- K.
- ¿Cómo?
- Ki.
- Vale.
- Bien, y ahora que por fin has pronunciado bien su nombre, ¿podemos ir al meollo? - dijo con impaciencia Big Mama, soltando pesadamente su martillo encima de la mesa. Suspiró y miró a su alrededor.
K giró la cabeza y miró por enésima vez a los casi dos metros de su compañera. Todavía no tenía muy claro por qué se le había unido en un primer momento. Quizá, pensaba, había visto en él una persona débil a la que defender. Quizá había visto en él a un paria, una persona como ella que no encajaba realmente en la sociedad de Ruan-Hem… quizá, pensó finalmente, no era una humana muy inteligente.
Notó, aun sin mirar, la mirada del tiefling, y la evitó deliberadamente. La sacaba de quicio cuando la miraba de esa forma, entre pensativo y cansado, con esos ojos negros que parecían dos pozos sin fondo. Se pasó la mano por la cabeza lentamente, notando el tacto aterciopelado del pelo que empezaba a salir de nuevo.
-¿Y bien, cariño? ¿Vas a estar mirándome toda la noche o me vas a decir que hacemos aquí hablando con este?
K se tocó el colmillo con el pulgar de la mano derecha en un gesto casual que no conseguía evitar hacer. Cerró los ojos y orientó la cabeza para volver a mirar al hombre que les impedía el acceso al establecimiento y, en un gesto casual, dejó una moneda de oro que nadie sabía muy bien de dónde había salido sobre la mesa del guardia.
-Espero que esto agilice los trámites. Nos urge un poco vender la mercancía que llevamos…
En un solo movimiento rápido y eficiente que demostraba su práctica rutinaria, el guardia hizo desaparecer la moneda sin dejar de mirarles.
-La mercancía… urgente… es bien recibida en el almacén de Garth.
Finalmente, con un ligero movimiento de cabeza, les indicó que pasaran. Mientras Big Mama recogía su martillo, masculló un “Y cuidado con los bolsillos y las costillas”, para a continuación fijar su atención en los siguientes de la fila.
-Oye K -dijo la guerrera al poco de empezar a andar- no te separes mucho de mi. Puede que haya amiguitos tuyos cerca -dijo sonriendo alegremente.
-Me encanta cuando me tratas como a un crío M.
La puerta al almacén de Garth se abrió y K comenzó a caminar detrás de Big Mama. Lo bueno de ir con la gigantesca humana, pensó, es que nadie prestaba atención al pequeño humanoide encapuchado que la seguía. Y eso, cuando una de las cofradías más poderosas de Ruan-Hem te tiene bajo el punto de mira, era una ventaja notable. Entraron.
-Eh, K, ven un momento -dijo la humana acercándose a un puesto cercano de fruta-. Deme una de esas manzanas, si, de esas, de las rojas -le indico al tendero-. Tienen una pinta cojonuda -comento, mas para si misma que para nadie. Pago la fruta y siguió andando-. Por cierto, quizas deberiamos mirar la lista que me dio el druida antes de salir. Quiere unas hierbas de no se que, importantes para un ritual de no se cuantos. Para mi que solo quiere fumar, ¿eh? -miró con socarronería a su compañero, mientras buscaba con la mano izquierda el papel por debajo de su armadura-. Ah, ese tugurio apartado del fondo parece un sitio tan bueno como cualquier otro para intentar comerciar, ¿te parece? -señaló el sitio con la cabeza, mientras distraídamente, se llevaba la manzana a la boca, dispuesta a darle un buen bocado.
-No entiendo como puedes comer esas guarradas. -dijo el tiefling distraído mientras miraba hacia donde apuntaba su compañera. -Si, eso puede servir. Parece suficiente antro como para que nos compren lo que se le cayó al noble aquél la noche aquella. Esta vez déjame hablar a mi, ¿ok? Intentemos no repetir la escenita de la taberna otra vez.
Sin esperar una respuesta, K se introdujo en el establecimiento y, esquivando los enseres que se amontonaban en pilas inestables por el suelo, se dirigió con paso decidido al dependiente.
M sonrió al recordar el incidente de la taberna. Si, fue divertido. Era una de las cosas que le gustaban de K: con el, nunca te aburrías. Ya fuera...
Súbitamente algo llamó su atención, a su espalda.
Se giro con rapidez. Nada, todo normal. Gente andando, hablando, comerciando.
Tras unos segundos, dio otro bocado a la manzana mientras echaba un último vistazo, y entró en el local.
El lugar olía un poco a moho, a papel viejo e incluso a herrumbre. Perfecto, parecía justamente el tipo de sitio que estaban buscando. Sujeto la manzana con la boca, liberando así ambas manos mientras intentaba de nuevo buscar la lista del druida.
-Nada, mierda, ni idea de donde esta... Bah, que se joda. Luego le diremos que no nos la dio, o que estaba escrita en su idioma. -dijo como pudo a K, aunque no sabía si este la escuchaba, porque parecía dirigirse ya a hablar con el comerciante.
Metro ochenta, tez oscura, hombros anchos y leve cojera. Pelo corto, negro, casi rapado, de unos 40 años de edad, barba incipiente. K le lanzó la bolsa que el mercader recogió al vuelo.
-¿Qué es esto? - preguntó mientras abría la bolsa.
-Nuestro salvoconducto. Te quedas con lo que hay dentro y a cambio le dices a tus colegas que nos dejen operar en la ciudad un par de semanas con tranquilidad.
-¿Y si me niego?
-Si te niegas me devuelves la bolsa y nos vamos - replicó K sonriendo - si te niegas y además te quieres quedar mi bolsa, mi amiga y yo tendremos una charla bastante menos amistosa contigo que esta. Y nadie quiere que eso pase, ¿verdad?
K miró por encima del hombro buscando a M. Un poco de bravuconería estaba bien, pero mejor acompañarla con algo de músculo.
Big Mama vio de soslayo a K buscándola, y discretamente se acercó a el. Tenía el gesto serio mientras esperaba una respuesta del comerciante quien, por su parte, pasaba la mirada del uno al otro, pensativo.
Conocía bien esa mirada.
K le habia pedido que le dejara hablar a el, y que no creara problemas, así que decidió ser educada.
-Escucha Joe -dijo, escupiendo algún trozo de manzana en el proceso-. Aquí mi pequeño amigo creo que te ha ofrecido un buen trato, y creo igualmente que deberías considerarlo. - M se quedó mirando fijamente al comerciante, mientras daba un último bocado a la ya casi inexistente manzana. Cuando terminó, le lanzo el resto de la manzana al tendero, la cual rebotó cómicamente contra su cabeza, antes de caer en medio de un silencio sepulcral al suelo.
Mientras veía acercarse a lo que momentos antes parecían clientes del local, pensó que quizás no había sido tan diplomática como ella pensaba.
Mientras se ponía en movimiento K maldijo para sus adentros. Sabía, sabía, que esto podría llegar a pasar si dejaba a Big Mama con autonomía suficiente. Lo que no tenía muy claro era por qué aún así la había invitado a venir con él al distrito comercial. Creía que, en el fondo, era porque disfrutaba con su presencia. Cuando M estaba por la zona siempre ocurrían cosas interesantes.
Un segundo más tarde, mientras estas ideas bullían en su cabeza y sin que nadie supiese muy bien cómo había llegado hasta allí, el cuchillo de K dejaba un hilillo de sangre en el cuello del comerciante mientras lo agarraba desde detrás por la frente.
-Dile a tus esbirros que no se muevan ni un paso más o estás muerto. -susurró K en su oído.
Cuatro, cinco… no, seis. Al menos, seis que ella viera. Había aprendido eso de K: con el, con ellos, no era tanto los que vieras, como los que no vieras. Se sorprendió al ver repentinamente a su amigo detrás del comerciante, con una daga en su cuello. ¿En que momento habia llegado ahi? Por la cara del tendero, imaginaba lo que el tiefling le estaba diciendo. En cualquier caso, era el momento de la fiesta, así que con la agilidad que da la práctica se puso al Abuelo en el brazo izquierdo, y cogió a la Abuela con la mano diestra. Lista para el baile.
-¿No ves, Joe? Tendrías que haber aceptado el trato. Mira lo que ha pasado por tu culpa -remarcó el “tu” especialmente; había que ir preparando la defensa para cuando mas adelante K la acusara injustamente por su fallido intento diplomático.
-Yo… escuchad… ¡quietos chicos! Escuchad, vosotros dos idiotas… estáis muertos… pero si dejais aqui la bolsa aun podeis vivir hasta salir de este sitio… y negociare para daros una semana… después, os reunireis con vuestro creador…
-El tiempo para negociar ha pasado… Joe. Tira la bolsa al suelo y ordena a tus hombres que hagan lo mismo con sus armas.
El falso mercader dejó caer la bolsa y K indicó con un gesto de su cabeza a Big Mama que se fuese acercando a la puerta trasera del local. K le dio un empujón a la bolsa con el pie hacia esa salida, aunque ésta quedó atascada en una pila de objetos cercana.
-M, recoge la bolsa y todo lo que necesites a la que sales por la puerta. Nos vemos en la posada en un rato. Espérame allí e intenta que nadie te siga. Si en dos horas no he vuelto vete de la ciudad ya te busco fuera. Ah, y léete ese libro que te regalé mientras esperas por favor.
La guerrera guardó de nuevo el martillo mientras se dirigía rápidamente a por la bolsa. Mientras la recogía, y de paso agarraba una caja sencilla que había cerca, no dejaba de pensar en cual era el "libro" que decía.
Estaba claro que era la señal de tirar la "pelota", pero ¿cual, la blanca o la negra? Recordaba a K diciéndole que era importante, que memorizara bien cual era para cada situación, pero no conseguía acordarse de cual tenía que lanzar ahora... blanca o negra, blanca o negra...
"A tomar por culo", pensó. Con la única mano libre que tenía, sacó el colgante que llevaba al cuello, arrancó las dos esferas del tamaño de una ciruela que tenía, y se dispuso a lanzarlas.
- Erm... ¡Biblioteca! -la verdad, no era un gran aviso, pero con la tensión del momento no se le ocurrió nada mejor.
Lanzó las dos pelotas al centro del local, y se protegió tras el escudo. De inmediato, dos sonidos como dos pequeñas deflagraciones indicaron que se habían roto. De donde había caído la esfera blanca surgió un destello de luz cegadora que deslumbró a todos aquellos que no se protegieron adecuadamente, mientras que de los restos de esfera negra empezó a salir un humo gris que fue cubriendo la estancia.
Big Mama se dirigió a la salida, cargada con la bolsa y el cofre pequeño, pero justo antes de traspasar el umbral se detuvo, miró atrás, y volvió unos pasos hasta donde estaba uno de los esbirros frotándose los ojos. Aspirando profundamente, concentró su fuerza en un único puñetazo a la cabeza que encontró, y derribó, a su objetivo.
Riéndose todo lo bajito que podía, se volvió y desapareció por la puerta trasera.
La esfera de humo cubrió la escena mientras fuera de ésta la luz brilló cegadora durante un segundo dejando a quien se encontraba en su radio de acción incapacitado. Cubierto por gas, K y el hombre al que habían ido a ver continuaban exactamente en la misma posición que antes de las explosiones.
-Bonito tatuaje el de tu nuca - susurró K - no sabía que las dagas tuviesen gente en esta ciudad pero eso explica muchas cosas. -el tiefling hizo una pausa de un segundo mientras sopesaba sus opciones
- Dale saludos a Osco.
K abrió una segunda boca en el cuello del falso mercader y, dando un paso atrás para evitar salpicarse de sangre, palpó la pared detrás de él. Siempre memorizaba la ruta óptima hacia la salida en previsión de que algo de esto pasara. Era un hábito que le había resultado muy útil en infinidad de ocasiones.
Cuando llegó a ella, ya fuera del humo, vio como Big Mama se había dado la vuelta y se entretenía juguetona golpeando a un pobre diablo ciego en la cabeza con toda la fuerza de su musculoso brazo.
-Sólo por estas pequeñas tonterías merece la pena ir con ella - pensó sonriendo.
Salió al exterior rápidamente. Quería llegar antes que ella a la posada, recoger las cosas y preparar el petate. M podría no ser muy femenina, pero como a toda mujer le costaba mucho salir a tiempo de casa.
Y hoy tenían prisa, mucha, mucha prisa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario