
Toman el camino a su derecha. De vez en cuando ven, situadas en los laterales del pasillo, unas extrañas estatuas de forma humanoide de entre dos-tres palmos de altura, hechas de un material similar al barro. Después de andar un rato llegan a una sala circular de gran tamaño.
En el centro de la sala hay un atril, vacío. Delante de el, sobre una columna baja, hay tres huecos vacíos, y uno ocupado, con un cristal sobresaliendo de el. Al pie de cada hueco, hay escritas unas runas desconocidas. Unos metros detrás del atril, alineadas en perpendicular, hay doce construcciones similares a féretros, ocupando prácticamente todo el ancho de la sala. Al fondo una hay una estatua de un guerrero enano de pie, apoyado en un hacha de gran tamaño. A su espalda, en la pared, unas líneas forman lo que parece el contorno de una puerta, aunque no hay ningún tipo de asidero a la vista en su lisa y uniforme superficie gris.
Nuestros intrépidos héroes inspeccionan la sala. Al acercarse Eleonora al cristal frente al atril, siente como si éste le invitara a acercarse y tocarlo, cosa que tras algunas dudas finalmente hace.
Nada más tocarlo la escena alrededor cambia:
"Las antorchas situadas en las paredes se iluminan con un fuego vivo, que da un tono anaranjado a la estancia. En el atril aparece un libro abierto, con unas runas indescifrables escritas en sus páginas. En los huecos bajo el atril hay cuatro cristales. La estatua no está. Se ve al fondo de la sala un enano, enfundado en armadura completa, con una pesada hacha de doble filo a su espalda. Tirando de un bloque de piedra, está cerrando lentamente el acceso a un pasillo. Hay otros cuatro enanos en el lado opuesto de la estancia, cerca de la entrada. Todos ellos tienen la piel pálida, y su estatura es un palmo superior a la media enana.
En un momento dado, después de que el enano del fondo cierre la puerta, uno de los cuatro de la entrada, el más anciano, se adelanta y habla a la portadora del cristal directamente, en un idioma que no reconoce. Señala a cada uno de los tres jóvenes enanos de su espalda, quienes la saludan inclinando lévemente la cabeza, y luego a los doce féretros. Parece hablar con tristeza al señalar a estas últimos. Habla un poco más, y finalmente se calla y se hace a un lado. Los tres enanos jóvenes cogen un cristal cada uno, y vuelven atrás. Entonces el anciano coge el libro, se inclina ante los doce féretros y tras unos segundos, se va. Con el, los enanos que cogieron los cristales.
Después de que se hayan ido, el enano que cerró la puerta del fondo agarra el hacha de su espalda, y apoyándose en ella, se queda de pie frente a la puerta, inmóvil.
La visión desaparece. Suavemente, la imagen del guerrero se convierte en la estatua, las antorchas se apagan y solo queda un pesado silencio que inunda la estancia."
Tras esto, el grupo de aventureros decide inspeccionar a fondo la sala, no consiguiendo encontrar nada provechoso en ella, ni consiguiendo abrir la puerta del fondo, ni ninguno de los supuestos féretros. Finalmente, deciden dejar la sala, volviendo por donde han venido. Eleonora guarda el cristal.
Llegan al punto de partida y toman el otro camino del pasillo, encontrando el camino bloqueado por un derrumbe. Las pequeñas estatuas humanoides están aquí en mayor número, en distintas posturas: cogiendo una piedra, agachadas, quietas en la pared, alguna semienterrada.
Vuelven a la mina, abren una habitación cerca que de la entrada que había quedado sin investigar, y descubren al resto de aldeanos (y algunos otros cautivos desconocidos) en ella.
Todos juntos, deciden volver al pueblo.
Por la tarde, a las pocas horas de iniciar el camino de vuelta, ven a lo lejos al primer grupo de aldeanos rescatados, quienes parecen estar siendo presionados por tres hombres armados. Tras un poco de conversación, descubren que sus poco honestas intenciones son quedarse con todo aquello que porten. Los PJs deciden no.
Se libra entonces una lucha de épicas proporciones, con Moa iniciándola mediante una audaz embestida. Los héroes luchan bien y con valor, pero finalmente son derrotados, en un duelo uno contra uno entre el último bandido, y una exhausta Eleonora.
Mientras tanto, los aldeanos han observado la escena sin atreverse a intervenir. Cuando alguno (padres, amigos, valientes) se ha atrevido a decir algo, el resto ha silenciado su propuesta, de manera activa o pasiva.
El bandido superviviente roba lo que considera valioso del grupo (dinero, armas y comida), y se va. Los aldeanos, ahora sí, prestan ayuda a los caídos, y les sanan las heridas.
Al poco, un extraño se acerca al grupo. Es un elfo enfundado en una negra armadura, que dice buscar al pardre de Kelbarn. Interrogado por éste sobre el porqué, dice tener un paquete para el, que no entregará a nadie más.
El reformado grupo acompaña a los aldeanos de nuevo a Ámar y continúan su camino hacia Sora. Una vez allí, investigan en la biblioteca de la ciudad sobre el lugar que han descubierto, pero salvo una leyenda que habla sobre la formación del mundo ubicada en la Montaña Quebrada, no encuentran mucho más.
Todos vuelven a sus rutinas diarias, o aquello más parecido que tengan.
Kelbarn quiere volver al encuentro de su padre, y pide un nuevo permiso para salir por este motivo, que le es concedido, con fecha efectiva para dentro de dos semanas.
Lisur abre el cofre que encontró en la casa de su padre, y encuentra una carta y una nota, además de unos viejos guantes de entrenamiento.
A los pocos días, Eleonora es llamada al despacho de Karya, su mentora. Un venerable miembro de la orden esta desaparecido, y se le pide ayuda para encontrarle...
Estamos a comienzos de diciembre, y las nieves cubren ya los caminos del norte.
(Eperium) Historia de una moneda
-Entonces, tu preguntas con tu habitual galantería lagartoniana al mesonero acerca de ese tal Capitán Istrad... -comentaba medio distraída S...
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Para el recuerdo, dejo aquí estos otros títulos alternativos. Hay grandes hits, que deberían, quizás, estar ahora mismo en la barra de direc...
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Recordaba el verano anterior: las hojas secas de otoño cayendo lentamente mientras jugaban cerca el molino, con sus risas y el agua del rio ...
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-Entonces, tu preguntas con tu habitual galantería lagartoniana al mesonero acerca de ese tal Capitán Istrad... -comentaba medio distraída S...