sábado, 7 de septiembre de 2019

(Lundasar) Moa - El chamán

Volutas de humo y susurros apagados se retorcían sin fin alrededor de las brasas, en un baile lento y caótico. En ocasiones, destellos amarillentos revelaban la presencia de algo que se movía entre las sombras, siempre alejado de la rojiza luz de las brasas.

El chamán hablaba para si, en un tono grave y monótono, mientras cuentas de amarillento hueso pasaban rápidamente entre sus secos dedos. Cuando terminó, sus ojos ciegos dejaron de mirar las brasas, y se fijaron en la única otra persona de la choza.

- Guerrero -parecía como si varias personas hubieran hablado al unísono. Los chamanes, se decía, hablaban con la voz de todos los que les precedieron.

Aún guardó silencio unos segundos más, inmóvil en su encorvada postura sobre la extinta hoguera.

- Tus sueños. Eres un elegido. Pero no el único, hijo de Angro. Tu destino es liderarnos, o ser destruido. Enfréntate a La Caza, y decide tu suerte. Pero aprende esto: no buscas una presa cualquiera, sino al Grak Sha'la. El Gran Lobo. Tan antiguo como la tierra que pisas, como el aire que respiras. Señor de las bestias del Bosque Vivo. No más tarde de la tercera luna de sangre, búscale. Pero cuidate, pues si no eres apto, devorará primero tu cuerpo, después tu alma, y al final, tu misma esencia. Anda al sur y triunfa, o muere, y nosotros contigo. Ahora vete, no tenemos más que decirte.

El joven se levantó con una agilidad que contradecía su corpulencia, quizás la inquietud producida por el lugar le espoleaba a moverse más rápido. Justo cuando estaba a punto de cruzar el umbral, una miríada de voces a su espalda le detuvieron.

- Guerrero. Ya no eres el hijo de Angro. ¿Cual es ahora tu nombre?

El bárbaro se detuvo, y prácticamente sin volverse, dijo con voz ronca:

- Moa.

Sin mas, salió de la choza del chamán. Atrás quedaba una sonrisa, teñida de sombras y luz rojiza.

lunes, 2 de septiembre de 2019

(Bayes) Zoe - Epílogo (II/II)

El crepitar del fuego del hogar, junto con la cálida luz que proyectaba en la estancia, proporcionaban una agradable sensación familiar. Un único adorno, una pequeña figura de Sira sobre la repisa de la chimenea, con sus brazos ofreciendo ayuda, decoraba un pequeño despacho por lo demás bastante austero: apenas una estantería con libros, dos sillas de distinto tamaño y estilo, y una gastada mesa de madera recia.

- Coge esa, la grande - dijo Zoe señalando hacia la silla situada tras la mesa -. Creo que con tu peso destrozarías la pequeña.
- De acuerdo. Creo que, de todas formas, podrías considerar adquirir nuevos muebles. La mitad de ellos parecen estar a punto de caerse de viejos.
- Así es, y por eso mismo me da pena tirarlos. Los he visto toda la vida. Tonterías, ya sabes.

Mornan asintió mientras cogía la silla y se sentaba enfrente de su vieja amiga, al lado del fuego. Por un momento, se sintió como si estuviera en una de sus habituales charlas en el cuartel, hablando con sus compañeras. La idea le hizo gracia. Zoe despreciaba las peleas, las armas, y hasta el mismo olor del óxido de la armadura le resultaba tremendamente desagradable. Aún recordaba cuando, a escondidas, le estuvo aplicando una loción perfumada en sus ropas, para enmascarar el olor. Durante días estuvo sospechando que Guery le estaba gastando alguna clase de broma.

- ¿Y a qué debemos tu visita, mi buen Mornan? - preguntó su amiga, finalmente.
- Oficialmente, estoy aquí para hacer de instructor de un grupo de cadetes. Mañana nos internamos por el bosque, para ponerlos un poco a prueba, como hizo ya hace tiempo con nosotros un instructor que tuve cuando estuve en la milicia de defensa de Red Hook. ¿Como se llamaba...? Zack, creo recordar...
- Recuerdo aquella época - asintió Zoe -. Mi hermana llegaba siempre agotada, prácticamente arrastrándose por el cansancio... pero nos decía que se encontraba muy agusto, que aunque era duro estaba feliz y que no se arrepentía de haberse alistado. Para ella, siempre fue algo... casi dictado por el destino. Siempre pensé que lo decía para tranquilizar a nuestro mentor... o quizás para irritarle más todavía, quien sabe, Samlara a veces podía tener un poco de malicia - Zoe sonrió ligeramente -. Fue una época delicada entre ellos.
- ¡Ja, ja, ja! Estoy seguro de que fue feliz, pero eso de estar agusto... ¡Todavía recuerdo la cara de asco que ponía cuando tenía que ir a las letrinas! - Mornan se golpeó con la palma abierta la pierna mientras se reía a carcajadas - ¿Sabías que llegó a solicitar hacerse sus propias letrinas independientes?
- ¿Ah, si? Eso no lo sabía, ¿y lo hizo?
- Si, le dieron permiso, pero de poco le sirvió... ¡En cuanto las estrenó, el resto de reclutas empezaron a usarlas también!

Ambos amigos estallaron en carcajadas.

- ¡Ja, ja, ja! Pobre...
- Si, que tiempos... Bueno, volviendo al presente, estaremos unos días por la zona más profunda del bosque, hay algunos informes de criaturas tipo goblin, y creo que puede ser una aventura divertida para ellos.

Zoe resopló ligeramente, de una forma que Mornan no supo si era sarcástica o nostálgica.

- Lo cual me lleva a pedirte un favor - hizo una leve pausa -. Quiero que nos acompañes. No hay de quien me fie más en una situación de peligro.

La clériga miró al fuego del hogar durante unos segundos, antes de responder.

- No.
- ¿No? - pregunto Mornan con incredulidad.
- No - Zoe fijó su mirada en sus manos -. Hace ya unos pocos años que deje atrás esa vida, y lo sabes. No quiero tener nada que ver con más muertes y violencia.
- Pero esto es un ejercicio de entrenamiento prácticamente, ya sabes que...
- NO - la respuesto ahora fue más brusca, más seca.

Zoe se levantó y se dirigió a la chimenea. Cogió la estatuilla de Sira que la presidía, y la acarició con suavidad.

- ¿Y hay algún otro motivo para que estés aquí? - preguntó finalmente.
- ¿Eh...? Ah, sí. Bien, nada, alejarme un tiempo de la acción, estar un tiempo con vosotras... Os echaba de menos, y pensé que igual no te importaría que este bruto este un tiempo por aquí.
- ¿En serio, vas a quedarte un tiempo? ¡Eso es genial! ¿Cuanto?

Por fin parecía que un poco de luz volvía a aquel rostro que Mornan había conocido hacía tanto, en otros días tan distintos.

- No lo sé, de momento vengo a hacer de instructor, ya veremos cuanto tiempo. Ya sabes que ninguna posición es permanente, pero quien sabe cuanto puedo estar aquí.
- ¡No sabes cuánto me alegro! Ah, por cierto, no te he preguntado, ¿te quedas a cenar? ¡Que tontería! Claro que te quedas a cenar... ¡Sam!

Inmediatamente, demasiado rápido quizás, la puerta se abrió y la cabeza de una niña asomó.

- ¿Me llamabas, mama?
- Si. Deja de escuchar detrás de la puerta...
- Pero yo no...
- ...y dile a Asha que prepare algo extra para cenar para nuestro invitado. Algo contundente, este buey no se alimenta de sopas de verduras como nosotras...

La niña salió corriendo a transmitir la noticia mientras dejaba escapar un apresurado "Si, mama" tras de ella.

- …y cierra la puerta después, debería haber añadido - dijo, cerrando la puerta a continuación.
- Bueno, no he podido ni decir que no.
- No tenías opción tampoco.
- ¡Ja, ja, ja! Como echaba de menos ese carácter... Por cierto, ¿como está Sam?
- Bueno, ya has podido ver esta tarde que Sam está muy... suelta. Se escaquea de las tareas siempre que puede, y se junta con un par de amigos con los que ha hecho un grupo. Una chica algo más mayor, y un chico más pequeño, del orfanato. La chica es hija del herrero, y me preocupa que tiene sueños de aventuras... El chico es muy bueno, le conozco de hace tiempo, un encanto. Demasiado bueno para ellas dos, incluso.
- Mmm, quizás le haga falta algo de disciplina para centrarse un poco...
- Sam siempre ha sido un espíritu libre, Mornan. Desde que empezó a andar, de hecho, ya rechazaba la mano que se le tendía. Lo heredó de su padre, sin duda. No intentes analizarlo todo con tu mente de instructor, las cosas a veces funcionan de forma distinta.
- Hablando de su padre, ¿has vuelto a saber de él?
- No desde hace como tres años. Por lo que sé podría estar en cualquier sitio, incluso en cualquier dimensión. El sabrá. La última vez que vió a su hija lo primero que dijo fue que “carecía de potencial reseñable”.
- Así son los que manejan asuntos de magia - respondió Mornan bufando.
- Así es él, en cualquier caso.
- Mmm... ¿Y qué tal va el orfanato?
- Bien, tenemos unos treinta niños. A veces algunos se escapan, eso siempre pasa, es inevitable. No es una cárcel, después de todo. Si deciden que ha llegado el momento de irse, no siempre puedes convencerlos para que se queden.
- ¡Ah! Casi me olvido... me dio algo para ti… - Mornan empezó a buscar algo en los bolsillos de su cinturón -  el enano ese raro, el que va con un simio por ahí... Los encontré de casualidad, cuando bajaba por el camino real. Salieron de repente de la linde del bosque, rodando juntos por el suelo, agarrados como si estuvieran peleándose por algo… asustaron a Centella, casi me tira de la montura… Aquí está - sacó de un bolsillo lateral un pequeño saco de cuero, del que extrajo a su vez unas pequeñas cuentas marrones arrugadas. Se las mostró a Zoe.
- ¿Semillas...?
- Esperaba que tu me lo dijeras, aunque eso supongo. No se, me las estaba enseñando mientras me miraba fijamente y me decía algo de las plantas, la vida, y eso. Entonces el mono hizo algo que me distrajo, y él aprovecho para ponerme las semillas en un bolsillo del pantalón. Y un puñado de tierra en el otro.
- ¡Ja, ja, ja! Yo sólo le he visto una vez, pero me hizo lo mismo, me metió varios puñados de tierra en los bolsillos de la túnica. No dejaba de decir algo acerca de que la tierra era vida, o algo así. Fue un poco asqueroso, recuerdo que de entre toda la tierra de un bolsillo también saque una lombriz, ¡puaj! A pesar de eso, me pareció muy simpático. A Ivy le caía bastante bien.
- Si, no se porque, ella siempre le defendía. A mi me sacaba... me saca de mis casillas - dijo, torciendo el gesto.
- Supongo que, de alguna forma, tenían algo en común, a pesar de sus aparentemente innumerables diferencias. O simplemente le haría gracia, quien sabe. Si vuelve a pasarse por aquí le preguntaré, aunque no es muy aficionada a contar nada personal.
- ¿Has vuelto a verla?
- Alguna vez ha pasado por aquí, de camino de aquí para allá. Nunca he sabido ni de donde venía, ni adonde iba, ni si necesitaba ayuda. Tengo la sensación de que a veces viene simplemente buscando un rato de compañía, pero es como un gato: no aguanta las caricias a no ser que las busque.
- Tu sabrás, la verdad es que nunca congeniamos demasiado.
- Sois demasiado diferentes.

Mornan se quedó en silencio, pensando algo para sus adentros.

- Ya que hablas de viejos compañeros, ¿ves a Margaery alguna vez? - preguntó Zoe.
- Poco. Sus labores de estado la mantienen muy ocupada. Alguna vez hemos quedado, no obstante, para hablar un poco de los viejos tiempos, e incluso hemos hecho algún combate de entrenamiento. Para estar separada de las armas, se mantiene muy en forma.

En ese momento llamaron a la puerta, y tras serle dada la autorización para entrar, Asha empujó la puerta con la espalda, cargando en los brazos con una bandeja llena de comida caliente.

- ¡Momento de cenar, Mornan! - dijo la cleriga con una sonrisa -. Espero que con nuestros humildes alimentos puedas coger fuerzas. ¿Tienes obligación de ir al cuartel esta noche?
- No, basta con estar una hora antes del alba allí, para reunir al grupo y prepararnos para irnos. En realidad, ellos incluso ya deberían estar preparados para entonces.
- Bien, entonces dormirás aquí. Asha, prepara la habitación de invitados. La usaré yo. Mornan, tu dormiras en mi cuarto, el colchón es bastante más cómodo, y necesitas el descanso.
- ¡Vaya! Y recuerdo cuando nos conocimos, que eras incapaz de organizar incluso tu propia mochila...
- Bueno, organizar un pequeño templo es fácil, cuestión de tiempo y costumbres. Sigo siendo bastante torpe cuando me sacas de aquí - rió ligeramente Zoe.

La cena transcurrió tranquila, entre anécdotas, noticias, vino aguado y el calor del hogar. Finalmente, Mornan bostezó, y Zoe dió por concluida la velada. Tras indicar a su viejo amigo su dormitorio, se dirigió de nuevo a su despacho. Asha ya había limpiado los restos de la cena. “Tremendamente eficiente esta chica”, pensó para sí. Escribió en una lista unos cuantos materiales que iba a necesitar, y buscó a su hija en su cuarto.

- Sam.
- Dime mama.
- Toma esta lista. Busca estos materiales en el almacén. Que Asha te ayude. Esto es prioritario, que termine las tareas más urgente si no lo ha hecho ya, y vaya contigo. Luego lo traéis todo a mi despacho. Ah, necesito un collar, coged el de mejor factura que veais del cofre. Pero que no sea de ningún metal precioso, si puede ser. No se si habrá alguno. Y que sea grande. Tiene que entrar en un cuello muy fornido.
- Muy bien mama.

Cuando Samlara y Asha entraron al despacho encontraron varios libros abiertos apilados encima de la mesa, y a Zoe de pie, sumergida en la lectura de un gastado tomo de esquinas raídas. Finalmente levantó la vista, dejó el libro abierto por la página que estaba leyendo encima del montón, y agarró un pergamino que tenía al alcance de la mano.

- Bien, muchas gracias a las dos. Ahora hija tu te vas a dormir...
- Pero...
- Sin peros. Este no es el momento en que voy a necesitar tu ayuda, ni debes estar aquí todavía. Vamos. - Espero a que su malhumorada hija saliera del despacho - Y tu, Asha - la joven y alta novicia prácticamente se cuadró al escuchar su nombre -, si quieres puedes prepararte algo de café. Quizás te haga falta, vamos a estar toda la noche ocupadas con esto - mientras pronunciaba las últimas palabras giró el libro que previamente había estado leyendo, mostrándole a la joven clériga la imagen de un medallón acompañado de un texto al lado. El título decía “Medallón de la salvación del durmiente”.

miércoles, 7 de agosto de 2019

(Lundasar) Resumen sesión 6

Fecha: diciembre, principios.
Lugar: Ámar (linde del bosque)

Los apuestos héroes se dirigen a su misión. Y los nuestros, también.

Antes de irse, la niña blanca se dirige a Moa, y le huele: "Te ha marcado, ¿lo sabes? Crees que le estas cazando, pero realmente él te está esperando. Cuando creas que estás preparado, adéntrate en lo profundo del bosque, y derrama tu sangre. El camino se abrirá para ti, y podrás bailar con él, metal contra colmillo, garra contra puño... ¡Buena suerte!".

Siguiendo el sendero que se abre ante ellos, llegan a lo que parece un antiguo y abandonado castillo en medio del bosque.

Empiezan a explorar las derruidas estancias, hasta que un sonido les llama la atención. Cerca de un edificio al noroeste del castillo ven a una figura fantasmal, con ropas de noble de otro tiempo, que solloza con tristeza.

Le siguen al interior de un pequeño mausoleo, donde desaparece. Descubren al fondo de la estancia, a los pies de una pequeña columna que en su tiempo debió de ser un altar, unas grandes y pesadas losas que con algo de esfuerzo pueden ser retiradas, revelando unas escaleras hacia el interior de la tierra.

Abajo se encuentran con una pequeña sala llena de nichos a ambos lados, conectada al fondo con otra estancia, mediante una puerta de hierro de doble hoja.

Anomander entreabre una de las pesadas hojas, y ve una sala con dos féretros de piedra a cada lado, y una figura sentada en un trono de piedra al fondo. Distingue su aspecto seco y cadavérico, como el de un cadáver momificado tiempo atrás. Está enfundada en una armadura femenina, y se ve un brillo azul en las cuencas de sus ojos.

Tras una serie de divertidas -o no- dudas, y dimes y diretes, se deciden a entrar.

Cuando entran, una ráfaga de húmedo aire helado les golpea, al tiempo que oyen una voz áspera que murmura unas palabras supurantes de rabia: "¡Ah, venís a acabar lo que empezásteis...! ¡Arriba, mis fieles caballeros! ¡Arriba, mis fieles sirvientes! ¡Volved a servir a quien así os lo ordena, pues el odio no cesa!".

Tras decir estas palabras la antigua señora de Pangue Lorn se levanta del trono, seguida de tres de sus cuatro caballeros, que apartan las losas que cubren sus sepulturas. En la sala de los nichos se escuchan ruidos dentro de estos, y súbitamente las lápidas que los cubren estallan, y empiezan a vomitar tierra y huesos. Al poco, de esos montones, figuras esqueléticas empiezan a cobrar no-vida.

Nuestros astutos héroes deciden llevar el combate a la reducida sala superior.

Se enfrentan a la antigua señora de Pangue Lorn y finalmente consiguen derrotarla, pero la victoria se ha cobrado un alto precio: Eleonora cae durante el combate a manos de uno de los reanimados caballeros.

Moa entrega el cuerpo de Eleonora a los niños del bosque cuando todo termina, mientras los demás bajan a catacumbas, olvidandose de ella. Los niños del bosque se extrañan, pero cogen el cadaver, y se lo llevan en silencio, dejando a Moa solo y reflexivo.

El resto de miembros del grupo, tras recoger todas las ganancias que pudieron de las catacumbas (que se derrumbaron mientras se encontraban en pleno proceso de recaudación), vuelven con los niños también.

La niña blanca les lleva a un claro donde está el padre de Kelbarn, dentro de un círculo de coloridas flores. Parece dormido, su respiracion es regular y calmada. Kelbarn entra en el círculo, e inmediatamente después cae dormido. Acto seguido, los niños del bosque desaparecen en la espesura entre risas, pero nada más pasa.

Le sacan del círculo tirando de él con una rama. Nada más salir, se despierta, aparentemente sin ningún problema. Retiran el cuerpo del padre del mismo modo (quien también despierta sin problemas, aunque notablemente más debilitado), y finalmente vuelven al pueblo.

Al llegar a Ámar, cuando las cosas se calman, aparece la tristeza por la muerte de Eleonora. Lisur se vuelve más taciturno aún por esto, ya que para él se rompe un vínculo especial con una buena persona, una buena amiga. El mundo le parece ahora un lugar mas inhóspito y cruel que antes.

Anomander entrega el paquete al padre de Kelbarn, quien se lo agradece intentándole dar a probar su vino especial importado del lejano reino de Hun, pero el guerrero elfo lo rechaza amablemente. En repetidas ocasiones. Incluso -inventándose- que su religion le prohíbe beber. Bad elve. Dentro de la bolsa, por cierto, solo había un libro de cuentos, un oso de peluche y una nota para el padre de Kelbarn, donde su amigo había escrito "Unos regalos por el cumpleaños de tu hijo".

Al día siguiente, se encuentran en la plaza del pueblo con un gnomo que lleva el distintivo del cuerpo de magos del ejército de Pramo, enviado por la teniente Osa. Se llama Hazelnut, y les informa de que la oficial está a punto de llegar al pueblo al mando de una unidad táctica, para una misión en la Montaña Quebrada. Va a pasar por el pueblo para aprovisionarse, y quiere hablar con Kelbarn antes de irse.

Cuando llega propone a Kelbarn acompañarla y extiende la invitación al resto del grupo. En caso contrario al menos Kelbarn debe reportarse en Sora para reincorporarse al servicio activo. La misión consiste en investigar las cuevas donde se produjeron los incidentes del secuestro de los habitantes de Ámar meses atrás, y establecer incluso un pequeño puesto avanzado para supervisar posibles ataques de bárbaros de las montañas del norte.

El grupo elige mediante votación a guantelete alzado ir con Osa.

Al llegar a las faldas de la Montaña Quebrada, el grupo descubre con sorpresa que un campamento del ejército de la República de Seguin ya está ocupando la entrada de la mina. Osa se dirige a hablar con ellos, y una mujer con una armadura y distintivo distintos al resto sale del campamento, flanqueada por una falange de hierro. Se presenta como Valath, cabeza de la presente sección. Osa y ella cruzan palabras duras, y Valath se niega a mover el campamento de sitio. Osa no tiene más remedio que retirarse, de momento.

El ejército de Pramo (¡y nuestros intrépidos héroes con ellos!) monta un campamento improvisado en el margen del bosque, frente a la entrada a la mina. Osa decide enviar un mensajero a Sora solicitando instrucciones.

Pasan un par de días aburridos, en los que los héroes se dedican a pasear bucólicamente por el bosque, o a bañarse en el lago cercano.

Entonces los héroes se dan cuenta de que lo que realmente les gusta es la hebanistería y comer nueces, y dejan la vida de aventuras a cambio de hacerse artesanos en el trabajado fino de esculturas con frutos secos en Sora. Fin.

jueves, 10 de enero de 2019

Elloth - Isaha - Arghba - Memorandum



  • Los personajes escortan una caravana desde el Reino del Martillo hasta Isaha. Nada de interés acontece.
  • Los personajes reciben la paga y se van a celebrarlo a una taberna local.
  • Durante las bebidas, a uno de ellos (Fenec?) le roban la bolsa de la pasta, los personajes ven al ladrón y le persiguen por la ciudad.
  • LLegan a los barrios bajos donde justo cuando dan caza al ladrón ven como un grupo de sombras lo asesinan y recogen algo de su cadáver obviando la bolsa de oro. Los jugadores confrontan a las sombras (literalmente sombras, no es que seais miopes) y estas se quedan quietas y se rebanan su cabeza con una daga hecha de (ejem) sombras y se disuelven.
  • El ladrón (un adolescente) está muerto y al lado de donde fue herido mortalmente tiene tatuada una daga cruzada sobre un cuarto de luna creciente, Una marca de pertenencia a una cofradía de ladrones.
  • Las sombras recogieron un medallón del cadáver. El objeto es dorado con una insignia de la cabeza de un carnero embistiendo de frente sobre un yunque. Kodhros lo reconoce como la insignia de su clan: Los Stonehammer del cuál él es el único superviviente conocido.
  • Investigan por la ciudad (no recuerdo cómo, o más bien recuerdo muchas cosas pero se solapan con mis otras vidas). Pero la conclusión es que el clan Stonehammer fue masacrado hace 100 años en la piramide de Arghba en el desierto de Cali durante la celebración de la boda del primogénito del clan con una noble de un clan rival. El medallón, en perfecto estado de conservación, debe provenir de allí y por lo tanto para allá van los personajes.
  • Viajan a la pirámide atravesando el desierto, De camino, tienen un emotivo encuentro con unos bandidos y consiguen una espada larga de hoja completamente negra (o no, cambia según la luz) de botín. 
  • Llegan a la pirámide que está impoluta por dentro y por fuera. Atan a las monturas a la entrada. Se adentran en ella. Ven una fisura en la pared de la sala principal por la que se meten, la fisura se cierra tras ellos.
  • Se encuentran encerrados en una celda con los restos de un enano en el suelo muerto (sólo sus huesos). Revientan la puerta gracias a la espada que encontraron antes pero sacan un crítico y la empuñadura se rompe haciendo palanca.
  • Vagabundean por el subterráneo, ven que están en una zona con centenares de celdas iguales que por la que entraron. Mirando dentro de ellas, muchas están ocupadas por lo que parecen pilas de huesos de humanoides.
  • Tras un accidentado incidente con un cubo gelatinoso, encuentran un pozo de bajada y subida sin escaleras, simplemente el agujero en el techo y otro en el suelo. Escuchan ruidos inquietantes provenientes de arriba así que deciden ir para abajo descolgándose con cuerdas. (Hero time)
  • Llegan al suelo y ven unas escaleras en espiral que descienden aún más. Tras varios minutos de bajada llegan a otro subterráneo, en él se encuentran con varios mecanismos de tortura y al poco rato con una sala en la que hay dos cadáveres de enanos más frescos que los de arriba, destripados. 
  • Otro enfrentamiento casual con un bicho que vive en el fondo de un foso y palante.
  • Habitaciones más o menos bien acondicionadas pero vacías. Más celdas, también vacías. Escaleras que descienden aún más.
  • Llegan a una zona con minas y más habitaciones acondicionadas para vivir en ellas. Algún que otro barracón. Todo vacío. Una armería donde se pertrechan con armas pero no con armaduras (ya que son de talla enana).
  • Descienden más. Encuentran un par de habitaciones con trampas y acertijos (Chulk salva el día en la del agua).
  • Avanzan, se encuentran a un enano vivo y como una chota, le acompañana una legión de gárgolas. Se dan de hostias y matan al enano.
  • Se finí.



(Eperium) Historia de una moneda

-Entonces, tu preguntas con tu habitual galantería lagartoniana al mesonero acerca de ese tal Capitán Istrad... -comentaba medio distraída S...