jueves, 30 de marzo de 2017

Kelbarn

¿Que por qué me gusta el bosque? ¡Cómo no iba a gustarme! Allí el silencio quiere decir algo, no como lo siento en la ciudad donde se hace pesado e incómodo y he de llenarlo con palabras. Mi padre siempre dice que le doy dolor de cabeza… ¡No es culpa mía! Si no pasara tanto tiempo callado yo no tendría que hablar y hablar. No me agrada preguntarme qué estará pensando, sobre todo ahora que estamos solos los dos, por eso es mejor hablar: desde que mamá se fue hay demasiado silencio. En el bosque es diferente, allí no hay que hablar, ya hablan los pájaros por ti y los consejos, los lobos y los zorros… y si callan, ay, amigo, si callan es mejor que te prepares. Para qué? Para lo que sea que venga, el silencio del bosque nunca viene solo. Allí es donde quiero vivir, lo sé desde siempre, es donde estoy a gusto, donde puedo ser verdaderamente yo. En el bosque no hablo, únicamente lo vivo. Salvo que vaya acompañado, porque hay que llenar los silencios incómodos, claro. Y hablar allí no es bueno, descubres tu posición a otros seres, pero si no hablo me angustio, y si hablo me descubro, pero si no hablo… y así continuamente. En esos momentos entro en bucle, no me gustan… También quiero vivir aventuras, muchas. Algo habrá que pueda hacer en algún sitio. Sé seguir un rastro y cazar pequeños animales y trepar. Mi vista es fantástica: puedo leer sin problema el cartel de aquella pared, el más lejano, ¿quieres probarme? ¡Venga! Que te lo leo: “Se busca mozo para aprendiz de panadero”. ¿Ves? Te dije que podría leerlo. Es bueno ser panadero, alguien tiene que cocer el pan que nos alimenta, pero no es lo mío, ¿sabes? No es una aventura. A mi padre le gustaría que hiciera algo así, no me lo dice, pero lo veo en sus ojos. Ya te digo que no habla mucho. Sin embargo, yo quiero algo más. Sé que para mí hay algo más. Cuando me vaya será un duro golpe para él, y eso me apena, pero no puedo paralizar mi futuro por su pasado. Antes de irme se lo diré, claro, aunque le dé dolor de cabeza. Tiene que saber que no me voy por él, que es algo que tengo que hacer para mí. Espero que lo entienda. A ver, que aún no me voy a ir, pero son cosas en las que tengo que pensar. Hay que tener siempre una estrategia preparada. Adelantarte a los acontecimientos. Así, cuando el bosque se queda en silencio, ya sabes qué hacer. Bueno, yo me tengo que ir ya a casa que es tarde. El tiempo pasa volando cuando uno lo pasa bien, ¿eh? No me pongas esa cara, ya sé que hablo mucho, pero oye, ¡haber dicho tu también algo! Si te quedas callado tendré que hablar yo.

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