Pack, pack, pack...
De alguna forma, aquél golpeteo era relajante.
Pack, pack, pack...
Sobre todo después de haber terminado con la corteza.
Pack, pack, pack...
Esa corteza cortaba como cuchillas contra sus nudillos.
Pack, pack, pack...
- ¡Y... basta! - la firma voz de su padre resonó a su espalda.
Relajó los brazos por primera vez en varios minutos y miró el resultado. La forma de sus puños podían trazarse perfectamente sobre la superficie hundida del tronco. Estaba satisfecho.
Hacía ya varios años que había pedido a su padre que le enseñara a defenderse y, poco a poco, el entrenamiento había dado sus frutos: era más rápido, más fuerte, y estaba más alerta que ninguno de los chicos de su tamaño.
Sin embargo, esas sesiones de combate habían despertado nuevas preguntas sobre su padre. Preguntarle directamente, por supuesto, era inútil. El hombre se cerraba en banda y además terminaba el entrenamiento de forma prematura. Ya había aprendido esa lección.
Parte de la educación de esas horas frente al árbol había consistido en callar y escuchar, en recoger información sin necesidad de pedirla. Si en algo conocía a su padre, esa reacción era intencionada.
Aún así, no saber de dónde había aprendido todo aquello su padre seguía siendo un picor al fondo de su cerebro, y uno que ni siquiera la áspera corteza de ese árbol conseguía calmar.
Recogiendo sus cosas, observó una rama en el suelo. Tenía la forma perfecta para usarla como arma...
- Ni se te ocurra - otra vez esa voz de trueno -. Nada de palos.
Terminó de recoger sus cosas en el hatillo y volvió hacia casa con su padre. Quizás algún día..
[Relato original de Chulk]
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