jueves, 18 de octubre de 2018

(Lundasar) Informes

- Hasta luego. Y cierra la puerta al salir, gracias.

Osa simuló que escribía en los papeles que tenía delante mientras Kelbarn salía de su despacho. Finalmente, cuando oyó sus pasos alejarse a través de la puerta cerrada, suspiró y soltó la pluma.

- Miente. Lo sabes, ¿no? -súbitamente, en una esquina del despacho, apareció la figura de un hombre de mediana edad, con un pelo corto castaño ligeramente canoso en el que ya se veían aparecer las primeras entradas. Una tupida aunque elegantemente bien recortada barba daba seriedad a un rostro cuyas incipientes arrugas mostraban afición a sonreir.
- No se. Creo que sí, pero ha aguantado bastante bien. ¿No podría ser que realmente no sepa nada? -Osa se echó atrás en el sillón, frotándose los ojos para despejarse un poco.
- No creo.
- Pero no lo sabes.
- ¿Cuando me he equivocado?
- Cuando hace unos años dijiste que el hijo del embajador de Seguin pasaba información confidencial del reino. Y lo único que pasaba era las noches recitando poesía disfrazado en La Rosa Lectora.
- Pero admitirás que él mismo se comportaba como si estuviera haciendo algo peligroso e ilegal.
- El chico tenía 16 años, Neal. A esa edad piensas que cualquier idiotez que hagas es peligrosa e ilegal.
- De acuerdo, pero esta vez creo que no me equivoco. Mis fuentes no mienten. Han encontrado algo. Puede no ser importante, pero hay que saberlo.
- ¿Sabes qué? -Osa bostezó y estiró los brazos-. Me da igual. Si quieres más información, pregúntale tu mismo. Yo ya no estoy activa.
- Pero estás deseando volver a estarlo... Si no, ¿qué hace ese formulario de petición de mando voluntario entre tus papeles? -dijo Neal, señalando un papel semi enterrado entre la montaña de documentación esparcida por la mesa de la oficial.

Osa miró a su amigo fíjamente, y se echó a reir al cabo de unos segundos.

- Siempre tienes que estar metiendo las narices en todo, ¿eh?
- Lo dices como si fuera algo malo... ¡Es una de mis virtudes! Pero no has respondido a mi pregunta... Aunque no hace falta, creo adivinar que alguien esta deseando ir a cierta expedición a la Montaña... ¿Me equivoco?
- Dado que eres tan perspicaz, y tan... observador... dejaré que saques tus propias conclusiones. Ahora, es hora de que te largues -Osa señaló con la cabeza la puerta, mientras volvía a concentrar su atención en la maraña de informes que tenía pendientes de rellenar.
- A sus ordenes, mi capitana -se despidió burlonamente Neal-. Y no te preocupes: nadie me verá irme.

Neal empezó a musitar unas palabras arcanas, y desapareció tan prontó terminó de pronunciarlas. Se oyeron sus pasos en dirección a la puerta, y ésta se abrió y se cerró poco después. A través de la puerta cerrada pudo escuchar como su amigo se despedía de un confuso guardia que no supo muy bien que, o a quien, responder.

"Nadie me verá... será imbécil", pensó Osa, sonriendo.

Al fin sola, dejó a un lado la pluma, y apoyó la cabeza encima de la mesa. Permaneció en esa postura durante unos minutos, en silencio.

Finalmente, se incorporó de nuevo, cogió el documento de petición de cambio de puesto y, tras rellenarlo, salió del despacho.

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