miércoles, 6 de diciembre de 2017

(Lundasar) El desembarco

La travesía a través del Mare Tenebrosum se consideraba una de las más peligrosas conocidas. Las tormentas eran frecuentes y los monstruos marinos de imposibles dimensiones se avistaban ocasionalmente incluso desde puntos de la costa de Elloth. Sólo flotas de mercaderes custodiadas por navíos de guerra pesados hacían la ruta regularmente. El resto de los barcos, fuesen de pasajeros o mercancías, tomaban la larga ruta de las islas de Amaranth en el Sur del continente. Esta ruta alternativa no estaba exenta de peligro puesto que los piratas solían patrullar la zona. Por supuesto, era mejor enfrentarse a un bajel con unas pocas decenas de bucaneros con la costa a la vista que a un kraken en alta mar. Drake no tenia ninguna prisa por llegar pero si para irse así que en cuanto encontró un navío que aceptaba pasajeros en dirección a Amaranth se aseguró un pasaje.

El viaje duró casi dos meses hasta las costas de Seguin sin demasiados contratiempos. Suramko, la rica ciudad portuaria de la república en la que el navío buscaba atracar, bullía con actividad mercantil. Drake miraba desde la borda como los barcos eran descargados y cargados con febril acividad para luego moverse a un estacionamiento más permanente. Suponía que el coste de amarre en esa zona del puerto se medía en campanas, como se hacía en las ciudades de Eperium y Veliko en Elloth así que la premura era extremadamente valiosa. El buque en el que viajaba Anomander había descargado la mayor parte de su carga en las islas sureñas, así que no estarían demasiado tiempo amarrados en la zona comercial, Drake se fue al camarote a recoger su petate.


- ¿Te vas?
- Sí, hemos llegado.
- ¿Puedo ir contigo?
- Ya te he dicho que no.
- Pensé que igual cambiabas de idea.
- No.


Drake vaciló por un instante, como si quisiera decir algo más. Agarró su saco de viaje y salió del camarote. Una vez en cubierta pasó a despedirse del capitán y de su compañero de cartas, el grumete del barco. Descendió a tierra por primera vez en semanas.


Lo primero que le llamó la atención una vez en el dique fueron las miradas. A pesar de hallarse en un puerto de una ciudad relativamente grande, su corte marcial y raza parecían estar fuera de lugar. Decidió buscar una taberna en la que descansar, pasar desapercibido y poder darse un baño. Empezó a caminar hasta que notó que alguien le tiraba de la manga de la camisa y se giró para encarar al extraño. Anomander vio un enano un tanto contrahecho y de edad avanzada, portando un fardo a sus espaldas que le miraba con una sonrisa forzada.


- Disculpa, joven... Estoy buscando un mensajero que lleve un paquete a las tierras del norte. ¿Quizás estarías interesado? El pago…
- Aparta, viejo.


Drake giró la cabeza para ver a una humana joven y atractiva, enfundada en una ceñida cota de mallas, con el pelo largo negro recogido en una trenza a su espalda. Dos espadas de empuñaduras bien trabajadas sobresalían por detrás de sus hombros y un tatuaje de una cabeza de serpiente se veía asomar por el cuello.


- Se ve desde las montañas tribales que sabes cómo manejarte en una pelea, y justamente ese es el tipo de gente que estamos buscando. Firma en ese puesto de allí, y esta noche quizás tu y yo podamos contarnos algunas historias y ver quien ha partido mas narices...


Anomander miró a sus dos interlocutores entre divertido y sorprendido no muy seguro de lo que estaba pasando. No tenía ninguna esperanza de encontrar trabajo rápidamente en Suramko dado que no conocía el lugar, así que recibir dos ofertas en tan poco tiempo le parecía un inmenso golpe de suerte.


- Enano, aceptaré tu oferta si pones 50 oros encima de la mesa. No creo que sea momento para comprometerme con otra compañía mercenaria. Acabo de llegar y me gustaría probar las aguas antes de sumergirme en el estanque. Cuéntame, a quién le tengo que entregar el paquete.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

(Lundasar) Anomander Drake

- ¡Drake! ¡Sargento! Rolo te está buscando.

Drake retiró la bandana que le cubría los ojos y abrió estos para ver la desgarbada figura del comandante a dos pasos de él con cara de pocos amigos.

- Comandante, estoy de permiso hasta...
- No me cuentes tu vida y mueve el culo. Está en su tienda.
- Sí comandante.

Anomander se irguió del suelo donde estaba recostado echando una siesta. Tenía un punto de resaca después de haber estado la noche anterior de bodega en bodega intentando camelarse, sin éxito, a una pueblerina que acababa de conocer. No estaba de buen humor, de hecho no recordaba cuándo había estado de buen humor por última vez. Comprobó que llevaba su bolsa de dinero consigo. Estando de permiso no necesitaba portar las armas, al menos no en el campamento. 

La tienda de Rolo se encontraba a unos escasos 200 pasos de donde estaba en estos momentos. Sopesó por un momento caminar una ruta más larga. No le apetecía pasar por mitad de las tiendas de los "ceros" de "Purgatorio". Más que nada por cómo olía. Pero su flojez se impuso y echó a andar en línea recta. A izquierda y derecha se amontonaban los desgraciados que habían ido a caer en el batallón de apestados que formaban la unidad. Anomander ignoró los sollozos y gemidos que provenían de las tiendas así como el hedor a hez y pis que emanaba entre ellas y en nada salió de aquel sector para encontrarse en el de los "Montañeses" al que pertenecía. La tienda del capitán Rolo estaba cerca del centro del sector, prácticamente adosada a la del líder de batallón. Entró sin más.

- Capitán, ¿me ha hecho llamar? ¿Recuerda que me dio el día libre?

Rolo se giró para encararse con Anomander. Tenía unos papeles en la mano y parecía algo nervioso.

- Sargento. Sí, a ambas. ¿Tú eras del Este, no? ¿Qué sabes de Isaha?
- Uhm... buenas putas, buen alcohol, la gente sabe jugar al Chakki y apuestan duro... pero poco más. Cuando dije que soy del Este no me refería al Este de Elloth, si no al Este del continente. Estuve en Isaha un año o puede que menos. Ese período lo tengo un poco borroso si le soy sincero.

Rolo pareció meditar por un instante sus siguientes palabras.

- Nos destinan a Isaha, parece que ha habido problemas en la zona.
- Ajá...
- Salimos mañana al amanecer, organiza tu grupo de combate.
- Dimito.
- ¿Cómo?
- Que me voy. Dimito. Esto es una compañía mercenaria, ¿no? Pues eso. Me largo. Fin. Un placer Rolo.

Anomander salió de la tienda tal y como entró: sin esperar permiso. Dando grandes zancadas se alejó hacia su barraca ignorando los gritos del capitán. No creía que Rolo fuese a hacer nada por evitar que se fuese. A fin de cuentas le debía casi 10 dragones de sus partidas de Chakki. Si desaparecía la deuda quedaría saldada, pero prefería poner tierra de por medio antes de que Elloth declarase una leva en el país y forzase el servicio militar. Mientras andaba sopesaba los acontecimientos de las últimas campanas. Sus escarceos con la joven de ayer habían sido infructuosos, pero alternar con los locales le había servido para anticipar la movilización de Isaha y sus opciones cuando esta llegase.

Lo que no me esperaba es que esta movilización llegase cuatro campanas más tarde de mi última cerveza. La cosa debe ser bastante más seria de lo que pensaba.

Llegó al barracón, se acercó a su arcón, cogió su petate y sus armas. Ni se molestó en despedirse de sus compañeros de unidad y sin mirar atrás salió del campamento calculando mentalmente cual era la ruta más corta hasta el puerto más cercano.

Con suerte en unos días llegaré a Melik y ahí ya veremos. Lo suyo es poner tierra de por medio, o más bien agua. ¿Ir a Isaha? ¿Estamos locos? Adios Elloth.

sábado, 4 de noviembre de 2017

(Lundasar) Resumen sesión 3

Durante un rato nada parece pasar en el exterior de la abandonada granja. Mientras los héroes hablan sobre el curso de acción a seguir, ven salir pequeñas columnas de humo del lateral del edificio. Al poco, las puertas se abren, y una pequeña multitud sale, dispersándose.

Fijándose, ven que aunque algunos de ellos llevan armas, ninguno parece ser distinguible a simple vista como bandido o rehén por su ropa. Un grupo menos numeroso se destaca del resto dirigiéndose al norte, en dirección al bosque.

Algunos de los héroes rompen las ventanas tapidas para auxiliar a las posibles personas atrapadas, mientras otros se dirigen a atender a los desconcertados rehenes de la entrada de la granja. Reconocen a muchos de ellos como habitantes de su pueblo de origen, Ámar.

El grupo rescatado, unos 20 cautivos, les cuenta que han estado trabajando en unas minas cercanas. Unos cuantos de ellos siguen allí. Los PJs les dan 15 raciones como provisiones y les aconsejan forrajear hasta el pueblo. Después de esto, nuestros intrépidos héroes deciden entonces dirigirse allí, rastreando al grupo que anteriormente se escapó.

Llegan finalmente a las faldas de la Montaña Quebrada, y distinguen una pequeña entrada a una cueva natural, a donde parece conducir el rastro. Kelbarn y Lisur se acercan para explorar la zona, pero no detectan a un vigía escondido, quien al verles se dirige al interior de la cueva. Lisur intenta atraparle, infructuosamente.

Entran en la gruta, encontrando a veces oposicion armada que resuelven, en general, sin problemas. Exploran innumerables grutas que se abren por todas partes, aunque la mayoría están vacías, o derrumbadas. En ocasiones se oyen temblores de tierra. En un momento dado, Eleonora hace notar que no parece una mina típica, al no haber soportes adecuados en las paredes, ni carretillas para llevar materiales.

En una de las grutas encuentran cautivo a Sorrock, el enano herrero del pueblo. Esta tuerto, y la herida esta infectada. Aún débil, hace un esfuerzo por contarle a Lisur la suerte de su padre: falleció en el asalto al pueblo, salvándole a el.

Eleonora le auxilia lo mejor que puede, limpiándole la herida, y el solo intenta salir de la mina por su propio pie, a duras penas.

Posteriormente, mientras continuan explorando, escuchan ruidos de pico contra piedra, que les conducen a un túnel donde se encuentran con un par de bandidos observando trabajar a dos esclavos. Estos están picando directamente una pared de ladrillo que ha aparecido al ir abriendo el túnel.

Derrotan a los matones, uno de los cuales tenía en su poder un mapa de la mina y un anillo para lacrar. El símbolo que lleva dibujado es una espada, de la que caen tres gotas.

Observando la pared de mampostería, ven que los rehenes ya habían empezado a soltar uno de los ladrillos, que puede ser facilmente retirado...

viernes, 1 de septiembre de 2017

(Bayes) Zoe - Epílogo

-Samlara, ¿donde estás? Sam, vamos, sal... -suspiró, se rehizo la desastrada coleta y miró al anaranjado horizonte-. Siempre escondiéndose por todos los rincones...

Reanudó su tarea. La entrada no iba a limpiarse sola, después de todo. Esta niña... siempre se escabullía cuando le tocaba barrer. Pero luego aparecería, a la hora de la cena, y entonces vería. No siempre puedes librarte de los castigos con una mirada inocente y una mala excusa.

Ruidos de cascos y risas cercanas interrumpieron sus pensamientos. Distinguió una voz grave, tranquila, que despertaba recuerdos en ella, acompañada de otra más infantil, aguda y que parecía hablar demasiado deprisa... Un caballero apareció entonces en el umbral de la puerta. A pie, llevaba agarrado por las bridas un caballo de guerra marrón, con una curiosa mancha blanca en la cabeza. El símbolo de la Orden de los Caballeros Defensores adornaba tanto su peto como el escudo, que colgaba del lateral del corcel. Sobre el iba montada una niña con una túnica grisácea.

-¡Mamá, mamá, mira a quien he encontrado! ¡Es el tio Mornan! ¡El tio Mornan ha venido a verme! -La niña bajó rápidamente del caballo y se agarró a una de las piernas del caballero.
-¡Caramba, vaya fiera tienes aquí! Intentaba acercarme sigilosamente por el camino, pero no hubo forma. Al doblar la esquina en la calle del mercado me saltó a traición a la espalda, ¡y no tuve otra forma de quitármela de encima que prometiéndo llevarla a lomos de Centella! -exclamó riendo Mornan a la vez que intentaba, infructuosamente, separar a la niña de su pierna.
-Ah, muy bien, pero que muy bien, Sam. Así que es ahí donde estabas cuando te tocaba barrer la entrada, ¿eh? Ya veo... -Zoe miró severamente a su hija, quien desvió la mirada oportunamente-. Ya hablaremos luego tu y yo... Y en cuanto a ti, Sir Mornan Star, deslumbrante Caballero Defensor de Sira, no sabes cuanto me alegro de verte de nuevo por aquí -dijo la clérigo, abrazándole-. ¿Estás de misión o te quedarás unos días? Espero que me respondas lo segundo.
-He pedido expresamente este destino para poder estar un tiempo con vosotras. Quizás así me perdones por no aparecer en todo un año.
-No hay nada que perdonar. "Los caminos que seguimos no siempre son los que elegimos".
-Mmm, me suena esa frase. ¿Sira, libro de las Cálidas Áscuas? ¿O quizás Sagrado Argath, Revelaciones?
-No. -Zoe cogió las riendas del pesado caballo y se dirigieron al pequeño establo del fondo del templo-. Frío, frío. Selurian -respondió, con una media sonrisa-. Solía decirnos eso, cuando nos quejábamos por hacer algo que no nos gustaba -lanzó una mirada lateral a su hija, quien en ese momento parecía muy entretenida acariciando el lomo de Centella-. Terminamos por utilizarlo como una burla. -Dirigiéndose a Sam, le dijo:- vete a decirle a Azur que prepare una cena de más, pero que calcule las cantidades como si fueran dos.

Con una gran sonrisa, la niña corrió hacia la cocina, dejando atrás a su madre y a su tio.

viernes, 18 de agosto de 2017

Guía de personajes: Lundasar

--- PJs ---

Eleonora Karya (Ale): Clériga de Pelor. Humana, delgada, estatura media, pelo pelirrojo largo. Le falta un mechón. Originaria de Ámar.
Finn "Dedos Largos" (Jorge): Pícaro halfling. Originario de Ámar. Miembro de la cofradía de ladrones de Sora.
Kelbarn (Lena): Ranger humano. Originario de Ámar. Cadete cazador del Real Ejército de Pramo.
Lisur (Chulk): Monje humano. Originario de Ámar. Entrena de manera independiente, gracias a Maika.
Moa (Santi): Barbaro humano, procedente de las tribus del norte. Persigue al Gran Lobo Místico.

--- Ámar ---

Sorrock: enano herrero del pueblo.
Turm: clérigo humano de Chauntea, maestro de los niños del pueblo.

--- Sora ---

Lambia: superiora de Eleonora, regente de un templo menor de Pelor en el distrito oeste.
Maika: mentora en artes marciales de Lisur.
Maisen "Osa": oficial del ejército del reino de Pramo. Enlace entre los asuntos civiles y los concernientes al ejercito.

sábado, 5 de agosto de 2017

(Lundasar) Resumen sesión 2

Tras buscar en los alrededores del pueblo, Kelbarn finalmente encuentra unos restos que podrían indicar el paso de animales grandes por el Bosque del Viejo, al norte del pueblo. El rastro va siguiendo la linde del bosque en dirección noreste. Tras una jornada de viaje descubren restos evidentes de que un grupo de gente paso por allí hace días.

Mientras siguen el rastro escuchan una canción procedente del interior del bosque. Se adentran y descubren una granja, atendida únicamente por un anciano. Al fondo del lugar, subida en un árbol, una niña pálida con una larga melena blanca y vestido de hojas canta la canción que les ha atraido.

El anciano se sorprende al verles. Interrogado sobre si ha visto algún grupo de gente pasar últimamente, responde que no. Dice que, en cualquier caso, vive aislado y los Niños del Bosque (como la niña del árbol) le ayudan a pasar desapercibido. Dice desconocer quienes o que son dichos niños.

Al acercarse a hablar con la niña que canta sólo habla con Kelbarn y le dice que "piensa mucho en ti", sin especificar quien. Después se despide, diciéndoles que espera que vuelvan a verse.

Nuestros intrépidos héroes vuelven para seguir el camino hacia el norte. A los seis dias llegan a un punto en que parece que el rastro se bifurca: por un lado parece ir en dirección a la Montaña Quebrada, por otro al interior del bosque.

Toman el camino que se adentra en el bosque, y descubren una granja en aparente estado de abandono, con las ventanas tapiadas, salvo las de la parte frontal. Está atardeciendo y deciden ir a pedir comida y/o cobijo. Eleonora y Kelbarn llaman a la puerta, y tras dialogar con los habitantes de la granja, deciden irse, pero en ese momento estos les asaltan, intentando capturarles. Durante la pelea alguien, desconocido, parece ayudarles, pues varias lanzas aparecen clavadas entre los bandidos y la pared frontal de la granja, a la altura casi del techo. Vencen, aunque a duras penas, a los 3 atacantes, y se instalan en la granja.

Al anochecer, ven a un grupo grande de gente, con pinta de prisioneros, dirigirse a la granja, custodiados por unos cuantos guardas. Escapan de la granja en el último momento por una ventana sin que les vean, y observan desde el bosque. Duermen.

Al amanecer, antes de la oración solar, se escuchan golpes secos y gritos ininteligibles procedentes de la granja, y deciden asaltar la granja.

Tras varios movimientos, la situación final acaba con los héroes heridos después de haber derrotado a un pequeño grupo de guardas en el bosque, unos cuantos rufianes alerta encerrados en la granja junto con el grupo de prisioneros y el encuentro con un nuevo aliado inesperado: un agresivo y callado bárbaro del norte cubierto de sangre quien sólo dice perseguir a un gran lobo, y que porta un mechón de pelo rubio de extraña coincidencia con el que le falta a Eleonora desde justamente la noche anterior.

sábado, 29 de julio de 2017

¡Big Mama entra en la arena!

- Me tengo que ir K, están llamando. ¡Hora de repartir besos! ¡Kete, gracias por las tiritas!

Big Mama entró en la arena y se dirigió a las gradas. Levantó los brazos, esperando algún tipo de reacción. Nada. Desde que había tumbado al Joe anterior el público había enmudecido. Vaya panda de gilipollas.

Entonces empezó a ver como algunos de ellos señalaban algo a su espalda, con cara de sorpresa. Al girarse vió a su próximo contrincante acercase, y entendió su reacción. Después de todo, no es muy habitual ver minotauros, y menos tan correosos como el que se acercaba. Le faltaba un cuerno, tenía la cara marcada y por su expresión, no venía a hacer amigos, sino mas bien a enterrar enemigos. Al fin un reto.

- ¡Oye, muñeco! Espero que estés en forma, porque apenas he empezado a sudar -le gritó.

Miró de nuevo a las gradas, buscando a sus amigos. Allí estaban. Kete tenía la mirada entre ída y preocupada, mientras que K negaba lentamente con la cabeza.

Sonó la campana que indicaba el inicio del asalto. La gente empezó a gritar, animando a su favorito. Y no quedaba duda de que ese no era ella.

- Mierda, voy a demostraros lo que Big Mama puede hacer, y entonces aplaudiréis. Gilipollas. - dijo entre dientes.

domingo, 7 de mayo de 2017

La Olla y el Arpa

- Vamos, dame mis cinco, mi buen enano -dijo el bardo. Observaba a la pequeña banda subida al escenario tocar, mientras involuntariamente palmeaba su muslo siguiendo el ritmo-. ¡Qué musicalidad! Casi podría decir que me igualan en composición y ejecución. Casi.
- No solo te igualan -gruñó el enano, tirando con desdén unas monedas sobre la mesa-. Te superan.
- Dices eso porque estas enfadado. Como prácticamente siempre, por otra parte. Pero no pasa nada, te perdono -recibió un bufido por toda respuesta-. Se veía venir, en cualquier caso -añadió, al poco.
- Yo lo único que veía era a una borracha, a punto de recibir una paliza, y que posiblemente iba a necesitar ayuda.
- Y tus buenas intenciones son muy loables, maestro Solfi. Pero muchas veces miras, no ves. Como ahora mismo. Observa lo que pasa. Acaba de volver el amigo del parlanchín que lleva un rato hablando con nuestra observada. Y viene acompañado. ¿Qué te dice tu milenaria intuición de habitante de frías salas de piedra helada?
- ¿Qué quieres que me diga? Es obvio que quieren pedirle algún favor. Querrán contratarla para algún trabajo.
- Aciertas, pero no escuchas toda la canción. Vienen con una petición, si. Pero no quieren que ella ejecute un trabajo, sino que afine un arma.
- ¿Qué afine un arma? ¿Qué tonterías dices ahora...?
- El chico, siempre respetado Solfi, el chico. Quiere que ella le entrene.

Observaron como el joven se sentaba en la mesa de la mujer, quien hacía un rato había desistido de intentar dormir gracias a la insistencia del locuaz muchacho que la había acompañado hasta ese momento. En un momento dado el recién llegado simuló que se le caía la cerveza, aprovechando la distracción para intentar golpear a su interlocutora, quien esquivó el golpe sin mucha dificultad y, dos rápidos golpes mediante, dejó sin sentido al atacante en el suelo.

- ¿Una prueba? -preguntó el enano.
- Y creo que la ha pasado -respondió el semielfo afirmando con la cabeza.
- Pero si le ha dejado noqueado en el suelo.
- Mira su expresión -se echó hacia atrás en su asiento, suspirando-. Necesitamos gente así.
- ¿Como ella?
- Y como el. Y como ellos.
- ¿Ellos? ¡Son unos crios!
- Nada que el tiempo no cure, aunque es cierto que no disponemos de mucho. Potencial, amigo mio, potencial. Su canción acaba de empezar, pero se adivinan acordes de excelente naturaleza. Quien sabe si algún dia no podría yo mismo contar sus...
- Tu cerveza, Solstafir. Y tu vino caliente especiado, Nurald. Cerveza de la casa para mi, voy a probar -Taake fue dejando sobre la mesa las bebidas según las enumeraba-. La proxima ronda es tuya -dijo, apuntando al bardo-. ¿Me he perdido algo?
- ¡El comienzo de una gran historia! -dijo Nurald. Unos suspiros resignados fueron la única respuesta de sus compañeros.

lunes, 10 de abril de 2017

Y habia mas titulicos

Para el recuerdo, dejo aquí estos otros títulos alternativos. Hay grandes hits, que deberían, quizás, estar ahora mismo en la barra de direcciones, pero por algún oscuro motivo (¿Intereses ocultos? ¿Maletines rebosantes de monedas de 2 céntimos? ¿Olvidos deliverados de títulos como "El bosque de Vladimir"?) no consiguieron superar nuestro exigente y selecto filtro no.

Sin más dilación, ¡los alternatitulos!

- Crónicas del mundo sin nombre
- Historias perdidas, encontradas y olvidadas
- Crónicas de la Tierra Sin Horizonte
- Crónicas de un Horizonte Sin Fin
- La Escuela de los Hechizos Olvidados
- Camino a Soria
- Camino a Moria
- Camino a Pollaria
- Bayes y otras hierbas
- Cuentos inconclusos en la tierra sin nombre
- Los Archivos Prohibidos de Selurian
- Por los "Pelus"
- El bosque de Vladimir

PD: recupero para el post el último título, "El bosque de Vladimir" que, según parece, no aparecía en la lista, sin duda porque lo omit... porque se me olvido adred... porque se nos olvido a todos incluirlo. Cosas que pasan.

Ruan-Hem

La Carnicería, El Escaparate, Los Esponsales... Son numerosos los nombres con que se conoce a la gran festividad. Ruan-Hem se celebra cada vez que un eclipse solar completo tiene lugar, siendo éste el clímax de la eucaristía de sangre, locura y excesos de unos juegos que por norma tienen abandonar todo comedimiento y discreción. Saaren se enorgullece de albergarlos en cada ocasión, como lleva haciendo desde hace eones. La gran capital del Este es el destino del peregrinaje de todos aquellos que, de una u otra manera, tienen por mor obtener algún beneficio del único evento capaz de congregar a tan pantagruélica cantidad de criaturas, aparte de la guerra. Los últimos Esponsales tuvieron lugar hace ya 42 largos años... se ha hecho esperar.

Saaren, ubicada en las estribaciones de las Montañas Umbrías, destaca por su enorme diversidad cultural y oferta recreativa: cuenta con el circo de gladiadores más colosal y con el archiconocido Campo de Horcas. Por otro lado, aquí reside el Gran Maestre del Entramado, una suerte de figura difusa que inspira temor e incredulidad a partes iguales, no así como la orden que preside, una organización de férrea disciplina que, si bien su funcionamiento y realidad interiores son por completo desconocidos, cada una de sus figuras individuales, cada uno de los venerados Iniciados, suele despertar, como mínimo, respeto. Saaren funciona como una ciudad estado, a todos los efectos independiente y autónoma; no obstante, es oficialmente parte del relativamente recién conquistado, expoliado y reorganizado antiguo Reino de Hun. Hun es ahora, sin embargo, un caos administrativo y militar, en pleno proceso de reestructuración, si bien aún permanecen prendidos algunos fuegos del vencido ejército, clamando una venganza cuya esperanza de ver cumplida muchos han terminado por perder.

De cualquier forma, y sea como fuere, Hun es un territorio vasto, vastísimo y variado, donde predominan las tierras fértiles y húmedas, bosques frondosos y cumbres nevadas, donde los ríos bajan caudalosos vertiendo sus aguas en lagos de cristalina superficie. Al norte, sin embargo, enormes zonas de ignota naturaleza quedan aún por explorar; al menos, escasa o nula es la información relativa a ellas en las más cuidadas cartografías. Al sur, varios reinos e imperios comparten el honor de presentar fronteras, siendo Gast y Tanion los más relevantes, ambos en aparente buena relación tras un periodo terriblemente dilatado de conflicto permanente. Este y Oeste quedan delimitados, respectivamente, por la Desolación, un inacabable desierto de roca agreste y muerta, y por el Mar de las Lluvias sin Fin, un mar interior que separa (o une) las islas más occidentales de Hun con un conjunto de territorios relativamente despoblados y desconocidos. Tan sólo la población fronteriza suele mantener algún tipo de relación comercial recíproca.

Vosotros, muchachos, procedéis de este vasto paraje, Hun, donde comparten suelo etnias y razas de casi cualquier tipo posible. Antaño, los antiguos regidores de tan ingente tierra mantuvieron una red de comunicación efectiva y fomentaron la unión de sus pobladores. Hoy, pequeñas marcas y condados rompen la uniformidad y ofrecen una imagen de rompecabezas al que estáis más que acostumbrados. En los Esponsales hay, literalmente, de todo. Quienes buscan gloria, oro, sangre, mujeres o simplemente beber y comer hasta morir. Pero también hay quien alberga unas metas más... elevadas. Campeonatos de toda índole, espectáculos, competiciones, artesanía y escuelas de cualquier color... En Ruan-Hem se puede encontrar de todo. Y es aquí, muchahos, a donde os dirigís, tras formar parte de un cuerpo de servicio en los márgenes del Río Trenzado, asegurando la construcción del Puente Largo que permite la conexión de dos territorios largamente divididos, Nuur y Berr.

Qué esperáis encontrar allí... bueno, eso ya es asunto vuestro...

[Relato original de Mu]

Lisur

Pack, pack, pack...
De alguna forma, aquél golpeteo era relajante.
Pack, pack, pack...
Sobre todo después de haber terminado con la corteza.
Pack, pack, pack...
Esa corteza cortaba como cuchillas contra sus nudillos.
Pack, pack, pack...
- ¡Y... basta! - la firma voz de su padre resonó a su espalda.
Relajó los brazos por primera vez en varios minutos y miró el resultado. La forma de sus puños podían trazarse perfectamente sobre la superficie hundida del tronco. Estaba satisfecho.
Hacía ya varios años que había pedido a su padre que le enseñara a defenderse y, poco a poco, el entrenamiento había dado sus frutos: era más rápido, más fuerte, y estaba más alerta que ninguno de los chicos de su tamaño.
Sin embargo, esas sesiones de combate habían despertado nuevas preguntas sobre su padre. Preguntarle directamente, por supuesto, era inútil. El hombre se cerraba en banda y además terminaba el entrenamiento de forma prematura. Ya había aprendido esa lección.
Parte de la educación de esas horas frente al árbol había consistido en callar y escuchar, en recoger información sin necesidad de pedirla. Si en algo conocía a su padre, esa reacción era intencionada.
Aún así, no saber de dónde había aprendido todo aquello su padre seguía siendo un picor al fondo de su cerebro, y uno que ni siquiera la áspera corteza de ese árbol conseguía calmar.

Recogiendo sus cosas, observó una rama en el suelo. Tenía la forma perfecta para usarla como arma...
- Ni se te ocurra - otra vez esa voz de trueno -. Nada de palos.
Terminó de recoger sus cosas en el hatillo y volvió hacia casa con su padre. Quizás algún día..

[Relato original de Chulk]

Ailen Reynar

Ya han pasado un par de días desde que regresé por mi 300 cumpleaños. La verdad es que me siento extraño entre mi propia gente, después de haber vagado durante casi diez años por llanuras y montañas. Realmente no quería volver... pero el águila dejó claro su mensaje aquella noche cuando me encontró... Tenía que regresar: Había llegado el momento.

Cuando entré en el Círculo (hace más de 200 años), el gran maestro Erendur, en mi ceremonia de iniciación, lo leyó en las estrellas: En el día señalado, yo sería el elegido para guiar al Círculo en su camino a la salvación.

Jamás pensé que llegaría ese día, pero en los últimos tiempos han ocurrido nefastos acontecimientos que nos han llevado al extremo de unirnos con otros batallones humanos (humanos!!!) para defender nuestros intereses comunes. El mal está cerca, muy cerca, y debemos permanecer unidos contra nuestro último enemigo...

Me llaman a la puerta. Ya está todo preparado. Es hora de partir.

Que la madre Tierra me guíe...

Ailen Reynar.

[Relato original de J]

Nym

- ¡Eh, tú, cara de roca, qué diablos estás mirando! ¿Te has perdido y no sabes volver a tu cloaca? ¡No seré yo quien te indique el camino, así que ya estás sacando tu infecto culo de mi honrado establecimiento, espantas a los clientes, despreciable bicho!

Con un gesto en extremo indiferente, la pequeña humanoide desvió la mirada hacia el escritorio desde donde el tendero había escupido un odio racial que ni él mismo comprendía. Un honrado establecimiento honrado… Aquel tugurio, aquel sumidero de podredumbre apenas sí podía considerarse un local comercial, cuya honradez, empero, había quedado desterrada sin contemplaciones largos años ha.

Nym se deslizó entre la muchedumbre que abarrotaba aquél espacio irrespirable atiborrado de manadas de humanoides hasta tener en ángulo el cajón donde había perdido de vista la manaza del tendero. A una distancia de unos nueve pies, con una delicadeza digna del más entregado artesano, asestó un golpe certero a la altura de la cintura de un hombre con más aspecto de oso que un propio plantígrado. Su habilidad residió en hacerlo coincidir con un movimiento lamentablemente desafortunado por parte de un cliente adyacente, sembrando el caos entre amenazas y exabruptos. La confusión que imperó a partir de aquel momento, cual manto de espesa niebla, permitió que, de su pequeño tamaño y discreción ayudada, alcanzase la bolsita que el tendero acababa de guardar. Aquella cerradura suponía un insulto a su destreza; guardó aquelló que había venido a “recoger” y en su lugar dejó una tela pegajosa que desprendía un polvo azulado, casi como humo al arder el incienso.

A la mañana siguiente encontraron el cadáver del insolente propietario de aquel cuchitril tendido sobre el suelo junto a su mesa de despacho. Su gesto invitaba a pensar que la suya no había sido la más dulce de las muertes.

A tres lunas de aquel lugar se producía un intercambio: un paquete de formas geométricas por un objeto pequeño, simple, pulido, sin trabajo de valor apreciable, pero cuya sola vista había hecho centellear las negras pupilas de la pequeña gnoma. Ahora, quizás, podría volver a su hogar. A las profundidades. Y restaurar el honor y recuerdo de su Casa. Mas, quizás, eso había comenzado a perder todo interés. Junto a la bagatela, había recibido una propuesta...

[Relato original de Mu]

Shing

...por las putas nalgas de Isaha, Jonas! te digo que sé lo que vi!

La blasfemia fue como una bofetada para todos los presentes en la tienda del batallón, se hizo un silencio incómodo mientras los mercenarios se cruzaban miradas nerviosas.

¡Baja la voz Tragasapos!, me da igual lo que creas que has visto! En las últimas dos estaciones hemos estado persiguiendo a esas ratas cruzando el desierto de una punta a otra del jodido Reino, tengo los huevos tan sudados de este jodido calor que podría cenar sopa tres lunas ardientes y aún podría invitaros a todos a una taza, no hemos recibido la paga en dos reemplazos y de verdad quieres me crea esa absurda historia de brujería?

Jonas, por favor escúchame, sólo escúchame – sus ojos imploraban comprensión – hice todo lo que me has pedido, fui a la tienda del Comandante, me escabullí entre sus guardias aprovechando que la Luna es joven y accedí al arcón donde están las reliquias que saqueamos del templo hace tres noches…  –su mandíbula empieza a temblar – … entonces… entonces, lo ví, me miraba.. ME MIRABA! Pero no tenía ojos! Sólo unas malditas cuencas vacías, pero sé que me miraba! Estaba flotando en el aire, no había cuello ni cuerpo ni carne que cubriera ese cráneo vacío, - en ese punto su esfínter dijo basta  y un festival comenzó  a descender por su pierna – Jonaaas  JONAS por favor no me dejes aquí, no lo intentes de nuevo, sólo terminemos el contrato y no volvamos por estas tierras…

Imbécil – el tono dejaba claro el desprecio que sentía por su compañero – pienso cobrar lo que es mío por derecho y dejar este ejército antes  de volverme tan idiota y supersticioso como tú y el resto… brujería? JA! Magía negra? JA! El Comandante Shing no tiene ni puta idea de cómo llevar este batallón, pienso poner su cabeza en una pica antes de irme con esas baratijas de plata.

Dicho esto, el mercenario cruzó con paso firme y decidido el umbral de la tienda y se adentró en la oscuridad de la noche. Fue lo último que sus compañeros supieron de él.

[Relato original de CrazyHorse]

Khodros

La oscuridad era eterna, inmortal, en aquella esquina del mundo. Hacía eones que luz de cualquier tipo no hollaba la inmensidad de la caverna. Si alguien, en algún momento, decidiese embarcarse en el viaje suicida que llevaba allí y portase una antorcha capaz de iluminar su extensión, la amplitud y la sensación de vacío de la hoquedad le dejaría sin aliento. No había nada allí, nunca lo había habido y sin embargo lo había todo.

Khodros despertó de su ensoñación. No era consciente de haberse dormido y, tras un instante de confusión, se dio cuenta de que en realidad nunca había dejado de caminar al frente del grupo. Sacudió la cabeza, enfocó la visión y siguió avanzando. El pasillo era largo y oscuro y ya habían caído en una emboscada unas horas antes. No volvería a ocurrir.
[Relato original de Kineas]

jueves, 30 de marzo de 2017

Kelbarn

¿Que por qué me gusta el bosque? ¡Cómo no iba a gustarme! Allí el silencio quiere decir algo, no como lo siento en la ciudad donde se hace pesado e incómodo y he de llenarlo con palabras. Mi padre siempre dice que le doy dolor de cabeza… ¡No es culpa mía! Si no pasara tanto tiempo callado yo no tendría que hablar y hablar. No me agrada preguntarme qué estará pensando, sobre todo ahora que estamos solos los dos, por eso es mejor hablar: desde que mamá se fue hay demasiado silencio. En el bosque es diferente, allí no hay que hablar, ya hablan los pájaros por ti y los consejos, los lobos y los zorros… y si callan, ay, amigo, si callan es mejor que te prepares. Para qué? Para lo que sea que venga, el silencio del bosque nunca viene solo. Allí es donde quiero vivir, lo sé desde siempre, es donde estoy a gusto, donde puedo ser verdaderamente yo. En el bosque no hablo, únicamente lo vivo. Salvo que vaya acompañado, porque hay que llenar los silencios incómodos, claro. Y hablar allí no es bueno, descubres tu posición a otros seres, pero si no hablo me angustio, y si hablo me descubro, pero si no hablo… y así continuamente. En esos momentos entro en bucle, no me gustan… También quiero vivir aventuras, muchas. Algo habrá que pueda hacer en algún sitio. Sé seguir un rastro y cazar pequeños animales y trepar. Mi vista es fantástica: puedo leer sin problema el cartel de aquella pared, el más lejano, ¿quieres probarme? ¡Venga! Que te lo leo: “Se busca mozo para aprendiz de panadero”. ¿Ves? Te dije que podría leerlo. Es bueno ser panadero, alguien tiene que cocer el pan que nos alimenta, pero no es lo mío, ¿sabes? No es una aventura. A mi padre le gustaría que hiciera algo así, no me lo dice, pero lo veo en sus ojos. Ya te digo que no habla mucho. Sin embargo, yo quiero algo más. Sé que para mí hay algo más. Cuando me vaya será un duro golpe para él, y eso me apena, pero no puedo paralizar mi futuro por su pasado. Antes de irme se lo diré, claro, aunque le dé dolor de cabeza. Tiene que saber que no me voy por él, que es algo que tengo que hacer para mí. Espero que lo entienda. A ver, que aún no me voy a ir, pero son cosas en las que tengo que pensar. Hay que tener siempre una estrategia preparada. Adelantarte a los acontecimientos. Así, cuando el bosque se queda en silencio, ya sabes qué hacer. Bueno, yo me tengo que ir ya a casa que es tarde. El tiempo pasa volando cuando uno lo pasa bien, ¿eh? No me pongas esa cara, ya sé que hablo mucho, pero oye, ¡haber dicho tu también algo! Si te quedas callado tendré que hablar yo.

Glonin

Jodido calor… ¡No podía soportarlo más! Le irritaba sobremanera; así como la tropa de desarrapados, vagos, inútiles y borrachos que tenía a su cargo. Bastardos… No había uno bueno. A la hora de entrar en batalla era como intentar manejar a una piara de cerdos borrachos. Ni los castigos físicos, ni la amenaza del batallón “Purgatorio” les espabilaba; y eso que ya había mandado a algunos allí: tanto a la enfermería como al otro batallón. Jodido calor… No es que echara de menos a su gente, para nada: panda de avariciosos, trabajadores compulsivos, rencorosos, tercos. Como él, pero sin aspiraciones. Tampoco es que Yog fuera su persona favorita, pero, ¡qué coño!, le echaba huevos a la vida. La paga era una mierda, eso sí, pero la completaba con rapiña aquí y allí. Lo que no se salvaba era la comida… Más de una vez había sentido arcadas con sólo olerla, esos días ni comía, se hacía a un lado del campamento y dejaba el vómito fluir como si más que una necesidad ineludible fuera algo que hubiera necesitado tiempo para fraguarse, cocinándose lentamente en su estómago, junto a la bilis y los jugos gástricos. Jodido calor… Ni las moscas se movían, y eso que con la cantidad de roña que les cubría deberían haber estado insoportables. Ya ni notaba el hedor que salía de sus ropas, o de las de sus compañeros, tanto se había acostumbrado a él. Al principio, cuando se sumó a la unidad, era lo primero que le había llamado la atención: como una mezcla de pis rancio, mierda, y sudor reconcentrado en la entrepierna, pero repartido por todos lados. Aún así, curiosamente, por ese olor nunca vomitó, aunque hiciera que le picaran los ojos y la garganta. En las tardes como esta pensaba en las montañas, siempre olía a árboles en las montañas. Se empezaron a escuchar gruñidos, gritos incomprensibles y golpes fuera de la tienda. Los cabrones ya estaban otra vez peleando; esperaba que en esta ocasión no fuera porque alguno de ellos había vuelto a sugerir la idea de una orgía: eso no acabó bien. Se levantó del camastro y, en gallumbos, cogió su hacha. No necesitaba nada más. Separó la tela que hacía las veces de puerta y salió al campamento. Era hora de algunos castigos ejemplares: esos siempre animaban a la tropa. Jodido calor...

lunes, 27 de marzo de 2017

(Lundasar) Resumen sesion 1

Una tarde de comienzos de otoño la vida dura y tranquila de Ámar se ve rota por el asalto repentino de un grupo de hombres armados, de procedencia e intenciones desconocidas.

Los jóvenes Lisur, Eleonora Karia, Kelbarn y Finan "Dedos Largos" se encuentran en la plaza en ese momento. Ven a los asaltantes entrar a hierro y fuego en la plaza, y aunque el anciano clérigo de Chantea, Turm, consigue derribar a uno de los jinetes y el enano herrero del pueblo lo remata en el suelo, los demas empiezan a expandirse por la plaza. Mientras deciden que acción tomar, ven a Turm caer, atravesado por dos flechas , y deciden escapar al bosque.

En el bosque, subidos a un árbol, ven a una patrulla de asaltantes a punto de embocar a dos miembros de la milicia local, y deciden intervenir, ganando la escaramuza. Después de esto, deciden ir a Sora, capital de la región.

Llegan a Sora tres dias y poco después. Allí son atendidos por "Osa", la oficial de intendencia encargada de mediar en los asuntos entre civiles y milicia. El estado les da cobijo y manutención hasta que una patrulla vuelva de investigar lo sucedido, en aproximadamente nueve dias.

En ese tiempo, cada uno aprovecha para conseguir sus propias metas:
- Lisur intenta entrar en una orden de monjes guerreros, pero le consideran demasiado mayor y ademas fracasa en un combate de prueba. Más tarde, gracias a Kelbarn y Finan, encuentra en la taberna "La Olla y el Arpa" a Maika, quien parece ser una persona con conocimientos avanzados de disciplina marcial, y accede a entrenarle.
- Eleonora intenta entrar a formar parte del clero de Pelor y, a pesar de ser rechazada en un primer momento, a traves de sus rezos recibe un sueño que le acaba por servir para ser aceptada, demostrando que su fe es verdadera. Consigue finalmente servir en un pequeño templo al noreste de Sora, dirigido por la sacerdotisa Lambia.
- Kelbarn ingresa en la milicia, sección exploradores, donde tras un tiempo de entrenamiento acaba por pasar la prueba del bosque: se despierta en un claro rodeado de arboles sin herramientas ni orientación. Tras conseguir encontrar algunas herramientas ocultas y orientarse correctamente se dirige de nuevo a Sora, pero cae en una trampa de foso. Con una puntuación satisfactoria de dos sobre tres puntos consigue entrar en el cuerpo de exploradores.
- Finan, tras varias tardes de busquedas infructuosas de gente que pudiera ser de alguna cofradía de ladrones en Sora, acaba finalmente por ser contactado por miembros de una. Tras alguna prueba de interés pasada por los pelos, es aceptado en la cofradía de las Cuatro Llaves.

Unos dias después de estos acontecimientos, llega de vuelta el grupo de reconocimiento enviado a investigar los sucesos de Ámar. Informan de que el pueblo esta quemado en más de la mitad, y de que no hay ningún superviviente. Una fosa a las afueras del pueblo, con unos 20-30 cuerpos estimado, es toda la evidencia que queda de sus habitantes.

Tras debatirlo, deciden ir a su pueblo natal a despedirse. Una vez allí, al visitar sus casas, Kelbarn encuentra un cierto desorden en la despensa, como si faltaran víveres, y Lisur descubre un pequeño y bien cerrado cofre metálico tras inspeccionar minuciosamente su hogar. En las casas de Eli y Finan, no se aprecia ningún cambio desde el dia del asalto.

Todas sus casas, situadas en el lado oeste del pueblo, se han salvado del fuego.

Se dan cuenta de que no hay cuerpos en ningún sitio, y de que la cuenta de habitantes y fallecidos no cuadra. Suponiendo que han debido de ser capturados, se disponen a buscar indicios.

jueves, 23 de marzo de 2017

K y Big Mama - Intro

- K.
- ¿Cómo?
- Ki.
- Vale.

- Bien, y ahora que por fin has pronunciado bien su nombre, ¿podemos ir al meollo? - dijo con impaciencia Big Mama, soltando pesadamente su martillo encima de la mesa. Suspiró y miró a su alrededor.

K giró la cabeza y miró por enésima vez a los casi dos metros de su compañera. Todavía no tenía muy claro por qué se le había unido en un primer momento. Quizá, pensaba, había visto en él una persona débil a la que defender. Quizá había visto en él a un paria, una persona como ella que no encajaba realmente en la sociedad de Ruan-Hem… quizá, pensó finalmente, no era una humana muy inteligente.

Notó, aun sin mirar, la mirada del tiefling, y la evitó deliberadamente. La sacaba de quicio cuando la miraba de esa forma, entre pensativo y cansado, con esos ojos negros que parecían dos pozos sin fondo. Se pasó la mano por la cabeza lentamente, notando el tacto aterciopelado del pelo que empezaba a salir de nuevo.

-¿Y bien, cariño? ¿Vas a estar mirándome toda la noche o me vas a decir que hacemos aquí hablando con este?

K se tocó el colmillo con el pulgar de la mano derecha en un gesto casual que no conseguía evitar hacer. Cerró los ojos y orientó la cabeza para volver a mirar al hombre que les impedía el acceso al establecimiento y, en un gesto casual, dejó una moneda de oro que nadie sabía muy bien de dónde había salido sobre la mesa del guardia.

-Espero que esto agilice los trámites. Nos urge un poco vender la mercancía que llevamos…

En un solo movimiento rápido y eficiente que demostraba su práctica rutinaria, el guardia hizo desaparecer la moneda sin dejar de mirarles.

-La mercancía… urgente… es bien recibida en el almacén de Garth.

Finalmente, con un ligero movimiento de cabeza, les indicó que pasaran. Mientras Big Mama recogía su martillo, masculló un “Y cuidado con los bolsillos y las costillas”, para a continuación fijar su atención en los siguientes de la fila.

-Oye K -dijo la guerrera al poco de empezar a andar- no te separes mucho de mi. Puede que haya amiguitos tuyos cerca -dijo sonriendo alegremente.

-Me encanta cuando me tratas como a un crío M.

La puerta al almacén de Garth se abrió y K comenzó a caminar detrás de Big Mama. Lo bueno de ir con la gigantesca humana, pensó, es que nadie prestaba atención al pequeño humanoide encapuchado que la seguía. Y eso, cuando una de las cofradías más poderosas de Ruan-Hem te tiene bajo el punto de mira, era una ventaja notable. Entraron.

-Eh, K, ven un momento -dijo la humana acercándose a un puesto cercano de fruta-. Deme una de esas manzanas, si, de esas, de las rojas -le indico al tendero-. Tienen una pinta cojonuda -comento, mas para si misma que para nadie. Pago la fruta y siguió andando-. Por cierto, quizas deberiamos mirar la lista que me dio el druida antes de salir. Quiere unas hierbas de no se que, importantes para un ritual de no se cuantos. Para mi que solo quiere fumar, ¿eh? -miró con socarronería a su compañero, mientras buscaba con la mano izquierda el papel por debajo de su armadura-. Ah, ese tugurio apartado del fondo parece un sitio tan bueno como cualquier otro para intentar comerciar, ¿te parece? -señaló el sitio con la cabeza, mientras distraídamente, se llevaba la manzana a la boca, dispuesta a darle un buen bocado.

-No entiendo como puedes comer esas guarradas. -dijo el tiefling distraído mientras miraba hacia donde apuntaba su compañera. -Si, eso puede servir. Parece suficiente antro como para que nos compren lo que se le cayó al noble aquél la noche aquella. Esta vez déjame hablar a mi, ¿ok? Intentemos no repetir la escenita de la taberna otra vez.

Sin esperar una respuesta, K se introdujo en el establecimiento y, esquivando los enseres que se amontonaban en pilas inestables por el suelo, se dirigió con paso decidido al dependiente.

M sonrió al recordar el incidente de la taberna. Si, fue divertido. Era una de las cosas que le gustaban de K: con el, nunca te aburrías. Ya fuera...

Súbitamente algo llamó su atención, a su espalda.

Se giro con rapidez. Nada, todo normal. Gente andando, hablando, comerciando.

Tras unos segundos, dio otro bocado a la manzana mientras echaba un último vistazo, y entró en el local.

El lugar olía un poco a moho, a papel viejo e incluso a herrumbre. Perfecto, parecía justamente el tipo de sitio que estaban buscando. Sujeto la manzana con la boca, liberando así ambas manos mientras intentaba de nuevo buscar la lista del druida.

-Nada, mierda, ni idea de donde esta... Bah, que se joda. Luego le diremos que no nos la dio, o que estaba escrita en su idioma. -dijo como pudo a K, aunque no sabía si este la escuchaba, porque parecía dirigirse ya a hablar con el comerciante.

Metro ochenta, tez oscura, hombros anchos y leve cojera. Pelo corto, negro, casi rapado, de unos 40 años de edad, barba incipiente. K le lanzó la bolsa que el mercader recogió al vuelo.

-¿Qué es esto? - preguntó mientras abría la bolsa.
-Nuestro salvoconducto. Te quedas con lo que hay dentro y a cambio le dices a tus colegas que nos dejen operar en la ciudad un par de semanas con tranquilidad.
-¿Y si me niego?
-Si te niegas me devuelves la bolsa y nos vamos - replicó K sonriendo - si te niegas y además te quieres quedar mi bolsa, mi amiga y yo tendremos una charla bastante menos amistosa contigo que esta. Y nadie quiere que eso pase, ¿verdad?

K miró por encima del hombro buscando a M. Un poco de bravuconería estaba bien, pero mejor acompañarla con algo de músculo.

Big Mama vio de soslayo a K buscándola, y discretamente se acercó a el. Tenía el gesto serio mientras esperaba una respuesta del comerciante quien, por su parte, pasaba la mirada del uno al otro, pensativo.

Conocía bien esa mirada.

K le habia pedido que le dejara hablar a el, y que no creara problemas, así que decidió ser educada.

-Escucha Joe -dijo, escupiendo algún trozo de manzana en el proceso-. Aquí mi pequeño amigo creo que te ha ofrecido un buen trato, y creo igualmente que deberías considerarlo. - M se quedó mirando fijamente al comerciante, mientras daba un último bocado a la ya casi inexistente manzana. Cuando terminó, le lanzo el resto de la manzana al tendero, la cual rebotó cómicamente contra su cabeza, antes de caer en medio de un silencio sepulcral al suelo.

Mientras veía acercarse a lo que momentos antes parecían clientes del local, pensó que quizás no había sido tan diplomática como ella pensaba.

Mientras se ponía en movimiento K maldijo para sus adentros. Sabía, sabía, que esto podría llegar a pasar si dejaba a Big Mama con autonomía suficiente. Lo que no tenía muy claro era por qué aún así la había invitado a venir con él al distrito comercial. Creía que, en el fondo, era porque disfrutaba con su presencia. Cuando M estaba por la zona siempre ocurrían cosas interesantes.

Un segundo más tarde, mientras estas ideas bullían en su cabeza y sin que nadie supiese muy bien cómo había llegado hasta allí, el cuchillo de K dejaba un hilillo de sangre en el cuello del comerciante mientras lo agarraba desde detrás por la frente.

-Dile a tus esbirros que no se muevan ni un paso más o estás muerto. -susurró K en su oído.

Cuatro, cinco… no, seis. Al menos, seis que ella viera. Había aprendido eso de K: con el, con ellos, no era tanto los que vieras, como los que no vieras. Se sorprendió al ver repentinamente a su amigo detrás del comerciante, con una daga en su cuello. ¿En que momento habia llegado ahi? Por la cara del tendero, imaginaba lo que el tiefling le estaba diciendo. En cualquier caso, era el momento de la fiesta, así que con la agilidad que da la práctica se puso al Abuelo en el brazo izquierdo, y cogió a la Abuela con la mano diestra. Lista para el baile.

-¿No ves, Joe? Tendrías que haber aceptado el trato. Mira lo que ha pasado por tu culpa -remarcó el “tu” especialmente; había que ir preparando la defensa para cuando mas adelante K la acusara injustamente por su fallido intento diplomático.
-Yo… escuchad… ¡quietos chicos! Escuchad, vosotros dos idiotas… estáis muertos… pero si dejais aqui la bolsa aun podeis vivir hasta salir de este sitio… y negociare para daros una semana… después, os reunireis con vuestro creador…

-El tiempo para negociar ha pasado… Joe. Tira la bolsa al suelo y ordena a tus hombres que hagan lo mismo con sus armas.

El falso mercader dejó caer la bolsa y K indicó con un gesto de su cabeza a Big Mama que se fuese acercando a la puerta trasera del local. K le dio un empujón a la bolsa con el pie hacia esa salida, aunque ésta quedó atascada en una pila de objetos cercana.

-M, recoge la bolsa y todo lo que necesites a la que sales por la puerta. Nos vemos en la posada en un rato. Espérame allí e intenta que nadie te siga. Si en dos horas no he vuelto vete de la ciudad ya te busco fuera. Ah, y léete ese libro que te regalé mientras esperas por favor.

La guerrera guardó de nuevo el martillo mientras se dirigía rápidamente a por la bolsa. Mientras la recogía, y de paso agarraba una caja sencilla que había cerca, no dejaba de pensar en cual era el "libro" que decía.

Estaba claro que era la señal de tirar la "pelota", pero ¿cual, la blanca o la negra? Recordaba a K diciéndole que era importante, que memorizara bien cual era para cada situación, pero no conseguía acordarse de cual tenía que lanzar ahora... blanca o negra, blanca o negra...

"A tomar por culo", pensó. Con la única mano libre que tenía, sacó el colgante que llevaba al cuello, arrancó las dos esferas del tamaño de una ciruela que tenía, y se dispuso a lanzarlas.

- Erm... ¡Biblioteca! -la verdad, no era un gran aviso, pero con la tensión del momento no se le ocurrió nada mejor.

Lanzó las dos pelotas al centro del local, y se protegió tras el escudo. De inmediato, dos sonidos como dos pequeñas deflagraciones indicaron que se habían roto. De donde había caído la esfera blanca surgió un destello de luz cegadora que deslumbró a todos aquellos que no se protegieron adecuadamente, mientras que de los restos de esfera negra empezó a salir un humo gris que fue cubriendo la estancia.

Big Mama se dirigió a la salida, cargada con la bolsa y el cofre pequeño, pero justo antes de traspasar el umbral se detuvo, miró atrás, y volvió unos pasos hasta donde estaba uno de los esbirros frotándose los ojos. Aspirando profundamente, concentró su fuerza en un único puñetazo a la cabeza que encontró, y derribó, a su objetivo.

Riéndose todo lo bajito que podía, se volvió y desapareció por la puerta trasera.

La esfera de humo cubrió la escena mientras fuera de ésta la luz brilló cegadora durante un segundo dejando a quien se encontraba en su radio de acción incapacitado. Cubierto por gas, K y el hombre al que habían ido a ver continuaban exactamente en la misma posición que antes de las explosiones.

-Bonito tatuaje el de tu nuca - susurró K - no sabía que las dagas tuviesen gente en esta ciudad pero eso explica muchas cosas. -el tiefling hizo una pausa de un segundo mientras sopesaba sus opciones

- Dale saludos a Osco.

K abrió una segunda boca en el cuello del falso mercader y, dando un paso atrás para evitar salpicarse de sangre, palpó la pared detrás de él. Siempre memorizaba la ruta óptima hacia la salida en previsión de que algo de esto pasara. Era un hábito que le había resultado muy útil en infinidad de ocasiones.

Cuando llegó a ella, ya fuera del humo, vio como Big Mama se había dado la vuelta y se entretenía juguetona golpeando a un pobre diablo ciego en la cabeza con toda la fuerza de su musculoso brazo.

-Sólo por estas pequeñas tonterías merece la pena ir con ella - pensó sonriendo.

Salió al exterior rápidamente. Quería llegar antes que ella a la posada, recoger las cosas y preparar el petate. M podría no ser muy femenina, pero como a toda mujer le costaba mucho salir a tiempo de casa.

Y hoy tenían prisa, mucha, mucha prisa.

Mordu (y el señor Ojitostiernos)


No era la primera vez que le pasaba, pero claro, tampoco era tan habitual. O quizas sí. No lo tenía claro, a veces le costaba recordar ese tipo de cosas. En cualquier caso, encontrarte a ti mismo ahorcado no era de esas cosas normales que a uno le pasan durante el dia, como bostezar, orinar u ordenar a un manchado dar vueltas alrededor del campamento tapado sólo por su casco mientras cacarea y grita "soy un pollito traviesito que va a portarse hoy mejor". No, ni hablar. Esto era algo más parecido a aquella vez, ya no recordaba muy bien cuando o con quien, en que un amigo suyo había intentado coger una carta de un muerto, pero el muerto le había agarrado la mano antes. Luego, para cuando él llego, el muerto ya habia muerto. Esto le puso un poco triste. Morir una vez estaba mal. Morir dos, muy mal. O aquella otra vez, lejos de alli, en que tuvo que destruir a unos habitantes de una casa. No estaba muy bien, pero claro, necesitaban la casa, y además eran muertos vivientes. Acabo todo hecho un desastre. Por suerte luego el fuego...

- ¡Por las barbas de mis ancestros - exclamó Glonin - que pesado eres! ¿No podrías callarte un poco?
- Desde que salimos del pueblo lleva hablando, no para. Puedo sentir, sin necesidad de concentrarme, el hastío de su caballo - dijo Ailen, mirando a la montura de Mordu.
- Al menos cuando habla en murmullos es más silencioso -comentó Nym con voz aguda-. Aunque esa risilla que se le escapa de vez en cuando me pone nerviosa...
- Y a veces me toca - aportó Shing -. Y no me gusta que me toquen - añadió, en voz baja.

¿Preparados?

-¿Por fin estás lista?
-Si Fenec.
-¿Del todo o como la última vez?
-Del todo Fenec.
-¿Llevas agua?
-Llevo agua Fenec.
-¿Seguro? Comprobé tu cantimplora hace un rato y estaba casi vacía. ¿La has rellenado?
-Llevo agua Fenec.
-¿Y comida? ¿Has guardado los útiles? ¿Has recogido todo y lo has guardado bien?
-Si a todo Fenec.
-Bien, vámonos. Kodrhos hace un rato que ha salido. Adelantate, voy a buscar al resto. ¡Eh Shirgol, Rolgh, ya podemos irnos!
-¡Por fin! ¿Ya ha terminado? ¡Casi me da tiempo a mudar de piel!
-...
-Es gracioso porque los dracónidos no mudamos de piel.
-Ah, si. Bien. Sí, ya se ha puesto en marcha, por allí va. Espera... ¿Y ahora se pone a sacar un trapo y agua para limpiar el arpa? Es increíble, que inconsciente es, tirando así su agua. En mi arboaldea teníamos un dicho de los sabios que decía...
-Bueno, no esta tirando SU agua -apuntó Shirgol.
-¿Qué?
-Ni lo has visto, ¿verdad? - preguntó Rolgh.
-¿Espera qué...? Espera, ¿QUÉ? ¡Eh! ¡Eh! ¡Tu, mediana ladrona! ¡Eh! ¡Deja de tirar MI agua en ese trapo mugriento! ¡Oye!
-Mmm... -murmuró Shirgol- ¿En ese trapo mugriento...? Eso tampoco lo ha visto, ¿verdad?

Del épico encuentro con mágicas criaturas

El joven humano se detuvo frente a la puerta del local. Dentro se oían, entre breves momentos de silencio, gritos, risas, aplausos y golpes de jarras y puños contra madera. Abrió la puerta, y un aire húmedo cargado de olor a sudor y cerveza le envolvió. Tan asfixiante, tan familiar.
No fue difícil encontrarla, al fondo de la brumosa taberna, subida en una mesa, gesticulando ampliamente mientras relataba algo, capturando la atención de su audiencia, haciéndola suya. Sus ojos se cruzaron, y supo que ella le había reconocido, aun cuando no hubo ningún gesto externo. Sentándose en una destartalada silla junto a la entrada, se dispuso a disfrutar del espectáculo.
- Así que tu eres esa gran barda de la que desde hace poco solo se escucha hablar, pequeña... - masculló para si mismo.
No pudo seguir oyendo su propia voz, ya que en ese momento la multitud estalló en vítores y aprobaciones. Desde un lugar indeterminado, alguien gritó "¡Eres un cabrón con suerte Olk, si la barda no te hubiera dormido te habrías cagado tanto cuando llegaras delante de aquellos renegados que no te habrías librado del olor en tu vida!" La multitud aprobó la interrupción con más risas y golpes en las mesas.
- ¡Calla hijo del desierto! ¡Olk demostró el valor de un héroe! ¡Según les vio, sin dudar un instante ni preocuparse por su propia integridad, cargó contra aquel grupo de ocho indeseables! - respondió la barda, señalando a un hombre mayor, algo estropeado, que refulgía de orgullo a un par de mesas de distancia.
- ¡Cántanos la Canción del Bardo! - pidió uno.
- ¡Cuenta otra vez lo de los dragones! - gritó otro.
- ¡Conseguiréis secar la saliva de mi boca, perros Isahianos! ¡Esta bien, una última vez! - Sirena enmudeció, hasta que la algarabía general hizo lo propio. Entonces, empezó a relatar.

"Era una noche de luna creciente, tranquila. Mi valiente compañero draconiano hacía guardia cuando escuchó un sonido ominoso, terrible, el sonido de la misma muerte: aquel que dos pares de alas enormes descendiendo en la obscuridad insondable de la noche producen... Entonces, aterrizando sobre los restos de las semiderruídas casas del refugio, pudo ver, a la luz de la pálida luna, sendos dragones, majestuosos, solemnes, mortales. Los pocos rayos de luna que, valientes, se atrevían a pasar entre las nubes para iluminarles, arrancaban reflejos verde jade de sus cabezas alzadas, mientras ellos buscaban en el frío aire nocturno a la que sería su siguiente víctima... Sigiloso, nuestro vigía se acercó a mi para despertarme, aunque yo ya me encontraba despierta y alerta, pues los años de aventuras te enseñan a dormir con una mano bajo la almohada, y la otra sobre la daga. Entonces, reuniendo a estos mis bizarros compañeros que ya conocéis (ese el fuerte enano, aquel el sabio hombre de la naturaleza, este el feroz gladiador y allí el poderoso draconiano)..."

De repente, se sintieron, mas que se oyeron, tres pequeñas explosiones de humo negro justo detrás de la mesa en la que se encontraba subida la mediana. Inmediatamente, los miembros del grupo antes mencionado por la barda se levantaron y, desenfundando sus armas, cerraron filas en torno suyo. Ella sin embargo, sin mostrar el mas mínimo temor, les murmuró algo que no pudo ser escuchado, y se adelantó a donde las brumas oscuras empezaban a revelar lo que parecían figuras humanoides.
Tras unos segundos, una de las figuras quedó libre completamente de sombras, mientras en las otras solo podían verse, entre remolinos de sombra obscura, unos ojos, brillantes como estrellas blancas en una noche negra. El hombre, musculoso, desnudo de torso para arriba, y con un tatuaje en el pecho (reconoció la luna y la daga que lo identificaban como miembro de la "Cofradía de las dagas"), sostenía algo en la mano, en una actitud solemne.
Entonces, el hombre de la Cofradía, poniendo una rodilla en el suelo para ponerse al nivel de su interlocutora, le tendió la mano, revelando un objeto en su interior.
- En nombre de la Cofradía de las Dagas, te nombramos, barda Sirena, miembro de honor de nuestra hermandad. Acepta este colgante como muestra de nuestra amistad. - extendió la mano y mostró un collar brillante, con el mismo símbolo que llevaba tatuado en el pecho grabado en una medalla.
La mediana sonrió. Agarrando al hombre del cuello le besó y, acercándose a su oído...

- Tu... mmmyo... hacer... mcosas divertidasm... jijiji... - se oían unos murmullos apagados provenientes de un rincón de la choza.
- Ya es hora de salir. Si no la despiertas tu le tiro su ración de agua en la cara. - le gruño Kodhros a Fenec, mientras terminaba de tragar lo que le quedaba de desayuno.
Asintiendo, Fenec se acerco al pequeño ovillo de ropa murmurante.
- Despierta, mi buena Sirena, es hora de recoger e irnos.
- ¿Ya es mediodía, mi buen hombre-arbol...? - pregunto entre bostezos la mediana.
- Me temo que no, apenas despunta el alba. Tengo curiosidad: te movías mucho, y de vez en cuando soltabas alguna risilla. ¿Que tal han sido tus sueños?
- Dulces, hombre-arbol. Mis sueños siempre son dulces - respondió ella, sonriendo abiertamente.

Sirena - Intro

- "...y de aquesta forma, tras presentarse ante su petrificada madre, igual que previamente habíase encontrado delante de la tumba simbólica de su padre, le juró en solemnes terminos que por su honor y su amor a su familia y su noble legado encontraría el vial o hechizo que desfaciera los problemas del suyo reino, acabando con el mal del carnenpiedra, o bien, fallando en el riesgoso intento, no volvería, pudiendo esto solamente significar su fallecimiento en el transcurso de esta su gloriosa, aunque triste, gesta." Y por eso esta por aquí, ahora. - terminó Rastir.
- ¿Eso te dijo? ¿Y con esas palabras?
- Como te cuento Drom, ¡Por las aguas del Saha, que nunca se desborde ni se seque, que tenemos a una heredera de un reino entero como guardiana de la caravana! ¡Qué te parece! Y según he oido también es una poderosa hechicera...
- Hmm... - murmuró Drom por toda respuesta.
- ¿Qué pasa, no te parece increíble?
- A mi no me contó exactamente eso... me dijo que sus padres habían sido ambos convertidos en piedra, si, pero no que fueran reyes, sino nobles de baja talla, y que esto fue el resultado de unos conjuros lanzados por peligrosos demonios en el lejano norte, de donde dijo que se hacían objetos prodigiosos de un material único, conocido como "especia", o "esencia", o algo así. Me dijo que ella llego a tener una daga hecha de este increíble material, irrompible y siempre afilada.
- ¡Tengo que pedirla que me la enseñe!
- Dudo que pueda, según me conto la perdió batallando contra esos demonios en su huída al sur.
- Oh, me habría encantado verla. Un arma de esas caracteristicas debe ser única, se me escapa de la mente su posible precio...
- Eh, Restir, Drom, ¿Hablais de la espada con la que me conto la halfling que fue capaz de enfrentarse a un dragón, y hacerlo huir? ¡Increíble! Una pena que se quedara clavada hasta la empuñadura en su coraza de escamas, ¿eh? ¡Esa chica es alucinante! - exclamó, señalando a una mediana comodamente sentada en la parte trasera de un carromato.
- Sander, ¿Por qué va subida al carro en vez de en camello como el resto? - preguntó Drom.
- Ah, la pobre me dijo que estaba muy cansada, y que le empezaba a doler la rodilla por la posición, dice que desde que tuvo que estar corriendo durante tres días para escapar de un Titán, no ha vuelto a funcionar igual...
- ¿De un titán...? - preguntó Drom.
- ¿¡De un Titán!? - exclamó Rastir.
- ¡¡De un TITÁN!! - proclamó Sander.
Los tres mercaderes se quedaron mirando a la barda, quien tranquilamente parecía ir afinando las cuerdas de su arpa. En algún momento se dió cuenta de que la observaban y afablemente les saludo, guiñando un ojo a Drom en el proceso. Después, siguió tranquilamente tañendo una serena melodía de arpa, atenta sólo a sus cuerdas.
- De todas formas, lo del titán, no me lo creo. - murmuró Drom para sus adentros.

De como el portal fue encontrado

“Se aproximaron cautelosamente al agujero. A través de él una habitación era visible. El efecto del campo del portal creaba curiosas ondulaciones en el suelo de piedra que veían, similares a las juguetonas luces que bailan en el fondo de un estanque.

- ¡Un portal! - exclamó asustada Taake.
- Mmm, un portal - masculló a su vez Solfi, uraño y desconfiado.
- Un portal, sí, amigos, pero, ¿adonde? - dijo Nurald acercándose el borde, sonriente y jovial, el viento besando dulcemente sus cabellos cobrizos - Os diré adonde: ¡a la aventura! - se giró, sonriendo cálidamente - ¡Vamos amigos, la leyenda que estamos a punto de forjar nos espera! ¡Saltemos! ¡Los bardos cantarán nuestra historia! - dijo, y saltó intrépidamente al portal, en busca de los desconocido e inesperado.”

- Espera, espera, ¿cómo que “exclamó asustada Taake”? ¡Yo no estaba asustada!
- ¿Y como que “masculló Solfi, uraño y desconfiado”? ¡Yo no me llamo Solfi! ¡Mi nombre es Solstafir, y ha pertenecido a mi clan durante más generaciones que años tienes tu, patético Contador de Historias!
- ¡Oh, vamos amigos, son pequeñas licencias artísticas, toda gran leyenda tiene las suyas!
- Si no hubiéramos cruzado ese portal, mi forja aún estaría en pie...
- Por no mencionar el dinero perdido... ¡Casi puedo oír los gritos de mis parientes a través del velo, maldiciéndome por confiar en vosotros! ¡Se supone que debemos reunir dinero para conseguir un ejército, no perderlo en tabernas de otros planos!
- Bueno, bueno, ¡pensad en la gran gesta que acabamos de comenzar! Acabamos de empezar algo grande, ¡los bardos...
- ...cantarán nuestra historia. - terminaron a dúo Taake y Solstafir.
- Siempre que dice eso, pasa algo malo... - dijo Taake, suspirando.
- Mmm - gruñó Solstafir.

Mostrar texto citado
De como el portal fue encontrado

“Se aproximaron cautelosamente al agujero. A través de él una habitación era visible. El efecto del campo del portal creaba curiosas ondulaciones en el suelo de piedra que veían, similares a las juguetonas luces que bailan en el fondo de un estanque.

- ¡Un portal! - exclamó asustada Taake.
- Mmm, un portal - masculló a su vez Solfi, uraño y desconfiado.
- Un portal, sí, amigos, pero, ¿adonde? - dijo Nurald acercándose el borde, sonriente y jovial, el viento besando dulcemente sus cabellos cobrizos - Os diré adonde: ¡a la aventura! - se giró, sonriendo cálidamente - ¡Vamos amigos, la leyenda que estamos a punto de forjar nos espera! ¡Saltemos! ¡Los bardos cantarán nuestra historia! - dijo, y saltó intrépidamente al portal, en busca de los desconocido e inesperado.”

- Espera, espera, ¿cómo que “exclamó asustada Taake”? ¡Yo no estaba asustada!
- ¿Y como que “masculló Solfi, uraño y desconfiado”? ¡Yo no me llamo Solfi! ¡Mi nombre es Solstafir, y ha pertenecido a mi clan durante más generaciones que años tienes tu, patético Contador de Historias!
- ¡Oh, vamos amigos, son pequeñas licencias artísticas, toda gran leyenda tiene las suyas!
- Si no hubiéramos cruzado ese portal, mi forja aún estaría en pie...
- Por no mencionar el dinero perdido... ¡Casi puedo oír los gritos de mis parientes a través del velo, maldiciéndome por confiar en vosotros! ¡Se supone que debemos reunir dinero para conseguir un ejército, no perderlo en tabernas de otros planos!
- Bueno, bueno, ¡pensad en la gran gesta que acabamos de comenzar! Acabamos de empezar algo grande, ¡los bardos...
- ...cantarán nuestra historia. - terminaron a dúo Taake y Solstafir.
- Siempre que dice eso, pasa algo malo... - dijo Taake, suspirando.
- Mmm - gruñó Solstafir.

Nurald - Intro

White Town. Ese es el pueblo donde nací, crecí y maduré. Al menos creo que nací allí. Mi muy reservado padre nunca fue demasiado explícito con respecto a donde o de quien nacimos yo y mis dos hermanos, aunque creo que podemos adivinar la raza de nuestra progenitora con bastante certeza, ¿verdad? Sea donde fuere, hace 28 años regalé mi primer canto al mundo, aún cuando este fuese en forma de llanto no muy armonioso.

Mi infancia y adolescencia en White Town no tuvo nada especialmente extraordinario, aunque tengo que admitir que solía sentirme un poco solo en ocasiones. Estos momentos fueron haciéndose cada vez más habituales, hasta que tomé la decisión de terminar mi etapa allí, y comenzar mi propia historia. Salí de allí sin rumbo fijo, aunque creo que interiormente la idea de encontrar almas afines me guiaba, por lo que quizás no sea tan extraño que acabara en una comunidad nómada de elfos del bosque, entre quienes estaba el que sería mi maestro durante años, Haru Voz de Plata, el Contador de Historias de la comunidad.

Nunca había considerado ser bardo, a pesar de que siempre había destacado en las artes y el canto (logro no demasiado meritorio creciendo en un pueblo de mineros), pero Haru vio potencial en mi. No te aburriré con detalles de las interminables horas de prácticas, las distintas disciplinas que tuve que aprender, las frustraciones, la alegrías que me deparó aquella etapa. Fue, como se suele decir, un guiso de todos esos ingredientes, y aún alguno más. El caso es que todo acto tiene un final, y el de este llegaba. Un día mi maestro me dijo que nuestro caminos se separaban, él ya había despertado y avivado mi llama todo lo que podía, y el momento había llegado de alimentarla yo mismo. Después de todo, sólo puede haber un Contador de Historias por comunidad. Como regalo final, me dijo que me regalaría el instrumento que yo quisiera de aquellos con los que él me había enseñado. La elegante flauta travesera, recuerdo, fue mi elección. La rama que peor dominaba mi maestro, bien lo sabía. Inconsciente, o conscientemente, creo que la escogí como desafío; “seré mejor que tu en aquello que no has podido dominar”. La soberbia, curioso como nos mueve a veces.

Después de aquello vague por aquí y por allá, busqué canciones, busqué historias, y, sobre todo, busqué dinero con el que pagar comida, alojamiento y algún que otro lujo ocasional. Pero hace poco volví a establecer contacto con una vieja amiga de mis primeros tiempos, y he decidido volver para visitar las tierras que me vieron crecer, y a los que crecieron conmigo. Curiosidad, supongo. Aunque ya sabes lo que dicen, la curiosidad mató al gato, así que habrá que tener cuidado.

Bueno, ya estoy listo. Ahora tengo que irme, dentro de poco amanecerá, y tengo mucho camino por recorrer. Siento no poder llevarte conmigo como te prometí anoche, pero viajo mejor solo, y además, te hago un favor: la vida del camino no es tan divertida como pueda parecer. Te dejaría algo de dinero, pero parecería que estoy insinuando que eres una simple prostituta, aparte que creo que ambos nos podemos considerar muy satisfechos con los tratos que hemos hecho esta noche. Al menos la habitación está pagada, y te despertarás muy descansada después de un sueño bien profundo y reparador; es el efecto que tiene el té de las raíces sombra cuando no estás acostumbrado.

Adiós, preciosa, y que tus dioses te cuiden.

Ailen Reynar

Ya han pasado un par de días desde que regresé por mi 300 cumpleaños. La verdad es que me siento extraño entre mi propia gente, después de haber vagado durante casi diez años por llanuras y montañas. Realmente no quería volver... pero el águila dejó claro su mensaje aquella noche cuando me encontró... Tenía que regresar: Había llegado el momento. Cuando entré en el Círculo (hace más de 200 años), el gran maestro Erendur, en mi ceremonia de iniciación, lo leyó en las estrellas: En el día señalado, yo sería el elegido para guiar al Círculo en su camino a la salvación. Jamás pensé que llegaría ese día, pero en los últimos tiempos han ocurrido nefastos acontecimientos que nos han llevado al extremo de unirnos con otros batallones humanos (humanos!!!) para defender nuestros intereses comunes. El mal está cerca, muy cerca, y debemos permanecer unidos contra nuestro último enemigo... Me llaman a la puerta. Ya está todo preparado. Es hora de partir. Que la madre Tierra me guíe... Ailen Reynar

Batallón de castigo "Purgatorio"

------------------------------------------------------------------------------------------------------- Informe: 001382. Asunto: Detalle de estructura, batallón de castigo "Purgatorio". ------------------------------------------------------------------------------------------------------- El "Pulgatorio", como se conoce popularmente al batallón, es el lugar de destino, temporal o definitivo, de toda aquella tropa que se juzgue culpable de los delitos de desobediencia, cobardía o crimen de sangre no mortal. La pertenencia a este grupo supone pues, en principio, un deshonor, y solo reparando la falta cometida (algo que juzga un tribunal compuesto por los líderes de los batallones) se puede conseguir un nuevo destino. Las tareas normalmente encomendadas a este batallón van desde las más desagradables, como la recogida y enterramiento de cadaveres del campo de batalla, a las menos deseadas, como misiones de diversion, entretenimiento durante retiradas y, en ocasiones, tropas "ariete". En general las tareas mas degradantes, o las misiones con baja expectativa de retorno que no requieran tropas especializadas, se les suelen asignar a este batallón. El batallón esta formado de la siguiente manera: Líder de batallón 2 capitanes 4 comandantes 8 grupos de 6 soldados cada uno Cada capitán controla dos comandantes, quienes a su vez dirigen las acciones de 2 grupos cada uno. Cada grupo esta formado por 6 soldados, comandados por un sargento. La estructura de cada grupo es la que sigue: Sargento Cabo Abanderado Rasos (3) El cabo, segundo al mando, toma el control del grupo en caso de incapacidad del sargento. El abanderado (o "pato" como se les llama en el batallón) es un soldado raso al que se le concede el honor (o deshonor, según el grupo) de portar la insignia del grupo y mediante movimientos de la bandera da a conocer tanto al propio grupo como al resto las acciones que se van a realizar (mantener la posición, retirada, carga...) Actualmente, los grupos activos son: 0, 1, 3, 7, 14, 28, 42, 126. En el batallón "Purgatorio" no todos los grupos son iguales, o gozan de la misma consideracion. Algunos tienen algunas particularidades que llegan incluso a afectar al tiempo de permanencia en el batallón. Grupo 0 (popularmente "Los Ceros") En el grupo 0 están los condenados por cobardía en el campo de batalla. Son los peor considerados de todos. La particularidad de este grupo viene dada porque no basta con expiar la pena en este grupo, sino que de aquí se pasa a algún otro grupo de este mismo batallón, en el que de nuevo habrá que demostrar la valía para poder salir y solicitar un nuevo destino. Se les dan las tareas más desagradables, y ser el abanderado se considera, a menudo, una verguenza. Grupo 3 (pop. "Los Niños Bonitos") En el grupo 3 (de los pocos grupos que nunca han sido rehechos, junto con el 1 y el 7) es en el que están los mejores soldados del batallón. Tienen la mejor consideración, son orgullosos y algunos de sus miembros a veces han elegido voluntariamente permanecer en el batallón (aunque es raro). Grupo 14 (pop. "Las chicas") Aunque las mujeres condenadas pueden estar en cualquier grupo, generalmente se las junta en este grupo. Suelen ser especialmente agresivas. Grupo 126 (pop. "Los muertos") En este grupo están los más suicidas, inconscientes o temerarios de todo el batallón. Ha tenido que ser rehecho en numerosas ocasiones, ya que no es raro que todos sus efectivos caigan en combate. Grupos 1, 7, 28 y 42 (pop. "Los grises/ Los manchados") Estos grupos forman un conglomerado de gente de todos los tipos y personalidades. A los del grupo 1 les gusta sacar pecho e insisten en ser los segundos Niños Bonitos, aunque nadie les hace especial caso. Desde hace unos pocos años, el batallón está comandado por el líder de batallón Mordu, de quien se dice que o es un maestro controlador de intrigas, o un imbécil con mucha suerte para esquivar los cuchillos. ------------------------------------------------------------------------------------------------------- Fin del informe. -------------------------------------------------------------------------------------------------------

Comandante Shing

..por las putas nalgas de Isaha, Jonas! te digo que sé lo que vi!


La blasfemia fue como una bofetada para todos los presentes en la tienda del batallón, se hizo un silencio incómodo mientras los mercenarios se cruzaban miradas nerviosas.

¡Baja la voz Tragasapos!, me da igual lo que creas que has visto!. En las últimas dos estaciones hemos estado persiguiendo a esas ratas cruzando el desierto de una punta a otra del jodido Reino, tengo los huevos tan sudados  de este jodido calor que podría cenar sopa tres lunas ardientes y aún podría invitaros a todos a una taza, no hemos recibido la paga en dos reemplazos y de verdad quieres me crea esa absurda historia de brujería?.

Jonas, por favor escúchame, sólo escúchame – sus ojos imploraban comprensión – hice todo lo que me has pedido, fui a la tienda del Comandante, me escabullí entre sus guardias aprovechando que la Luna es joven y accedí al arcón donde están las reliquias que saqueamos del templo hace tres noches…  –su mandíbula empieza a temblar – … entonces… entonces, lo ví, me miraba.. ME MIRABA! Pero no tenía ojos! Sólo unas malditas cuencas vacías, pero sé que me miraba! Estaba flotando en el aire, no había cuello ni cuerpo ni carne que cubriera ese cráneo vacío, - en ese punto su esfínter dijo basta  y un festival comenzó  a descender por su pierna – Jonaaas  JONAS por favor no me dejes aquí, no lo intentes de nuevo, sólo terminemos el contrato y no volvamos por estas tierras….

Imbécil – el tono dejaba claro el desprecio que sentía por su compañero – pienso cobrar lo que es mío por derecho y dejar este ejército antes  de volverme tan idiota y supersticioso como tú y el resto… brujería? JA! Magía negra? JA! El Comandante Shing no tiene ni puta idea de cómo llevar este batallón, pienso poner su cabeza en una pica antes de irme con esas baratijas de plata.

Dicho esto, el mercenario cruzó con paso firme y decidido el umbral de la tienda y se adentró en la oscuridad de la noche. Fue lo último que sus compañeros supieron de él.

(Eperium) Historia de una moneda

-Entonces, tu preguntas con tu habitual galantería lagartoniana al mesonero acerca de ese tal Capitán Istrad... -comentaba medio distraída S...