lunes, 10 de abril de 2017

Nym

- ¡Eh, tú, cara de roca, qué diablos estás mirando! ¿Te has perdido y no sabes volver a tu cloaca? ¡No seré yo quien te indique el camino, así que ya estás sacando tu infecto culo de mi honrado establecimiento, espantas a los clientes, despreciable bicho!

Con un gesto en extremo indiferente, la pequeña humanoide desvió la mirada hacia el escritorio desde donde el tendero había escupido un odio racial que ni él mismo comprendía. Un honrado establecimiento honrado… Aquel tugurio, aquel sumidero de podredumbre apenas sí podía considerarse un local comercial, cuya honradez, empero, había quedado desterrada sin contemplaciones largos años ha.

Nym se deslizó entre la muchedumbre que abarrotaba aquél espacio irrespirable atiborrado de manadas de humanoides hasta tener en ángulo el cajón donde había perdido de vista la manaza del tendero. A una distancia de unos nueve pies, con una delicadeza digna del más entregado artesano, asestó un golpe certero a la altura de la cintura de un hombre con más aspecto de oso que un propio plantígrado. Su habilidad residió en hacerlo coincidir con un movimiento lamentablemente desafortunado por parte de un cliente adyacente, sembrando el caos entre amenazas y exabruptos. La confusión que imperó a partir de aquel momento, cual manto de espesa niebla, permitió que, de su pequeño tamaño y discreción ayudada, alcanzase la bolsita que el tendero acababa de guardar. Aquella cerradura suponía un insulto a su destreza; guardó aquelló que había venido a “recoger” y en su lugar dejó una tela pegajosa que desprendía un polvo azulado, casi como humo al arder el incienso.

A la mañana siguiente encontraron el cadáver del insolente propietario de aquel cuchitril tendido sobre el suelo junto a su mesa de despacho. Su gesto invitaba a pensar que la suya no había sido la más dulce de las muertes.

A tres lunas de aquel lugar se producía un intercambio: un paquete de formas geométricas por un objeto pequeño, simple, pulido, sin trabajo de valor apreciable, pero cuya sola vista había hecho centellear las negras pupilas de la pequeña gnoma. Ahora, quizás, podría volver a su hogar. A las profundidades. Y restaurar el honor y recuerdo de su Casa. Mas, quizás, eso había comenzado a perder todo interés. Junto a la bagatela, había recibido una propuesta...

[Relato original de Mu]

No hay comentarios:

Publicar un comentario

(Eperium) Historia de una moneda

-Entonces, tu preguntas con tu habitual galantería lagartoniana al mesonero acerca de ese tal Capitán Istrad... -comentaba medio distraída S...