No era la primera vez que le pasaba, pero claro, tampoco era tan habitual. O quizas sí. No lo tenía claro, a veces le costaba recordar ese tipo de cosas. En cualquier caso, encontrarte a ti mismo ahorcado no era de esas cosas normales que a uno le pasan durante el dia, como bostezar, orinar u ordenar a un manchado dar vueltas alrededor del campamento tapado sólo por su casco mientras cacarea y grita "soy un pollito traviesito que va a portarse hoy mejor". No, ni hablar. Esto era algo más parecido a aquella vez, ya no recordaba muy bien cuando o con quien, en que un amigo suyo había intentado coger una carta de un muerto, pero el muerto le había agarrado la mano antes. Luego, para cuando él llego, el muerto ya habia muerto. Esto le puso un poco triste. Morir una vez estaba mal. Morir dos, muy mal. O aquella otra vez, lejos de alli, en que tuvo que destruir a unos habitantes de una casa. No estaba muy bien, pero claro, necesitaban la casa, y además eran muertos vivientes. Acabo todo hecho un desastre. Por suerte luego el fuego...
- ¡Por las barbas de mis ancestros - exclamó Glonin - que pesado eres! ¿No podrías callarte un poco?
- Desde que salimos del pueblo lleva hablando, no para. Puedo sentir, sin necesidad de concentrarme, el hastío de su caballo - dijo Ailen, mirando a la montura de Mordu.
- Al menos cuando habla en murmullos es más silencioso -comentó Nym con voz aguda-. Aunque esa risilla que se le escapa de vez en cuando me pone nerviosa...
- Y a veces me toca - aportó Shing -. Y no me gusta que me toquen - añadió, en voz baja.
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