jueves, 30 de marzo de 2017
Kelbarn
Glonin
lunes, 27 de marzo de 2017
(Lundasar) Resumen sesion 1
Una tarde de comienzos de otoño la vida dura y tranquila de Ámar se ve rota por el asalto repentino de un grupo de hombres armados, de procedencia e intenciones desconocidas.
Los jóvenes Lisur, Eleonora Karia, Kelbarn y Finan "Dedos Largos" se encuentran en la plaza en ese momento. Ven a los asaltantes entrar a hierro y fuego en la plaza, y aunque el anciano clérigo de Chantea, Turm, consigue derribar a uno de los jinetes y el enano herrero del pueblo lo remata en el suelo, los demas empiezan a expandirse por la plaza. Mientras deciden que acción tomar, ven a Turm caer, atravesado por dos flechas , y deciden escapar al bosque.
En el bosque, subidos a un árbol, ven a una patrulla de asaltantes a punto de embocar a dos miembros de la milicia local, y deciden intervenir, ganando la escaramuza. Después de esto, deciden ir a Sora, capital de la región.
Llegan a Sora tres dias y poco después. Allí son atendidos por "Osa", la oficial de intendencia encargada de mediar en los asuntos entre civiles y milicia. El estado les da cobijo y manutención hasta que una patrulla vuelva de investigar lo sucedido, en aproximadamente nueve dias.
En ese tiempo, cada uno aprovecha para conseguir sus propias metas:
- Lisur intenta entrar en una orden de monjes guerreros, pero le consideran demasiado mayor y ademas fracasa en un combate de prueba. Más tarde, gracias a Kelbarn y Finan, encuentra en la taberna "La Olla y el Arpa" a Maika, quien parece ser una persona con conocimientos avanzados de disciplina marcial, y accede a entrenarle.
- Eleonora intenta entrar a formar parte del clero de Pelor y, a pesar de ser rechazada en un primer momento, a traves de sus rezos recibe un sueño que le acaba por servir para ser aceptada, demostrando que su fe es verdadera. Consigue finalmente servir en un pequeño templo al noreste de Sora, dirigido por la sacerdotisa Lambia.
- Kelbarn ingresa en la milicia, sección exploradores, donde tras un tiempo de entrenamiento acaba por pasar la prueba del bosque: se despierta en un claro rodeado de arboles sin herramientas ni orientación. Tras conseguir encontrar algunas herramientas ocultas y orientarse correctamente se dirige de nuevo a Sora, pero cae en una trampa de foso. Con una puntuación satisfactoria de dos sobre tres puntos consigue entrar en el cuerpo de exploradores.
- Finan, tras varias tardes de busquedas infructuosas de gente que pudiera ser de alguna cofradía de ladrones en Sora, acaba finalmente por ser contactado por miembros de una. Tras alguna prueba de interés pasada por los pelos, es aceptado en la cofradía de las Cuatro Llaves.
Unos dias después de estos acontecimientos, llega de vuelta el grupo de reconocimiento enviado a investigar los sucesos de Ámar. Informan de que el pueblo esta quemado en más de la mitad, y de que no hay ningún superviviente. Una fosa a las afueras del pueblo, con unos 20-30 cuerpos estimado, es toda la evidencia que queda de sus habitantes.
Tras debatirlo, deciden ir a su pueblo natal a despedirse. Una vez allí, al visitar sus casas, Kelbarn encuentra un cierto desorden en la despensa, como si faltaran víveres, y Lisur descubre un pequeño y bien cerrado cofre metálico tras inspeccionar minuciosamente su hogar. En las casas de Eli y Finan, no se aprecia ningún cambio desde el dia del asalto.
Todas sus casas, situadas en el lado oeste del pueblo, se han salvado del fuego.
Se dan cuenta de que no hay cuerpos en ningún sitio, y de que la cuenta de habitantes y fallecidos no cuadra. Suponiendo que han debido de ser capturados, se disponen a buscar indicios.
jueves, 23 de marzo de 2017
K y Big Mama - Intro
- K.
- ¿Cómo?
- Ki.
- Vale.
- Bien, y ahora que por fin has pronunciado bien su nombre, ¿podemos ir al meollo? - dijo con impaciencia Big Mama, soltando pesadamente su martillo encima de la mesa. Suspiró y miró a su alrededor.
K giró la cabeza y miró por enésima vez a los casi dos metros de su compañera. Todavía no tenía muy claro por qué se le había unido en un primer momento. Quizá, pensaba, había visto en él una persona débil a la que defender. Quizá había visto en él a un paria, una persona como ella que no encajaba realmente en la sociedad de Ruan-Hem… quizá, pensó finalmente, no era una humana muy inteligente.
Notó, aun sin mirar, la mirada del tiefling, y la evitó deliberadamente. La sacaba de quicio cuando la miraba de esa forma, entre pensativo y cansado, con esos ojos negros que parecían dos pozos sin fondo. Se pasó la mano por la cabeza lentamente, notando el tacto aterciopelado del pelo que empezaba a salir de nuevo.
-¿Y bien, cariño? ¿Vas a estar mirándome toda la noche o me vas a decir que hacemos aquí hablando con este?
K se tocó el colmillo con el pulgar de la mano derecha en un gesto casual que no conseguía evitar hacer. Cerró los ojos y orientó la cabeza para volver a mirar al hombre que les impedía el acceso al establecimiento y, en un gesto casual, dejó una moneda de oro que nadie sabía muy bien de dónde había salido sobre la mesa del guardia.
-Espero que esto agilice los trámites. Nos urge un poco vender la mercancía que llevamos…
En un solo movimiento rápido y eficiente que demostraba su práctica rutinaria, el guardia hizo desaparecer la moneda sin dejar de mirarles.
-La mercancía… urgente… es bien recibida en el almacén de Garth.
Finalmente, con un ligero movimiento de cabeza, les indicó que pasaran. Mientras Big Mama recogía su martillo, masculló un “Y cuidado con los bolsillos y las costillas”, para a continuación fijar su atención en los siguientes de la fila.
-Oye K -dijo la guerrera al poco de empezar a andar- no te separes mucho de mi. Puede que haya amiguitos tuyos cerca -dijo sonriendo alegremente.
-Me encanta cuando me tratas como a un crío M.
La puerta al almacén de Garth se abrió y K comenzó a caminar detrás de Big Mama. Lo bueno de ir con la gigantesca humana, pensó, es que nadie prestaba atención al pequeño humanoide encapuchado que la seguía. Y eso, cuando una de las cofradías más poderosas de Ruan-Hem te tiene bajo el punto de mira, era una ventaja notable. Entraron.
-Eh, K, ven un momento -dijo la humana acercándose a un puesto cercano de fruta-. Deme una de esas manzanas, si, de esas, de las rojas -le indico al tendero-. Tienen una pinta cojonuda -comento, mas para si misma que para nadie. Pago la fruta y siguió andando-. Por cierto, quizas deberiamos mirar la lista que me dio el druida antes de salir. Quiere unas hierbas de no se que, importantes para un ritual de no se cuantos. Para mi que solo quiere fumar, ¿eh? -miró con socarronería a su compañero, mientras buscaba con la mano izquierda el papel por debajo de su armadura-. Ah, ese tugurio apartado del fondo parece un sitio tan bueno como cualquier otro para intentar comerciar, ¿te parece? -señaló el sitio con la cabeza, mientras distraídamente, se llevaba la manzana a la boca, dispuesta a darle un buen bocado.
-No entiendo como puedes comer esas guarradas. -dijo el tiefling distraído mientras miraba hacia donde apuntaba su compañera. -Si, eso puede servir. Parece suficiente antro como para que nos compren lo que se le cayó al noble aquél la noche aquella. Esta vez déjame hablar a mi, ¿ok? Intentemos no repetir la escenita de la taberna otra vez.
Sin esperar una respuesta, K se introdujo en el establecimiento y, esquivando los enseres que se amontonaban en pilas inestables por el suelo, se dirigió con paso decidido al dependiente.
M sonrió al recordar el incidente de la taberna. Si, fue divertido. Era una de las cosas que le gustaban de K: con el, nunca te aburrías. Ya fuera...
Súbitamente algo llamó su atención, a su espalda.
Se giro con rapidez. Nada, todo normal. Gente andando, hablando, comerciando.
Tras unos segundos, dio otro bocado a la manzana mientras echaba un último vistazo, y entró en el local.
El lugar olía un poco a moho, a papel viejo e incluso a herrumbre. Perfecto, parecía justamente el tipo de sitio que estaban buscando. Sujeto la manzana con la boca, liberando así ambas manos mientras intentaba de nuevo buscar la lista del druida.
-Nada, mierda, ni idea de donde esta... Bah, que se joda. Luego le diremos que no nos la dio, o que estaba escrita en su idioma. -dijo como pudo a K, aunque no sabía si este la escuchaba, porque parecía dirigirse ya a hablar con el comerciante.
Metro ochenta, tez oscura, hombros anchos y leve cojera. Pelo corto, negro, casi rapado, de unos 40 años de edad, barba incipiente. K le lanzó la bolsa que el mercader recogió al vuelo.
-¿Qué es esto? - preguntó mientras abría la bolsa.
-Nuestro salvoconducto. Te quedas con lo que hay dentro y a cambio le dices a tus colegas que nos dejen operar en la ciudad un par de semanas con tranquilidad.
-¿Y si me niego?
-Si te niegas me devuelves la bolsa y nos vamos - replicó K sonriendo - si te niegas y además te quieres quedar mi bolsa, mi amiga y yo tendremos una charla bastante menos amistosa contigo que esta. Y nadie quiere que eso pase, ¿verdad?
K miró por encima del hombro buscando a M. Un poco de bravuconería estaba bien, pero mejor acompañarla con algo de músculo.
Big Mama vio de soslayo a K buscándola, y discretamente se acercó a el. Tenía el gesto serio mientras esperaba una respuesta del comerciante quien, por su parte, pasaba la mirada del uno al otro, pensativo.
Conocía bien esa mirada.
K le habia pedido que le dejara hablar a el, y que no creara problemas, así que decidió ser educada.
-Escucha Joe -dijo, escupiendo algún trozo de manzana en el proceso-. Aquí mi pequeño amigo creo que te ha ofrecido un buen trato, y creo igualmente que deberías considerarlo. - M se quedó mirando fijamente al comerciante, mientras daba un último bocado a la ya casi inexistente manzana. Cuando terminó, le lanzo el resto de la manzana al tendero, la cual rebotó cómicamente contra su cabeza, antes de caer en medio de un silencio sepulcral al suelo.
Mientras veía acercarse a lo que momentos antes parecían clientes del local, pensó que quizás no había sido tan diplomática como ella pensaba.
Mientras se ponía en movimiento K maldijo para sus adentros. Sabía, sabía, que esto podría llegar a pasar si dejaba a Big Mama con autonomía suficiente. Lo que no tenía muy claro era por qué aún así la había invitado a venir con él al distrito comercial. Creía que, en el fondo, era porque disfrutaba con su presencia. Cuando M estaba por la zona siempre ocurrían cosas interesantes.
Un segundo más tarde, mientras estas ideas bullían en su cabeza y sin que nadie supiese muy bien cómo había llegado hasta allí, el cuchillo de K dejaba un hilillo de sangre en el cuello del comerciante mientras lo agarraba desde detrás por la frente.
-Dile a tus esbirros que no se muevan ni un paso más o estás muerto. -susurró K en su oído.
Cuatro, cinco… no, seis. Al menos, seis que ella viera. Había aprendido eso de K: con el, con ellos, no era tanto los que vieras, como los que no vieras. Se sorprendió al ver repentinamente a su amigo detrás del comerciante, con una daga en su cuello. ¿En que momento habia llegado ahi? Por la cara del tendero, imaginaba lo que el tiefling le estaba diciendo. En cualquier caso, era el momento de la fiesta, así que con la agilidad que da la práctica se puso al Abuelo en el brazo izquierdo, y cogió a la Abuela con la mano diestra. Lista para el baile.
-¿No ves, Joe? Tendrías que haber aceptado el trato. Mira lo que ha pasado por tu culpa -remarcó el “tu” especialmente; había que ir preparando la defensa para cuando mas adelante K la acusara injustamente por su fallido intento diplomático.
-Yo… escuchad… ¡quietos chicos! Escuchad, vosotros dos idiotas… estáis muertos… pero si dejais aqui la bolsa aun podeis vivir hasta salir de este sitio… y negociare para daros una semana… después, os reunireis con vuestro creador…
-El tiempo para negociar ha pasado… Joe. Tira la bolsa al suelo y ordena a tus hombres que hagan lo mismo con sus armas.
El falso mercader dejó caer la bolsa y K indicó con un gesto de su cabeza a Big Mama que se fuese acercando a la puerta trasera del local. K le dio un empujón a la bolsa con el pie hacia esa salida, aunque ésta quedó atascada en una pila de objetos cercana.
-M, recoge la bolsa y todo lo que necesites a la que sales por la puerta. Nos vemos en la posada en un rato. Espérame allí e intenta que nadie te siga. Si en dos horas no he vuelto vete de la ciudad ya te busco fuera. Ah, y léete ese libro que te regalé mientras esperas por favor.
La guerrera guardó de nuevo el martillo mientras se dirigía rápidamente a por la bolsa. Mientras la recogía, y de paso agarraba una caja sencilla que había cerca, no dejaba de pensar en cual era el "libro" que decía.
Estaba claro que era la señal de tirar la "pelota", pero ¿cual, la blanca o la negra? Recordaba a K diciéndole que era importante, que memorizara bien cual era para cada situación, pero no conseguía acordarse de cual tenía que lanzar ahora... blanca o negra, blanca o negra...
"A tomar por culo", pensó. Con la única mano libre que tenía, sacó el colgante que llevaba al cuello, arrancó las dos esferas del tamaño de una ciruela que tenía, y se dispuso a lanzarlas.
- Erm... ¡Biblioteca! -la verdad, no era un gran aviso, pero con la tensión del momento no se le ocurrió nada mejor.
Lanzó las dos pelotas al centro del local, y se protegió tras el escudo. De inmediato, dos sonidos como dos pequeñas deflagraciones indicaron que se habían roto. De donde había caído la esfera blanca surgió un destello de luz cegadora que deslumbró a todos aquellos que no se protegieron adecuadamente, mientras que de los restos de esfera negra empezó a salir un humo gris que fue cubriendo la estancia.
Big Mama se dirigió a la salida, cargada con la bolsa y el cofre pequeño, pero justo antes de traspasar el umbral se detuvo, miró atrás, y volvió unos pasos hasta donde estaba uno de los esbirros frotándose los ojos. Aspirando profundamente, concentró su fuerza en un único puñetazo a la cabeza que encontró, y derribó, a su objetivo.
Riéndose todo lo bajito que podía, se volvió y desapareció por la puerta trasera.
La esfera de humo cubrió la escena mientras fuera de ésta la luz brilló cegadora durante un segundo dejando a quien se encontraba en su radio de acción incapacitado. Cubierto por gas, K y el hombre al que habían ido a ver continuaban exactamente en la misma posición que antes de las explosiones.
-Bonito tatuaje el de tu nuca - susurró K - no sabía que las dagas tuviesen gente en esta ciudad pero eso explica muchas cosas. -el tiefling hizo una pausa de un segundo mientras sopesaba sus opciones
- Dale saludos a Osco.
K abrió una segunda boca en el cuello del falso mercader y, dando un paso atrás para evitar salpicarse de sangre, palpó la pared detrás de él. Siempre memorizaba la ruta óptima hacia la salida en previsión de que algo de esto pasara. Era un hábito que le había resultado muy útil en infinidad de ocasiones.
Cuando llegó a ella, ya fuera del humo, vio como Big Mama se había dado la vuelta y se entretenía juguetona golpeando a un pobre diablo ciego en la cabeza con toda la fuerza de su musculoso brazo.
-Sólo por estas pequeñas tonterías merece la pena ir con ella - pensó sonriendo.
Salió al exterior rápidamente. Quería llegar antes que ella a la posada, recoger las cosas y preparar el petate. M podría no ser muy femenina, pero como a toda mujer le costaba mucho salir a tiempo de casa.
Y hoy tenían prisa, mucha, mucha prisa.
Mordu (y el señor Ojitostiernos)
No era la primera vez que le pasaba, pero claro, tampoco era tan habitual. O quizas sí. No lo tenía claro, a veces le costaba recordar ese tipo de cosas. En cualquier caso, encontrarte a ti mismo ahorcado no era de esas cosas normales que a uno le pasan durante el dia, como bostezar, orinar u ordenar a un manchado dar vueltas alrededor del campamento tapado sólo por su casco mientras cacarea y grita "soy un pollito traviesito que va a portarse hoy mejor". No, ni hablar. Esto era algo más parecido a aquella vez, ya no recordaba muy bien cuando o con quien, en que un amigo suyo había intentado coger una carta de un muerto, pero el muerto le había agarrado la mano antes. Luego, para cuando él llego, el muerto ya habia muerto. Esto le puso un poco triste. Morir una vez estaba mal. Morir dos, muy mal. O aquella otra vez, lejos de alli, en que tuvo que destruir a unos habitantes de una casa. No estaba muy bien, pero claro, necesitaban la casa, y además eran muertos vivientes. Acabo todo hecho un desastre. Por suerte luego el fuego...
- ¡Por las barbas de mis ancestros - exclamó Glonin - que pesado eres! ¿No podrías callarte un poco?
- Desde que salimos del pueblo lleva hablando, no para. Puedo sentir, sin necesidad de concentrarme, el hastío de su caballo - dijo Ailen, mirando a la montura de Mordu.
- Al menos cuando habla en murmullos es más silencioso -comentó Nym con voz aguda-. Aunque esa risilla que se le escapa de vez en cuando me pone nerviosa...
- Y a veces me toca - aportó Shing -. Y no me gusta que me toquen - añadió, en voz baja.
¿Preparados?
-¿Por fin estás lista?
-Si Fenec.
-¿Del todo o como la última vez?
-Del todo Fenec.
-¿Llevas agua?
-Llevo agua Fenec.
-¿Seguro? Comprobé tu cantimplora hace un rato y estaba casi vacía. ¿La has rellenado?
-Llevo agua Fenec.
-¿Y comida? ¿Has guardado los útiles? ¿Has recogido todo y lo has guardado bien?
-Si a todo Fenec.
-Bien, vámonos. Kodrhos hace un rato que ha salido. Adelantate, voy a buscar al resto. ¡Eh Shirgol, Rolgh, ya podemos irnos!
-¡Por fin! ¿Ya ha terminado? ¡Casi me da tiempo a mudar de piel!
-...
-Es gracioso porque los dracónidos no mudamos de piel.
-Ah, si. Bien. Sí, ya se ha puesto en marcha, por allí va. Espera... ¿Y ahora se pone a sacar un trapo y agua para limpiar el arpa? Es increíble, que inconsciente es, tirando así su agua. En mi arboaldea teníamos un dicho de los sabios que decía...
-Bueno, no esta tirando SU agua -apuntó Shirgol.
-¿Qué?
-Ni lo has visto, ¿verdad? - preguntó Rolgh.
-¿Espera qué...? Espera, ¿QUÉ? ¡Eh! ¡Eh! ¡Tu, mediana ladrona! ¡Eh! ¡Deja de tirar MI agua en ese trapo mugriento! ¡Oye!
-Mmm... -murmuró Shirgol- ¿En ese trapo mugriento...? Eso tampoco lo ha visto, ¿verdad?
Del épico encuentro con mágicas criaturas
El joven humano se detuvo frente a la puerta del local. Dentro se oían, entre breves momentos de silencio, gritos, risas, aplausos y golpes de jarras y puños contra madera. Abrió la puerta, y un aire húmedo cargado de olor a sudor y cerveza le envolvió. Tan asfixiante, tan familiar.
No fue difícil encontrarla, al fondo de la brumosa taberna, subida en una mesa, gesticulando ampliamente mientras relataba algo, capturando la atención de su audiencia, haciéndola suya. Sus ojos se cruzaron, y supo que ella le había reconocido, aun cuando no hubo ningún gesto externo. Sentándose en una destartalada silla junto a la entrada, se dispuso a disfrutar del espectáculo.
- Así que tu eres esa gran barda de la que desde hace poco solo se escucha hablar, pequeña... - masculló para si mismo.
No pudo seguir oyendo su propia voz, ya que en ese momento la multitud estalló en vítores y aprobaciones. Desde un lugar indeterminado, alguien gritó "¡Eres un cabrón con suerte Olk, si la barda no te hubiera dormido te habrías cagado tanto cuando llegaras delante de aquellos renegados que no te habrías librado del olor en tu vida!" La multitud aprobó la interrupción con más risas y golpes en las mesas.
- ¡Calla hijo del desierto! ¡Olk demostró el valor de un héroe! ¡Según les vio, sin dudar un instante ni preocuparse por su propia integridad, cargó contra aquel grupo de ocho indeseables! - respondió la barda, señalando a un hombre mayor, algo estropeado, que refulgía de orgullo a un par de mesas de distancia.
- ¡Cántanos la Canción del Bardo! - pidió uno.
- ¡Cuenta otra vez lo de los dragones! - gritó otro.
- ¡Conseguiréis secar la saliva de mi boca, perros Isahianos! ¡Esta bien, una última vez! - Sirena enmudeció, hasta que la algarabía general hizo lo propio. Entonces, empezó a relatar.
"Era una noche de luna creciente, tranquila. Mi valiente compañero draconiano hacía guardia cuando escuchó un sonido ominoso, terrible, el sonido de la misma muerte: aquel que dos pares de alas enormes descendiendo en la obscuridad insondable de la noche producen... Entonces, aterrizando sobre los restos de las semiderruídas casas del refugio, pudo ver, a la luz de la pálida luna, sendos dragones, majestuosos, solemnes, mortales. Los pocos rayos de luna que, valientes, se atrevían a pasar entre las nubes para iluminarles, arrancaban reflejos verde jade de sus cabezas alzadas, mientras ellos buscaban en el frío aire nocturno a la que sería su siguiente víctima... Sigiloso, nuestro vigía se acercó a mi para despertarme, aunque yo ya me encontraba despierta y alerta, pues los años de aventuras te enseñan a dormir con una mano bajo la almohada, y la otra sobre la daga. Entonces, reuniendo a estos mis bizarros compañeros que ya conocéis (ese el fuerte enano, aquel el sabio hombre de la naturaleza, este el feroz gladiador y allí el poderoso draconiano)..."
De repente, se sintieron, mas que se oyeron, tres pequeñas explosiones de humo negro justo detrás de la mesa en la que se encontraba subida la mediana. Inmediatamente, los miembros del grupo antes mencionado por la barda se levantaron y, desenfundando sus armas, cerraron filas en torno suyo. Ella sin embargo, sin mostrar el mas mínimo temor, les murmuró algo que no pudo ser escuchado, y se adelantó a donde las brumas oscuras empezaban a revelar lo que parecían figuras humanoides.
Tras unos segundos, una de las figuras quedó libre completamente de sombras, mientras en las otras solo podían verse, entre remolinos de sombra obscura, unos ojos, brillantes como estrellas blancas en una noche negra. El hombre, musculoso, desnudo de torso para arriba, y con un tatuaje en el pecho (reconoció la luna y la daga que lo identificaban como miembro de la "Cofradía de las dagas"), sostenía algo en la mano, en una actitud solemne.
Entonces, el hombre de la Cofradía, poniendo una rodilla en el suelo para ponerse al nivel de su interlocutora, le tendió la mano, revelando un objeto en su interior.
- En nombre de la Cofradía de las Dagas, te nombramos, barda Sirena, miembro de honor de nuestra hermandad. Acepta este colgante como muestra de nuestra amistad. - extendió la mano y mostró un collar brillante, con el mismo símbolo que llevaba tatuado en el pecho grabado en una medalla.
La mediana sonrió. Agarrando al hombre del cuello le besó y, acercándose a su oído...
- Tu... mmmyo... hacer... mcosas divertidasm... jijiji... - se oían unos murmullos apagados provenientes de un rincón de la choza.
- Ya es hora de salir. Si no la despiertas tu le tiro su ración de agua en la cara. - le gruño Kodhros a Fenec, mientras terminaba de tragar lo que le quedaba de desayuno.
Asintiendo, Fenec se acerco al pequeño ovillo de ropa murmurante.
- Despierta, mi buena Sirena, es hora de recoger e irnos.
- ¿Ya es mediodía, mi buen hombre-arbol...? - pregunto entre bostezos la mediana.
- Me temo que no, apenas despunta el alba. Tengo curiosidad: te movías mucho, y de vez en cuando soltabas alguna risilla. ¿Que tal han sido tus sueños?
- Dulces, hombre-arbol. Mis sueños siempre son dulces - respondió ella, sonriendo abiertamente.
Sirena - Intro
- "...y de aquesta forma, tras presentarse ante su petrificada madre, igual que previamente habíase encontrado delante de la tumba simbólica de su padre, le juró en solemnes terminos que por su honor y su amor a su familia y su noble legado encontraría el vial o hechizo que desfaciera los problemas del suyo reino, acabando con el mal del carnenpiedra, o bien, fallando en el riesgoso intento, no volvería, pudiendo esto solamente significar su fallecimiento en el transcurso de esta su gloriosa, aunque triste, gesta." Y por eso esta por aquí, ahora. - terminó Rastir.
- ¿Eso te dijo? ¿Y con esas palabras?
- Como te cuento Drom, ¡Por las aguas del Saha, que nunca se desborde ni se seque, que tenemos a una heredera de un reino entero como guardiana de la caravana! ¡Qué te parece! Y según he oido también es una poderosa hechicera...
- Hmm... - murmuró Drom por toda respuesta.
- ¿Qué pasa, no te parece increíble?
- A mi no me contó exactamente eso... me dijo que sus padres habían sido ambos convertidos en piedra, si, pero no que fueran reyes, sino nobles de baja talla, y que esto fue el resultado de unos conjuros lanzados por peligrosos demonios en el lejano norte, de donde dijo que se hacían objetos prodigiosos de un material único, conocido como "especia", o "esencia", o algo así. Me dijo que ella llego a tener una daga hecha de este increíble material, irrompible y siempre afilada.
- ¡Tengo que pedirla que me la enseñe!
- Dudo que pueda, según me conto la perdió batallando contra esos demonios en su huída al sur.
- Oh, me habría encantado verla. Un arma de esas caracteristicas debe ser única, se me escapa de la mente su posible precio...
- Eh, Restir, Drom, ¿Hablais de la espada con la que me conto la halfling que fue capaz de enfrentarse a un dragón, y hacerlo huir? ¡Increíble! Una pena que se quedara clavada hasta la empuñadura en su coraza de escamas, ¿eh? ¡Esa chica es alucinante! - exclamó, señalando a una mediana comodamente sentada en la parte trasera de un carromato.
- Sander, ¿Por qué va subida al carro en vez de en camello como el resto? - preguntó Drom.
- Ah, la pobre me dijo que estaba muy cansada, y que le empezaba a doler la rodilla por la posición, dice que desde que tuvo que estar corriendo durante tres días para escapar de un Titán, no ha vuelto a funcionar igual...
- ¿De un titán...? - preguntó Drom.
- ¿¡De un Titán!? - exclamó Rastir.
- ¡¡De un TITÁN!! - proclamó Sander.
Los tres mercaderes se quedaron mirando a la barda, quien tranquilamente parecía ir afinando las cuerdas de su arpa. En algún momento se dió cuenta de que la observaban y afablemente les saludo, guiñando un ojo a Drom en el proceso. Después, siguió tranquilamente tañendo una serena melodía de arpa, atenta sólo a sus cuerdas.
- De todas formas, lo del titán, no me lo creo. - murmuró Drom para sus adentros.
De como el portal fue encontrado
“Se aproximaron cautelosamente al agujero. A través de él una habitación era visible. El efecto del campo del portal creaba curiosas ondulaciones en el suelo de piedra que veían, similares a las juguetonas luces que bailan en el fondo de un estanque.
- ¡Un portal! - exclamó asustada Taake.
- Mmm, un portal - masculló a su vez Solfi, uraño y desconfiado.
- Un portal, sí, amigos, pero, ¿adonde? - dijo Nurald acercándose el borde, sonriente y jovial, el viento besando dulcemente sus cabellos cobrizos - Os diré adonde: ¡a la aventura! - se giró, sonriendo cálidamente - ¡Vamos amigos, la leyenda que estamos a punto de forjar nos espera! ¡Saltemos! ¡Los bardos cantarán nuestra historia! - dijo, y saltó intrépidamente al portal, en busca de los desconocido e inesperado.”
- Espera, espera, ¿cómo que “exclamó asustada Taake”? ¡Yo no estaba asustada!
- ¿Y como que “masculló Solfi, uraño y desconfiado”? ¡Yo no me llamo Solfi! ¡Mi nombre es Solstafir, y ha pertenecido a mi clan durante más generaciones que años tienes tu, patético Contador de Historias!
- ¡Oh, vamos amigos, son pequeñas licencias artísticas, toda gran leyenda tiene las suyas!
- Si no hubiéramos cruzado ese portal, mi forja aún estaría en pie...
- Por no mencionar el dinero perdido... ¡Casi puedo oír los gritos de mis parientes a través del velo, maldiciéndome por confiar en vosotros! ¡Se supone que debemos reunir dinero para conseguir un ejército, no perderlo en tabernas de otros planos!
- Bueno, bueno, ¡pensad en la gran gesta que acabamos de comenzar! Acabamos de empezar algo grande, ¡los bardos...
- ...cantarán nuestra historia. - terminaron a dúo Taake y Solstafir.
- Siempre que dice eso, pasa algo malo... - dijo Taake, suspirando.
- Mmm - gruñó Solstafir.
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De como el portal fue encontrado
“Se aproximaron cautelosamente al agujero. A través de él una habitación era visible. El efecto del campo del portal creaba curiosas ondulaciones en el suelo de piedra que veían, similares a las juguetonas luces que bailan en el fondo de un estanque.
- ¡Un portal! - exclamó asustada Taake.
- Mmm, un portal - masculló a su vez Solfi, uraño y desconfiado.
- Un portal, sí, amigos, pero, ¿adonde? - dijo Nurald acercándose el borde, sonriente y jovial, el viento besando dulcemente sus cabellos cobrizos - Os diré adonde: ¡a la aventura! - se giró, sonriendo cálidamente - ¡Vamos amigos, la leyenda que estamos a punto de forjar nos espera! ¡Saltemos! ¡Los bardos cantarán nuestra historia! - dijo, y saltó intrépidamente al portal, en busca de los desconocido e inesperado.”
- Espera, espera, ¿cómo que “exclamó asustada Taake”? ¡Yo no estaba asustada!
- ¿Y como que “masculló Solfi, uraño y desconfiado”? ¡Yo no me llamo Solfi! ¡Mi nombre es Solstafir, y ha pertenecido a mi clan durante más generaciones que años tienes tu, patético Contador de Historias!
- ¡Oh, vamos amigos, son pequeñas licencias artísticas, toda gran leyenda tiene las suyas!
- Si no hubiéramos cruzado ese portal, mi forja aún estaría en pie...
- Por no mencionar el dinero perdido... ¡Casi puedo oír los gritos de mis parientes a través del velo, maldiciéndome por confiar en vosotros! ¡Se supone que debemos reunir dinero para conseguir un ejército, no perderlo en tabernas de otros planos!
- Bueno, bueno, ¡pensad en la gran gesta que acabamos de comenzar! Acabamos de empezar algo grande, ¡los bardos...
- ...cantarán nuestra historia. - terminaron a dúo Taake y Solstafir.
- Siempre que dice eso, pasa algo malo... - dijo Taake, suspirando.
- Mmm - gruñó Solstafir.
Nurald - Intro
White Town. Ese es el pueblo donde nací, crecí y maduré. Al menos creo que nací allí. Mi muy reservado padre nunca fue demasiado explícito con respecto a donde o de quien nacimos yo y mis dos hermanos, aunque creo que podemos adivinar la raza de nuestra progenitora con bastante certeza, ¿verdad? Sea donde fuere, hace 28 años regalé mi primer canto al mundo, aún cuando este fuese en forma de llanto no muy armonioso.
Mi infancia y adolescencia en White Town no tuvo nada especialmente extraordinario, aunque tengo que admitir que solía sentirme un poco solo en ocasiones. Estos momentos fueron haciéndose cada vez más habituales, hasta que tomé la decisión de terminar mi etapa allí, y comenzar mi propia historia. Salí de allí sin rumbo fijo, aunque creo que interiormente la idea de encontrar almas afines me guiaba, por lo que quizás no sea tan extraño que acabara en una comunidad nómada de elfos del bosque, entre quienes estaba el que sería mi maestro durante años, Haru Voz de Plata, el Contador de Historias de la comunidad.
Nunca había considerado ser bardo, a pesar de que siempre había destacado en las artes y el canto (logro no demasiado meritorio creciendo en un pueblo de mineros), pero Haru vio potencial en mi. No te aburriré con detalles de las interminables horas de prácticas, las distintas disciplinas que tuve que aprender, las frustraciones, la alegrías que me deparó aquella etapa. Fue, como se suele decir, un guiso de todos esos ingredientes, y aún alguno más. El caso es que todo acto tiene un final, y el de este llegaba. Un día mi maestro me dijo que nuestro caminos se separaban, él ya había despertado y avivado mi llama todo lo que podía, y el momento había llegado de alimentarla yo mismo. Después de todo, sólo puede haber un Contador de Historias por comunidad. Como regalo final, me dijo que me regalaría el instrumento que yo quisiera de aquellos con los que él me había enseñado. La elegante flauta travesera, recuerdo, fue mi elección. La rama que peor dominaba mi maestro, bien lo sabía. Inconsciente, o conscientemente, creo que la escogí como desafío; “seré mejor que tu en aquello que no has podido dominar”. La soberbia, curioso como nos mueve a veces.
Después de aquello vague por aquí y por allá, busqué canciones, busqué historias, y, sobre todo, busqué dinero con el que pagar comida, alojamiento y algún que otro lujo ocasional. Pero hace poco volví a establecer contacto con una vieja amiga de mis primeros tiempos, y he decidido volver para visitar las tierras que me vieron crecer, y a los que crecieron conmigo. Curiosidad, supongo. Aunque ya sabes lo que dicen, la curiosidad mató al gato, así que habrá que tener cuidado.
Bueno, ya estoy listo. Ahora tengo que irme, dentro de poco amanecerá, y tengo mucho camino por recorrer. Siento no poder llevarte conmigo como te prometí anoche, pero viajo mejor solo, y además, te hago un favor: la vida del camino no es tan divertida como pueda parecer. Te dejaría algo de dinero, pero parecería que estoy insinuando que eres una simple prostituta, aparte que creo que ambos nos podemos considerar muy satisfechos con los tratos que hemos hecho esta noche. Al menos la habitación está pagada, y te despertarás muy descansada después de un sueño bien profundo y reparador; es el efecto que tiene el té de las raíces sombra cuando no estás acostumbrado.
Adiós, preciosa, y que tus dioses te cuiden.
Ailen Reynar
Batallón de castigo "Purgatorio"
Comandante Shing
Pueblo de Ámar, Reino de Pramo, República de Séguin
(Eperium) Historia de una moneda
-Entonces, tu preguntas con tu habitual galantería lagartoniana al mesonero acerca de ese tal Capitán Istrad... -comentaba medio distraída S...