White Town. Ese es el pueblo donde nací, crecí y maduré. Al menos creo que nací allí. Mi muy reservado padre nunca fue demasiado explícito con respecto a donde o de quien nacimos yo y mis dos hermanos, aunque creo que podemos adivinar la raza de nuestra progenitora con bastante certeza, ¿verdad? Sea donde fuere, hace 28 años regalé mi primer canto al mundo, aún cuando este fuese en forma de llanto no muy armonioso.
Mi infancia y adolescencia en White Town no tuvo nada especialmente extraordinario, aunque tengo que admitir que solía sentirme un poco solo en ocasiones. Estos momentos fueron haciéndose cada vez más habituales, hasta que tomé la decisión de terminar mi etapa allí, y comenzar mi propia historia. Salí de allí sin rumbo fijo, aunque creo que interiormente la idea de encontrar almas afines me guiaba, por lo que quizás no sea tan extraño que acabara en una comunidad nómada de elfos del bosque, entre quienes estaba el que sería mi maestro durante años, Haru Voz de Plata, el Contador de Historias de la comunidad.
Nunca había considerado ser bardo, a pesar de que siempre había destacado en las artes y el canto (logro no demasiado meritorio creciendo en un pueblo de mineros), pero Haru vio potencial en mi. No te aburriré con detalles de las interminables horas de prácticas, las distintas disciplinas que tuve que aprender, las frustraciones, la alegrías que me deparó aquella etapa. Fue, como se suele decir, un guiso de todos esos ingredientes, y aún alguno más. El caso es que todo acto tiene un final, y el de este llegaba. Un día mi maestro me dijo que nuestro caminos se separaban, él ya había despertado y avivado mi llama todo lo que podía, y el momento había llegado de alimentarla yo mismo. Después de todo, sólo puede haber un Contador de Historias por comunidad. Como regalo final, me dijo que me regalaría el instrumento que yo quisiera de aquellos con los que él me había enseñado. La elegante flauta travesera, recuerdo, fue mi elección. La rama que peor dominaba mi maestro, bien lo sabía. Inconsciente, o conscientemente, creo que la escogí como desafío; “seré mejor que tu en aquello que no has podido dominar”. La soberbia, curioso como nos mueve a veces.
Después de aquello vague por aquí y por allá, busqué canciones, busqué historias, y, sobre todo, busqué dinero con el que pagar comida, alojamiento y algún que otro lujo ocasional. Pero hace poco volví a establecer contacto con una vieja amiga de mis primeros tiempos, y he decidido volver para visitar las tierras que me vieron crecer, y a los que crecieron conmigo. Curiosidad, supongo. Aunque ya sabes lo que dicen, la curiosidad mató al gato, así que habrá que tener cuidado.
Bueno, ya estoy listo. Ahora tengo que irme, dentro de poco amanecerá, y tengo mucho camino por recorrer. Siento no poder llevarte conmigo como te prometí anoche, pero viajo mejor solo, y además, te hago un favor: la vida del camino no es tan divertida como pueda parecer. Te dejaría algo de dinero, pero parecería que estoy insinuando que eres una simple prostituta, aparte que creo que ambos nos podemos considerar muy satisfechos con los tratos que hemos hecho esta noche. Al menos la habitación está pagada, y te despertarás muy descansada después de un sueño bien profundo y reparador; es el efecto que tiene el té de las raíces sombra cuando no estás acostumbrado.
Adiós, preciosa, y que tus dioses te cuiden.
No hay comentarios:
Publicar un comentario