El coágulo seco cayó lentamente de sus manos mientras se
frotaba las palmas con el canto de su hacha. Podría haber usado agua para
limpiarse la sangre como el resto de la manada, pero eso era demasiado rápido,
él no quería olvidar, no podía dejar de recordar lo sucedido.
Notaba el gesto torcido, cómo asomaban los colmillos y un
ligero gruñido surgía de lo más profundo de su ser al recordar que estaba
muerta, abandonada en medio de la batalla mientras el resto saqueaban el eterno
reposo de un muerto… ¿qué clase de manada se comporta así?
En el clan de la Luna rota se honra a los caídos, se
entierran en las zonas de cultivo para que su carne alimente la comida de las
crías y así vuelvan a ser parte de la manada. Ésta sin embargo desprecia al cadáver
y ni siquiera guarda un minuto de duelo o celebra un combate en honor al
compañero caído…
Los recuerdos le asaltaban como los truenos en los días de
furia.
Todo fue muy rápido, la salida de la cripta, los muertos
alzándose entre las ruinas y el bosque, su carga contra los huesos andantes…
sólo cuando escuchó el grito del medio hombre al desplomarse se dio cuenta que
la manada estaba en peligro, dejó de machacar los cráneos putrefactos y
embistió a los guerreros con piel de metal, tras unos momentos de duda lograron
reducir a polvo a la abominación que salió de la tumba y sólo entonces se dio cuenta
que ella no estaba… nadie dijo una palabra pero él lo sabía, había notado algo durante
la pelea, una ráfaga helada que hizo que se le erizasen todos los pelos del
lomo.
Al entrar en las ruinas su cuerpo destrozado decoraba la
esquina de la estancia, tronchado como un árbol seco tras una tormenta de
invierno, él se acercó lentamente y recogió entre sus brazos los pedazos más
reconocibles mientras la sangre encharcaba sus brazos… mientras sus hermanos se
adentraban en las profundidades de la caverna para saquear a los muertos.
Las dudas seguían agolpándose en su interior:
¿qué sentido tenía seguir con esa manada si no cuidan de sus
hermanos?
¿debía expulsar al nuevo miembro? Todos se habían empezado a
comportar distinto tras su llegada y su instinto le decía que ocultaba algo
peligroso.
¿qué sentido tenía continuar en la meseta tras su muerte?
Dejó las montañas atrás por ella y se internó en un mundo totalmente
desconocido lleno de gentes extrañas y costumbres aún más raras.
Sólo había una pregunta que sí tenía respuesta, aún no
estaba preparado para enfrentarse al Gran Lobo gris, el momento se acercaba, lo
notaba en el aíre, en el sabor de la carne, en el crujir de las ramas bajo sus
piés pero aún faltaba algo… sin más dejó de rascar la sangre y salió de la cuadra
donde estaba descansando camino de la montaña con el resto de su manada, sus
labios se abrieron ligeramente y del interior de su gaznate surgieron unos
sonidos que nunca antes habían visto la luz del sol… eee – leooo – nooo – raa.
Manda cojones que el barbaro sea el unico miembro del grupo que parece que tiene corazoncito.
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